EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh
“¿A dónde fueron, a dónde estarán, La Burbuja y El Run Rún y El Paraíso Tropical?”:
letra de “¿A dónde fueron?”, de Valentina Ortiz
El jueves 18 de febrero se presentó el disco 100% Xochiquetzal, rumba y sabor, de cuya venta se recaudarán fondos para el asilo de trabajadoras sexuales de la tercera edad, Casa Xochiquetzal, en el Barba Azul (Gutiérrez Nájera y Bolívar, CdMx), centro nocturno de la colonia Obrera que se aferra a su supervivencia desde hace más de 60 años, con sus orquestas y ficheras, y sus paredes decoradas con llamas infernales y mujeres en relieve con bikinis fosforescentes.
Una ancianita que podría ser tu abuelita, acompañada de dos contemporáneas suyas, mueve el pie al ritmo de la salsa que ejecuta el Grupo Caliente, a un lado de la pista, todavía decorada con globos en forma de corazón por el Día de San Valentín. El lugar está atestado, parejas de todas las edades se desplazan por la pista luciendo sus pasos; la ancianita está contenta, bebiendo su cuba; sus ojos los cubre un antifaz de cartón dorado. Ella es la imagen oficial de esta crónica.
El evento inicia con una narración oral sobre un bailarín que engaña al diablo, de Valentina Ortiz Pandolfi, autora de la mayoría de las canciones del disco, percusionista, narradora y organizadora del proyecto. Las prostitutas otoñales están vestidas con sus mejores galas, algunas de largo, otras de forma más humilde, pero todas en plan de fiesta; es su día; su trabajo y su existencia se han centrado en lo mejor de la vida: el placer. Nada mejor que iniciar su fiesta con un cuento, con fantasía, con arte.
En una mesa sobre la tarima de la orquesta, Gabriela González, Carlos Martínez Rentería y Marco Salazar hacen un recorrido por la historia de la vida nocturna de la Ciudad de México. Rentería recita el poema de Jaime Sabines: “Canonicemos a las putas”. Está medio incróspido y como declamador me recuerda al pistolero que entrevistó al Chapo a nombre de Sean Penn: no se le entiende gran cosa pero le hecha alma y corazón, y le aplauden rabiosamente.
Una mujer se levanta de su mesa y grita: “¡Soy puta y no me avergüenzo!”. Inicia el performance “Yo Soy”, con Ángela Lara, Valentina Ortiz, Marbella Aguilar, Carlos Pompa y Aldo Aquino. Baila Danny, una chica de un ballet folckólico afroantillano. Los integrantes del disco interpretan “Peregrina de la noche”, de Vicente León: “La que vende su placer, cuando empieza a amanecer, termina su recorrer”. Marbella Aguilar, con su voz aniñada, lee su poema: “Yo soy como quiero ser, alegre, a veces triste, por los golpes que a veces la vida me da, pero tengo una mente que me hace divagar”.
Caemos sobre la mesa de Carlitos Martínez Rentería, dos amigas tabasqueñas, la actriz Maya Mazariegos (con quien estoy trabajando un show) y la señora Carmen (habitante de la Obrera desde hace años, acompañada de su hija Monse y una amiguita hondureña), y un servidor. En la pista me topo a Juan Carlos García Álvarez, el Dr. Bolavsky, bailando con Danny, su compañera del ballet folklórico afroantillano (entonces recuerdo que El Bola también es santero).
Las putas ancestrales se alegran con la presencia de Maya y Monse, a quienes les dan consejos, tomándolas por aprendices de brujas. La señora Carmen ni se diga, le ofrecen cincuenta pesos por bailar y hasta una botella.
Las aproximadamente treinta habitantes de la casa amarilla del jardín Torres Quintero cantan el himno de la casa Xochiquetzal, un cover de La Llorona, a capella. Se me pone la carne de gallina y me caliento con un tequila. Gritan: “¡Sí podemos, sí lo hacemos, sí lo somos!”
Mientras me pierdo en el guaguancó los invito a adquirir el disco 100% Xochiquetzal (mayor información en la página www.casaxochiquetzal.wordpress.com y con Valentina Ortiz, al correo velentinao@gmail.com), enorme grabación para ponerle sabor a sus reventones (participan Fray Cruz, de La Constelación y Cañaveral), Nayely Reina de la cumbia (de Los Gatos Negros), Paquito Ocampo (Conjunto África), Toño Peregrino, Elías Peregrino, Moy Nene Olivares, Chico Lara, Alfredo Pino, Aldo Aquino, Jesús Aquino, Ángela Lara, Javier López El Chabelo y mi gran amiga Den Villuendas La Que Canta, con quien tuve el placer de cotorrear esa noche de brujas. Al escuchar el disco transitarán por el mundo cotidiano del Jardín Torres Quintero (llamado así por un maestro que hacía trabajo social con niños de la calle, sepultado bajo la palmera más grande), dónde se encuentra la Secundaria #73, el asilo Xochiquetzal y el Cine Acapulco (que antaño pasaba cintas de Cornelio Reyna, los Almada y cachondas mexicanas). Afamada zona roja, como dijera un habitante “cosmopolita de pueblo”.