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Martes , 19.03.2019 / 17:37 Hoy

Super-Bono y la Liga (roquera) de la Justicia

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Hugo García Michel

¿Cuál extraño mosco les pica a algunos roqueros, a quienes de pronto les da por convertirse en adalides de la justicia o en promotores de las causas mejor señaladas por la corrección política del momento? ¿De dónde les nace transformarse en voceros del pópolo, en campeones del lucha-lucha-lucha-no-dejes-de-luchar, en líderes de la llamada sociedad civil y vanguardistas chic del progresismo más trendy?

El pionero de esta tendencia fue John Lennon, quien junto con su mujer, la controvertida artista plástica Yoko Ono, lanzó campañas pacifistas como la cama de la paz o el lema Give peace a chance. Sin embargo, a nivel más globalifílico, fueron el ex Boomtown Rats Bob Geldof y los organizadores de aquel hoy mítico festival que fue el Live Aid de 1985 quienes arrancaron con la idea de convertir a las superestrellas del rock y el pop en combatientes justicieros contra fenómenos como el hambre en África, la caza de focas y ballenas o la destrucción de la selva amazónica. De ese modo, músicos como el propio Geldof, Sting, Peter Gabriel y, last but not least, el cantante de U2, Paul Hewson, mejor conocido como Bono, saltaron a la palestra de las buenas causas y comenzaron a actuar ya no solo en los escenarios musicales, sino también en los más diversos foros políticos y sociales.

Los años transcurrieron y la mayoría de aquellos paladines fue regresando a sus tareas artísticas. No así Bono, a quien le gustó su nuevo rol y prosiguió con su misión de campeador. De ese modo, empezó a codearse con jefes de Estado, grandes empresarios multinacionales, altos prelados religiosos, importantes dirigentes sociales, gente de Hollywood y demás miembros de la élite mundial.

Muchísima gente vio en el cantante irlandés a un sincero, desinteresado y entusiasta caudillo, un tipo carismático y bien intencionado sobre el que no cabía la menor suspicacia. No fue el caso del periodista dublinense Harry Browne, quien dudó de las virtudes altruistas de su célebre paisano y decidió investigarlo a fondo, fruto de lo cual es el libro Bono: en el nombre del poder, editado recientemente en español por Sexto Piso.

Exhaustiva investigación periodística que revela el lado desconocido y un tanto oscuro del cantante más allá de la celebridad (por ejemplo, cómo una red de empresas al servicio de U2 logró declarar pérdidas luego de una de las giras más exitosas del cuarteto o cómo es que Bono no tiene empacho en hacer anuncios comerciales para empresas como Louis Vuitton o Apple, que están entre las responsables de la devastación ecológica del continente africano).

A lo largo de más de 250 páginas, Browne (quien ha trabajado para The Irish Times, The Sunday Times, The Irish Daily Mail, The Evening Herald y The Sunday Business Post, además de ser profesor de periodismo en Dublín, activista antimilitarista y miembro del prestigiado Irish Critical Studies Group) documenta con profusión y detalle muchísimos hechos, datos y anécdotas en las que Bono se ve involucrado con gente que va de Bill Clinton a Jesse Helms, pasando por Tony Blair, George Bush, Condoleezza Rice, Steve Jobs y Bill Gates, entre muchos otros personajes.

Dice al autor, en una parte del libro: “Como figura pública, Bono puede ser difícil de clasificar, dado que actúa en múltiples registros, incluso para los estándares de nuestra cultura de la celebridad, ajena a limitaciones y fronteras: un día, a lo que parece, leemos que se ha reunido con los líderes del G8; al siguiente que anda enzarzado con su ex peluquero en los tribunales, para recuperar un sombrero; por la mañana te vende un iPod y, por la noche, su versión del proceso de paz en Irlanda”.

Y más adelante: “Durante casi tres décadas... y especialmente en este siglo, Bono ha estado con mucha frecuencia amplificando los discursos de la élite, promoviendo soluciones ineficaces, defendiendo de forma paternalista a los pobres y besando el culo a los ricos y poderosos”.

¿Tendencioso? ¿Demasiado parcial? ¿Visceral en extremo? Tendrá usted que leer el libro para extraer sus propias conclusiones y delimitar hasta dónde llega la autoridad moral (o la falta de la misma) del vocalista de U2.

El timo de la igualdad

“Con una táctica retórica de un cinismo pasmoso, Bono enmarca su charla (en TED) con la sugerencia de que lo que él está planteando tiene algo que ver con el principio de igualdad entre los seres humanos. Esta idea, dice, surgió hace tres mil años en Egipto (‘la civilización empezó a orillas del Nilo’), cuando los esclavos judíos dijeron al faraón que ‘nuestro libro sagrado’ afirmaba que ellos eran sus iguales (esperamos capítulo y versículo al respecto); y luego la idea volvió a Egipto en 2011, dijo, a través de otro libro (je je...): Facebook. Bono, conocido inversor en las redes sociales de internet, no explica cómo el software que cuenta el número de tus amigos, que constantemente genera y ajusta algoritmos para determinar quién es más importante y que ahora cobra dinero para ‘promocionar’ tus mensajes, es una verdadera Biblia del igualitarismo, pero ahí estamos.

No son solo las riquezas inimaginables de Bono y sus sospechosas versiones de la historia antigua y reciente lo que hace que su charla sobre la ‘igualdad’ esté tan lamentablemente encaminada. Sean cuales fueran los datos exactos sobre la reducción de la extrema pobreza, sabemos con certeza que la historia reciente del mundo es la historia de una desigualdad dramáticamente creciente. Cuatro de cada cinco personas viven en países que cada vez tienen mayor desigualdad en lo que se refiere a los ingresos. Para Bono, ‘igualdad’ es solo otra palabra para tranquilizar la conciencia, una serie cálida de sílabas que pronunciar incluso para describir justamente lo contrario”.

(Extracto de 'Bono: en el nombre del poder'. Página 253)

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