EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh
“Política es el arte de obtener dinero de los ricos y votos
de los pobres con el fin de proteger a los unos de los otros”.
Noel Clarasó
Desde que era niño escuchaba que los adultos decías cosas como “Fulano está haciendo política” (cuando, según mi tierno entender, querían decir que Fulano estaba intrigando para obtener beneficios personales) y “aquel que dice que no le interesa la política es el más político de todos” (o sea, que se hace güey para intrigar).
Desde que el primer gobernante pisó la tierra, la política es la profesión mas desacreditada de todas, superando incluso a la delincuencia, pero que, como ella, atrae gente aduladora buscando algún provecho.
Cualquier comediante que deseé arrancar un aplauso garantizado, de inmediato cuenta un chiste contra los políticos. Es infalible (como gritar: “¡Arriba el América!” para provocar mentadas).
Para el común de la gente los políticos son personas con chofer y escolta, bien vestidas, que roban, salen en los periódicos haciendo declaraciones, tienen influencias para conseguir lo que quieren y te pueden matar si se les antoja.
Poetas, místicos y humanistas desprecian la política y, sin embargo, ésta se practica. Los políticos son como los mecánicos y los contadores: les pagas por hacer algo que se supone que tú no sabes hacer.
Lamentable espectáculo el de las pasadas elecciones. Todos los partidos mostraron el cobre (independientemente de la bochornosa guerra sucia) exhibiendo que les importan más los votos que las propuestas, llegando al colmo con la alianza entre izquierda y derecha del PAN y PRD (como si los Pumas y las Águilas pudieran unirse para derrocar a las Chivas).
La cuestión es que, por alguna razón, siempre ganan los mismos (los dueños de todo, los chipocludos, los poderosos) y uno empieza a sospechar que eso de los comicios es un show mal montado.
Los políticos y los histriones, cuando alcanzan fama y fortuna, tienen dos costumbres: meterse cocaína (con el pretexto de que “teatro y televisión quitan horas de sueño” o que “mañana hay que estar bien en el mitin de Tlaxcala”), y convertir cualquier conversación en promoción personal. Te les acercas y les preguntas, inocentemente, “¿cómo están?” y te responden, desplegando una amplia sonrisa: “Mañana tengo llamado con Cuarón” o “Ya estamos pavimentado el Parque de los Patos”.
La cocaína es una droga cara que da una sensación de energía y engrandece el ego; desenmascara al falso político e histrión, quien nunca pensó en el público, sino en andar en el desmadre y el jet set, provocando envidias y gastándose el dinero a lo pendejo.
Los actores al menos estudiaron arte dramático, pero cualquier inepto sin estudios puede gobernar (y lo hace). El problema radica en una democracia extrema. No debería gobernar cualquiera que se postule, sino quien sepa hacerlo. ¿Tú sabes gobernar? Yo no, pero sugiero que gobiernen los egresados de la carrera de ciencias políticas. No economistas ni abogados ni empresarios, únicamente egresados de ciencias políticas (de preferencia con diplomados, maestrías y doctorados).
¿Por qué ellos? Porque supongo que estudiaron para gobernar. “Zapatero, a tus zapatos”, le dijo el pintor Apeles al zapatero que criticó una de sus pinturas. Los veterinarios no construyen puentes ni los pilotos de avión reparan los caños. Estudiar ciencias políticas es como estudiar narcotráfico con licencia, quizás muchos alumnos vayan a aprender a robar, pero al menos robarán con estudios.
Los anarquistas dirán: “¡Que no gobierne nadie! ¡Autogestión!”. Yo les responderé: “Nadie gobierna. Desde hace muchos años el mundo se gobierna solo. Cualquier tarado iletrado con un puestazo no necesita mas que poner a su secretaria a llenar informes y robarse el dinero, y el mundo sigue igual. Eso sucede en este momento. El problema es que los trámites y permisos para sacar el dinero tienen que firmarse por personas muy picudas que lo echan todo a perder porque no saben gobernar y los gobernados no recibimos beneficios de su actividad, desviando los fondos para las medicinas a su cuenta personal. ¡Si robaran pero al menos supieran administrar para el bien de todos! Pero son sorprendentemente tontos e ignorantes, cual villanos de caricatura.
Lo que estaría bien es que los gobernados (quienes finalmente somos su clientela) revisáramos el plan de estudios de ciencias políticas, pues parece que les hacen falte unas clasecitas de civismo (materia que, con horror, me enteré ya retiraron de los planes de estudio).
El libro de texto clásico es El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo, con consejos para gobernar basados en la conducta práctica de quienes laboran en el gobierno, mismo que, mal comprendido, sirve de pretexto para cometer chingaderas. Se debe enseñar el catecismo (con su “no robarás” y toda la cosa), budismo, manejo de la ira, primeros auxilios, el Kamasutra y la conferencia magisterial Trump: un ejemplo de lo que debe ser un gobernante.
Antes de revisar “voto por voto, casilla por casilla”, se debe revisar la tira de materias de los estudiantes de la carrera de ciencias políticas, para ver cómo pintan los futuros gobernantes.