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Miércoles , 20.03.2019 / 20:05 Hoy

Samuel Meléndrez Bayardo: La vida sin arte es una prisión infernal

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Karina Vargas

El pintor tapatío se adentra a las profundidades de su labor artística y narra los pormenores de la obra “El hijo de la Guerra Fría”, óleo con el que incursiona en la colección permanente del Museo de Arte Moderno de la CdMx

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Sentado frente a mí, Samuel Meléndrez narra sus vivencias de infancia en un entorno de izquierda y detalla el contexto en el que nació la serie que hospeda la pintura “El hijo de la Guerra Fría”: “Paradójicamente la historia se repite de manera circular y ascendente en los tiempos actuales de la guerra fría reeditada. En el nuevo enfrentamiento que hay entre Rusia y los poderes occidentales es como si no hubiéramos avanzado, como si estuviéramos repitiendo la historia. Es la inevitabilidad de una confrontación histórica, que está destinada a no desaparecer” explica y agrega: “Es increíble que a estas alturas aún estemos con el temor de una confrontación nuclear tal cual lo vivimos en los años 70 y 80, la reaparición de esos miedos y esos terrores, ese temor a la inevitabilidad de la destrucción”.

En esta perspectiva del caos y la destrucción, ¿cuál es el papel del arte?

Difícilmente el arte puede incidir para cambiar algo, éste tiene sobre todo un valor testimonial y con esto trata de aminorar las consecuencias de las contradicciones sociales. El arte en ese sentido serviría como vehículo para expresión de la poesía y el misterio. Yo lo veo en el terreno de la magia. Sobre todo la poesía como médula del arte es la capacidad de afrontar con aplomo la inevitable condición trágica del hombre y la inevitable llegada de la muerte y el caos. Imagínate una vida sin arte, sería como si de repente se nos concretara el infierno Orwelliano, en el cual la vida sería una especie de prisión infernal. ¿Cómo sería el mundo sin música, pintura, danza, cine? Sería la dictadura más bestial hecho realidad. Es por eso que todo régimen tiende a controlar el arte, tanto en el comunismo como en la democracia occidental. En nuestra civilización hiperfinanciarizada hay un culto necrófilo hacia la riqueza y el dinero y un desprecio hacia las manifestaciones culturales, nosotros somos testigos y víctimas de eso con los recortes presupuestales dentro de las políticas neoliberales. Esta es una manera de irle restando posibilidades al crecimento de nuestro espíritu por medio del arte. Estas tendencias en las sociedades es una manera de matar el espíritu.

Y frenar un desarrollo…

Frenar el desarrollo espiritual del hombre es una manera de esclavizarlo y es lo que está pasando. De esto somos testigos al ver cómo lo que nos quieren vender como cultura es cada vez más miserable y paupérrimo. Esta decadencia está expresada en los ejemplos más chafas de la cultura de masas.

Y del arte contemporáneo, aquel en el que está primero el discurso antes que la obra…

Eso es todo un problema, yo veo el arte contemporáneo desde una posición en la que me provoca mucha contradicción, porque al mismo tiempo no se le puede negar su carácter de movimiento cultural, enraizado en antecedentes muy poderosos de la vanguardia del siglo XX; pero al mismo tiempo me provoca mucha perplejidad el fenómeno del arte contemporáneo como expresión de la hiferfinanciarización de la cultura, de cómo el movimiento del arte contemporáneo ha sido el pilar fundamental de un fenómeno de especulación financiera, expresado en una burbuja de incontenible ascenso, de esos objetos que ahora se presentan como lo más vanguardista según sus promotores. Estas expresiones en las que parece haber una especie de guerra hacia lo emocional encajan perfectamente con el modelo de la producción de ganancia desmedida sin esfuerzo, a partir de un activo financiero que puede ser cualquier cosa. Desgraciadamente en el arte conceptual es más importante la idea que el objeto.

De ahí que Donald Trump podía traer tan volátil el peso y mover los mercados, aunque aún no fuera presidente…

Estamos en una situación muy trágica, en el estado del capitalismo en el que nos encontramos ya ni siquiera funcionan las reglas de la economía clásica, el capitalismo se ha financiarizado en exceso y esta tendencia que va a acabar con la democracia liberal.

En este contexto social, político y económico, cito una declaración que diste hace unos años: ¿tu obra es "una gran labor de necedad que afirma que la pintura va a permanecer como una técnica primordial en el arte"?

Si, a pesar de que la pintura ya no es la técnica reina de las artes visuales, el género de la pintura y el dibujo ha sobrevivido al intento de anulación que se promovió desde las vanguardias ultraconceptuales. Hay una tendencia natural de los artistas a expresarse mediante técnicas centenarias como la pintura y el dibujo, porque no solo son técnicas con un fuerte arraigo cultural, sino que están inscritas en los genes de la naturaleza humana.

Tu discurso teórico, o al menos el que podemos ver en esta serie, viene de referencias de tu infancia o de aspectos que siempre hacen un llamado a la nostalgia…

El arte se trata de expresar tu experiencia, eso es lo más importante. Si tienes algo que decir va a ser lo que hayas vivido y esa es una de las claves para hacer obras visuales poderosas, para llamar la atención en cualquier expresión artística. Esa es la manera en la que la obra tiene vida propia y empiezan a difundirse en la sociedad.

¿Cuál fue tu primer acercamiento a la pintura?

Si regresamos la cinta yo te puedo hablar de los recuerdos que tengo de mi infancia, cuando tenía tres o cuatro años, de mis primeras esculturas hechas con plastilina. Todos tenemos una tendencia natural a expresarnos a través de la forma y el dibujo. Estando en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guadalajara, de repente me llegó una incontenible necesidad de dibujar y pintar. Fue tan fuerte ese llamado que me dije “tengo que tomarlo en serio”. No es solamente que haya sido una decisión correcta, si no que fue inevitable.

Sé que entraste a la Escuela de Artes Pásticas de la Universidad de Guadalajara, pero decidiste seguir con una educación autodidacta… ¿qué pasó?

Hubo un impuso de rebeldía. Evidentemente las escuelas de arte tienen sus taras y sus vicios, particularmente en nuestro sistema educativo las escuelas de arte siempre tienden a ser el patito feo, eso se refleja en el descuido de las mismas instituciones hacia sus escuelas, eso pasa un poco en la Universidad de Guadalajara. En ese tiempo no era un gran centro de gravitación artística, aunque sí le debo mucho el perder el miedo del primer contacto que tiene un artista novato frente a la superficie en blanco. La escuel te ayuda a conformar tu incipiente personalidad artística. A causa de ese impulso de rebeldía me salí de la escuela junto con otros compañeros y puse mi primer taller, comencé a plasmar todas esas necesidades plásticas que estaban brotando y de manera instintiva comencé a observar el paisaje urbano y a dibujarlo y pintarlo. Afortunadamente encontré de primer momento la manera en la que quería pintar.

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