Marte ha sido siempre un misterio. Por más que lo investigan, y nos aseguran que, de momento, no hay evidencias de que haya vida, siempre llega alguna noticia que revive esa esperanza infantil de ver aterrizar un platillo tripulado por un hombrecillo verde con antenas. ¿Por qué, en un planeta desértico y sin visos de clorofila, nos han pintado tradicionalmente de verde a los marcianos? ¿Para diferenciarlos de nosotros? No lo creo porque yo, aquí mismo en el planeta, he visto terrícolas verdosos e inclusive purpurinos o de subido color granate.
La última noticia, de hace 72 horas, es la de que un equipo de la NASA ha encontrado agua fluyendo en la superficie de Marte. No agua congelada, y muda, como ya se había encontrado hacía unos años, sino un arroyito cantarín. Y a la orilla de un arroyito de estos, ya puede ir creciendo el musgo, la vida unicelular y con el tiempo algún marciano, no sabemos si mamífero u ovovivíparo. La noticia del agua en Marte llegó unas horas después de que Stephen Hawking, ese científico genial que va por el mundo en silla de ruedas declarara en España que en el futuro la única forma en que podrá sobrevivir nuestra especie es mudándose a otro planeta. No dijo en cuánto tiempo pero, de que lo ha dicho, es porque lo ve claro y no estaría de más ir preparando la maleta.
No parece que sea casualidad la aparición simultánea de las dos noticias: Hawking habla de mudarnos a otro planeta mientras la NASA descubre, precisamente en Marte, un arroyo cantarín. Esto lo dijo Hawking en las Islas Canarias, en Tenerife, en el festival Starmus, un evento de altos vuelos que se celebra cada dos años. En sus ratos libres el científico inglés que, como todo el mundo sabe, además de ir en silla de ruedas lleva un aparato electrónico para poder hablar, salía a pasear, auxiliado por sus asistentes, por las calles de Tenerife. Como se trata de una celebridad, la gente lo saludaba, le decía cosas, le preguntaba por los agujeros negros y se hacía selfies, a lo que el científico respondía, con la voz metálica que reproduce su aparato parlante: Merry Christmas! ¡Feliz Navidad! (en el septiembre canicular que tienen ahora las Islas Canarias). Cuando la gente de Tenerife le preguntaba, en español, por los agujeros negros, el científico inglés se quedaba en blanco.
El vaticinio de Stephen Hawking, de que tendremos que emigrar a otro planeta para preservar nuestra especie, más el descubrimiento del agua que fluye en Marte, abre un montón de perspectivas científicas, urbanísticas y arquitectónicas, sociológicas y turísticas pero, sobre todo, abre un inmenso panorama para la gente que hace negocios. Ya en la época de la carrera espacial entre gringos y soviéticos salió el tema de parcelar la Luna para comprar terrenos, en aquella superficie virginal, que luego podrían venderse. Después de la declaración de Hawking, los bienes raíces del espacio comienzan a cobrar sentido.
Otra declaración escalofriante que hizo el científico en su reciente incursión en Tenerife fue la de que si, efectivamente, hubiera vida extraterrestre, las huestes del espacio no serían especialmente amigables con nosotros. La idea es que si llegaran ellos antes a la Tierra, que nosotros al planeta donde habiten, esto querría decir que pertenecerían a una sociedad más avanzada, con más recursos y por tanto más poderosa. Que lleguen ellos primero sería lo normal porque nosotros apenas estamos mandando naves sin tripulación que, lejos de conquistar poblaciones enteras, localizan arroyitos de agua fresca. Sobre esto Hawking declaró: “Si los extraterrestres nos visitaran el resultado se parecería mucho a cuando Colón desembarcó en América: a los nativos no les fue bien”. Cuando digo “nosotros apenas estamos mandando naves sin tripulación”, hablo desde la amplitud que nos otorga la especie humana, patrocinada por Estados Unidos; ya sé que a nosotros nos acaba de explotar el satélite Centenario. Mientras la NASA descubría el arroyo marciano, y Hawking hacía sus escalofriantes declaraciones, la naturaleza nos sorprendía con el fenómeno de la Luna enorme sangrante, que solo pasa cada muchos años. Recuerdo esto para hacer notar que, durante los últimos cuatro días, el espacio exterior ha ocupado planas en los periódicos de todo el mundo.
Pensando desde la paranoia, se podría especular que alguien está calentando el tema para después salirnos con la oferta de un terreno en Marte, a orillas del recién descubierto arroyo cantarín.
Decía al principio que los marcianos fueron uno de los grandes misterios del siglo XX, producían curiosidad y cierto miedo, pero ahora ha venido Stephen Hawking a subir la apuesta, ha anunciado que los extraterrestres, marcianos, venusinos o de Plutón, no serán ni graciosos ni divertidos, ni siquiera serán amistosos, vendrán a conquistar la Tierra y esto, a los de este lado del mundo, nos hará muy poca gracia, no va a gustarnos que después de Colón, y de Cortés, llegué un Capitán General verdoso a imponernos su lengua, su religión y su cabeza con antenas.
JORDI SOLER