• Regístrate
Estás leyendo: Su primera gran época
Comparte esta noticia
Domingo , 21.04.2019 / 13:44 Hoy

Su primera gran época

Publicidad
Publicidad

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Silvia Herrera

En términos muy generales, la carrera de José José puede dividirse en dos etapas. La primera la podemos llamar “la etapa de calidad” y la segunda “la etapa de la nacoteca”. No resulta sorprendente que esta última sea con la que la gente se identifique más y de la que se sepa más canciones. Una muestra son los Tributos 1 y 2 que roqueros nacionales y extranjeros le dedicaron: de 33 canciones solo cuatro pertenecen al primer periodo. La conclusión que se deriva es simple: la gente en realidad no conoce sus inicios y, si se les llega a cuestionar, las únicas dos canciones que citan son “El triste” y “La nave del olvido”. Obviamente estas dos canciones están presentes en los Tributos (interpretadas por Julieta Meniegas y Beto Cuevas, respectivamente); sorprenden más Café Tacvba, que echa a perder “Una mañana” (cóver de una composición de Clare Fischer), y La Santa Cecilia con “Cuidado”.

Si su primer momento es deslumbrante, se debe a que la voz de José José está a toda su capacidad. Es sabido que él tocaba en un grupo de jazz y ese sello lo encontramos en las primeras producciones. Un papel fundamental para el lucimiento de su voz lo jugaron sus arreglistas, varios de los cuales eran, ellos sí, jazzistas de hueso colorado (Enrique Neri, Mario Patrón); en dichos arreglos los metales más que las cuerdas eran preponderantes. Y no podemos dejar de lado a sus extraordinarios compositores, con Armando Manzanero en primerísimo lugar. El periodo que va de 1969 a 1971, que abarca los discos José José (1969), La nave del olvido (1970), El triste (1970) y Buscando una sonrisa (1971), debe considerarse una de las cimas de la historia de la música popular mexicana. (Pero aquí hay que dejar asentado que su carrera discográfica inicia en 1967; primero como Anina y Pepe Sosa y luego con Los Peg).

El primer disco, José José (que igualmente es conocido con el título de Cuidado), lo lleva en la portada con su contrabajo (instrumento que tocaba con su grupo). Armando Manzanero y Rubén Fuentes se involucraron a fondo; su compañía (RCA) no lo apoyó lo suficiente porque lo consideraba muy refinado y sin embargo en él queda marcado su sonido. Al menos la mitad de las canciones son obras maestras, pero si hay que destacar una, ésa es “Pero te extraño”. (¿De quién más si no del maestro Manzanero? Y aquí no faltarán los sordos que pretendan igualar la interpretación de El Príncipe de la Canción con la de Luis Mirrey. ¿Qué pachó?, hay niveles.) Otra pieza que ilumina el disco, la cual define buena parte de su repertorio, es “Cuidado”, del argentino Chico Novarro con arreglo de Eduardo Magallanes. Tras una introducción de metales, entra su voz cantando: “Cuidado mucho cuidado/ que estás tomando/ por un rumbo equivocado/ cuidado con tus mentiras/ que yo las puedo adivinar/ cuando me miras/ cuidado mucho cuidado/ que estoy de vuelta/ cuando tu ni has comenzado/ cuidado no estoy tan ciego/ para dejarte continuar con este juego”. “Monólogo”, también de Chico Novarro, “Agua con sal”, de Joaquín Prieto, la ya mencionada “Una mañana” y “Sin ella”, cóver de un tema de Harry Nilsson son otros de los temas dignos de destacar.

Con “La nave del olvido”, del argentino Dino Ramos, José José consigue su primer gran éxito. La canción dará título a su segundo disco. Armando Manzanero continúa dándole temas; dos merecen mencionarse: “Del altar a la tumba” (en el que colabora Luis de Llano, que debe ser el patriarca de la familia) y “El día más triste del mundo”. “Nadie simplemente nadie”, firmada por Momy y Susana Fernández, es otra pieza de gran calidad, y cabe citar “Mirar el amor”, de Alfonso Ontiveros, nombre que en principio no dice nada, pero todo cambia si decimos que así firmaba antes de ponerse Guadalupe Trigo.

Ganadora del II Festival de la Canción Latina (antecesor del OTI), “El triste”, de Roberto Cantoral con arreglo de Chucho Ferrer, convirtió a José José en un ídolo popular. Naturalmente este éxito dio nombre al álbum; Cantoral aporta también “Amoras”, cuyo intrigante título hace que se quede en la memoria. Incluye “Mi niña”, de Scottie Scott, otro de sus grandes éxitos (Los Ángeles Negros de Germain de la Fuente tienen su versión, pero es mejor la de Coché Coché). Felipe Gil (hoy Felicia Garza) aporta “La noche de los dos”, su mejor composición; destaca el modo como forma los sujetos rompiendo reglas sintácticas: “Busco el siempre antojo de tu boca/ el nunca olvido de tus manos/ la risa llanto de tus ojos/ busco la prisa loca de tu mente/ la lenta entrega de tu cuerpo/ la noche de los dos”. No falta Armando Manzanero con “A partir de hoy”, pero otra joya es “Dos”, de Wello Rivas con un sensacional arreglo de Eduardo Magallanes (escúchese el modo como la voz se junta con los metales; notable). Y si dejo para el final “Nunca me dejes”, de Blanca Aldás con arreglo de Enrique Neri, se debe a que acompañó mis primeras borracheras y desveladas. La versión de mi cuate El Pichi me sigue acompañando.

Su cuarto disco, Buscando una sonrisa, es también el soundtrack de la primera película que filmó El Príncipe; fue dirigida por Rubén Galindo y lo acompañan Nadia Milton y Fernando Luján. La mejor rola del disco, la compuso, para variar, Manzanero y se llama “Cosas imposibles” (arreglo de Mario Patrón). Alfonso Ontiveros, o sea, Guadalupe Trigo, colabora con dos canciones, siendo la mejor “Llegaste a mí”. Obviamente resulta escuchable el tema epónimo, pero hay que hacer notar que en este disco, anticipándose a Luismi, José José comienza a incluir boleros, que después no escasearán en su repertorio : “Amor mío”, de Álvaro Carrillo, y “La barca”, de Roberto Cantoral.

Después de estos cuatro discos, sin perder nunca su calidad interpretativa, vino el inevitable sube y baja en cuanto a calidad de las composiciones. “Cada mañana”, de Sergio Esquivel, incluida en el álbum Vive (1974) nos retrotrae a su primer gran momento. Además de los boleros, otra zona a explorar que ha estado presente desde su primer disco son los cóvers que ha realizado.

Bonus track: Y aunque en este artículo nos hemos concentrado en su primera etapa, no quiero dejar de mencionar una rola ochentera que considero que está al mismo nivel de las citadas: “Vale la pena intentarlo” de María Esther Aguirre de Rodríguez del álbum Mi vida (1982), para enamorados.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.