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Lunes , 22.04.2019 / 10:08 Hoy

Televisión "indie" para adolescentes incomprendidos

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Daniel Herrera

@puratolvanera

Vi completa The End of the F**ing World durante la mañana en que falté al trabajo por culpa de una gripa de esas. Así, en medio de mocos y tos acompañé a los protagonistas James y Alyssa por su vertiginoso viaje por el campo y los suburbios ingleses en un intento por alejarse de quienes eran y entender en qué se estaban convirtiendo.

Tal vez la fiebre esté escribiendo por mí, pero la serie sobresale entre la mediocridad que Netflix suele ofrecernos. Por otro lado, eso tampoco es tan complicado. Tal vez esto es resultado de que la serie es inglesa y que está basada en el cómic del mismo nombre creado por Charles Forsman.

La historia es la siguiente: dos adolescentes se conocen en la escuela, él afirma ser un sicópata, le gusta matar animales y está decidido a dar el siguiente paso: asesinar. Ella, una chica llena de ira que se siente ignorada y despreciada por su madre, acosada por su padrastro y fuera de lugar en el mundo. En un micromundo de adolescentes obsesionados con sus celulares, era imposible que no se conocieran.

La idea es oscuramente atractiva, él finge ser su novio para, en el momento ideal, asesinarla. Ella no lo sabe, pero se convierte en el motor de la relación. Toma casi siempre las decisiones y se convierte en la figura principal de la serie.

El camino para el delito es rápido cuando tienes 17 y ningún billete en el bolsillo. Los adolescentes comienzan escapándose de un restaurante para no pagar la cuenta hasta llegar al asesinato, porque sí, hay un muerto en la historia y esto no es un spoiler. Era algo inevitable. Así, con el cuerpo rebosando de fiebre, pensé que la escena del asesinato era absolutamente hermosa, desde las razones para matar hasta la forma de filmarlo. No supe si los escalofríos eran por culpa de la enfermedad o si estaba teniendo una experiencia estética.

Por otro lado, a pesar de que la enfermedad me tenía dominado, pude observar problemas en la narrativa. Quizá porque esta adaptación tuvo que llenar una serie de huecos que existen en el cómic y además crear una historia atractiva tanto para adolescentes como para adultos. Algo que es admirable, pero que muchas veces termina sacrificando la calidad de la obra.

Al tener que incluir a un montón de personajes para hacer creíble las aventuras de los adolescentes dispersa la atención principal sobre James y Alyssa. Era imposible no agregar a varios adultos, primero porque no se podía sacrificar la veracidad y segundo porque hay un mensaje detrás de la historia: los verdaderos culpables de todo son los adultos, aunque los adolescentes no se quedan atrás. Es, en sí, una historia de iniciación a la vida adulta y, como ya sabemos, es una mierda.

La crítica que puedo ejercer, ahora que la fiebre ha desaparecido y solo me quedan una nariz moquienta y la garganta irritada, es que los ocho capítulos de casi 20 minutos cada uno se pudieron sintetizar en tres capítulos de 45 minutos cada uno, o máximo una película de dos horas.

El ambiente indie y millennial y la enorme selección musical no son suficiente excusa para las loas y fanfarrias que he leído en la red. Como siempre, cada vez que Netflix sube alguna serie o película promocionada como la gran próxima revolución televisiva, la marea de admiración pronto disminuye y deja en la playa toda la basura digital que nos intentan vender como la tercera época dorada de la tele. Pienso que este momento histórico está en sus últimos estertores. Se me llamará fundamentalista, pero es de verdad complicado alcanzar las series que cambiaron la tele y que, al parecer, llevaron al límite la trascendencia del medio.

Más allá de los defectos, la serie tiene una gran cualidad: dura poco. Incluso pudo durar menos y estaríamos frente a una mejor historia.

También son simpáticos Jessica Barden y Alex Lawther, quienes interpretan a unos protagonistas no tan agraciados, incluso un poco defectuosos. La selección fue acertada, porque siempre es mejor observar a personas común y corrientes hundirse en el fango, que a modelos de absoluta perfección. Esto produce una sensación de realismo mucho más atractivo.

Por otro lado, el cómic de Charles Forsman no es de verdad tan bueno y creo que la serie ha elevado la historia. Los aplausos son para la escritora Charlie Covell, quien hizo una adaptación en donde el protagonismo recae por completo en el personaje femenino y donde los débiles terminan enfrentando a los poderosos a pesar de que saben que fracasarán.

Que nadie se deje engañar, esto es entretenimiento de calidad con algunos momentos que alcanzan la categoría de arte. La gripa no me dejó tan dañado como para engañarme y creer que estaba ante una obra maestra.

Sólo espero que esto quede aquí y la cordura reine sobre la avaricia para que no se realice una segunda temporada. No todo debe tener una segunda parte, ojalá pronto lo entendamos.

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