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Jueves , 21.02.2019 / 04:11 Hoy

Los héroes de tu propia historia

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Guillermo Guerrero

@guillermo_ga


Los juguetes son, en la imaginación de los niños, los protagonistas de las primeras historias fantásticas. Antes de la época de las tablets, y cuando los videojuegos eran un lujo que pocos padres podían permitirse, los héroes legendarios eran He-Man y Superman, que podían unir fuerzas con el Santo —muñeco conseguido en el mercado, con rebabas de plástico y capa de hule— para darle unos catorrazos a Skeletor que, si bien le iba, terminaba con el brazo zafado. También escondíamos a los G.I. Joe detrás de los cojines de la sala, listos para emboscar al Hombre Elástico, o los aventábamos de la azotea esperando que un paracaídas, fabricado con una bolsa plástica de Aurrerá, detuviera su caída.

Narrábamos nuestras propias épicas con esos juguetes, historias que podían continuar durante días y días. Siempre nos han acompañado: desde los viejos boxeadores de madera hasta el trompo chillador; desde el caballo de palo hasta muñecos más sofisticados, como el Hombre Nuclear, que tenía un ojo telescópico para ver a distancia. Mis favoritos eran los autos de carrera Hot Wheels, que a fuerza de chocar contra la pared, quedaban despintados y con las llantas chuecas. Disfrutaba pintar carreteras con gises de colores en el suelo (mientras mi madre lavaba ropa) y que eran para mí circuitos de la Fórmula 1 en donde los pequeños bólidos de metal competían. Pero después vino mi primera gran colección: Star Wars, regalo de los Reyes Magos antes de descubrir el misterio de su omnipresencia. A Darth Vader lo hice caminar sobre el comal caliente antes de que sus soldados imperiales lo rescataran subidos en un sartén que simulaba una nave espacial. Obi Wan Kenobi, que no se parecía en nada al de la película, terminó con las cejas pintadas que le daban un aspecto más terrorífico que el mismo Emperador Palpatine.

Mis hermanas, en cambio, eran amantes de los juegos de té y de las Barbies. Durante horas murmuraban las historias en las que seguramente sus muñecas salían de viaje e iban de compras, con ropa de diseñador y zapatos de plástico transparente que compraban en los puestos del mercado de la colonia. Invariablemente acababan calvas, a fuerza de cortarles el pelo “a la moda” para que quedaran como Cindy Lauper y muchas de ellas tenían la cabeza rota, así que tenía que empotrarse en aquel cuello espigado, dándole un aspecto parecido al del Jorobado de Notre Dame. No había lugar donde no cargaran con esas muñecas y hasta tenían una lonchera especial de viaje: debía ser maravilloso para mi hermana poder cargar con su Barbie pelona al restaurante Vips y sentir que estaba en París.

Un día las historias infantiles se terminaron y los juguetes fueron a dar al fondo de una caja de cartón, de donde no salieron jamás. Las madres, encargadas de hacer espacio en la casa con toda la sangre fría que se requiere, donaban los viejos tesoros al barrendero y éste, a su vez, los vendía a puestos de segunda mano. Como en película de Pixar, los juguetes rodaron una y otra vez por la ciudad hasta que muchos de ellos fueron a dar al basurero. Pero seguramente un día usted se preguntó: ¿dónde quedarían esos juguetes de su niñez? ¿Qué habrá pasado con su Halcón Milenario? ¿Y con su Lagrimitas Lilí?

ARQUEOLOGÍA MODERNA

Estoy convencido que si a usted le ofrecieran en este momento recuperar los juguetes de su infancia, lo consideraría seriamente. Dependiendo del espacio que tenga disponible en su casa, tal vez hasta los pondría en alguna repisa para que cada vez que llegara de trabajar recordara esos años sencillos en los que la mayor preocupación era llegar temprano a casa para ver a Mazinger Z.

Ese sentimiento es lo que lleva a la gente a juntar colecciones: dejar intacto un momento del pasado y conservarlo en casa como cápsula del tiempo. Durante los últimos años, esta actividad se ha profesionalizado y los cazadores de tesoros van en busca de esos trebejos de la infancia a los mercados de pulgas o los intercambian por internet. No es cosa fácil, ya que encontrar cada uno de los muñecos que componen una serie implica invertir mucho dinero y tener colmillo, para saber cuando el vendedor quiere aprovecharse de tu interés. Decenas de clubes de coleccionistas ansían tener ese golpe de suerte (tal vez descubrir un almacén olvidado o un pedido que nunca se entregó) que les permita conseguir los juguetes intactos, en su empaque original, como el personaje que interpretó Steve Carrel en Virgen a los 40.

Es cuando te vuelves un Indiana Jones de los juguetes que te das cuenta que no se trata solo de acumular. ¿Era tu colección de Los Amos del Universo la primera que salió al mercado? ¿Tu muñeca Barbie tenía ropa setentera u ochentera? Difícil decirlo, ya que hubo algunos años en los que el control de calidad de estas figuras era laxo. Así, en Estados Unidos He-Man podía vestir de rojo, pero en Sudamérica, de gris. Hay casos inauditos, como el de Polonia, en donde a los personajes de Star Wars los colocaban frente a calculadoras, que simulaban controles de mando, para tomarles una foto y poder fabricar los empaques oficiales. Y en nuestro país podíamos encontrar figuras muy baratas en los mercados, fabricadas en plástico de la más baja calidad por algún vivillo que esculpía su propia versión de los Thundercats, pero que las volvía accesibles para los niños que no podían conseguirlos en las jugueterías establecidas. Para todo este fenómeno, el mercado ha inventado su propio glosario: variaciones, bootlegs, holy grial, customs. Términos que indican, para los conocedores, el nivel de originalidad y valor económico de una pieza.

JUGUETES PARA ADULTOS

En nuestro país hay poco control para los juguetes retro: si bien hay muchos tianguis y vendedores informales —que generalmente tienden una lona en el suelo donde colocan sus juguetes a medio usar— no hay un control en su precio. Un Fabuloso Fred puede costar 200 pesos en el tianguis de Tulyehualco y dos mil pesos en una tienda de cachivaches de la colonia Roma. Como en el programa El precio de la historia, hay algunos expertos que pueden decir lo valiosa que es una figura de colección, pero en México lo común es aplicar el método “depende del sapo es la pedrada”.

¿Vale la pena regularizar este mercado? Elías Ortíz, director de la Unboxing Toy Con, cree que sí. Es por eso que organizará por primera vez, del 4 al 6 de agosto, la primera gran convención importante en Latinoamérica de juguetes retro y de colección, en donde clubes de todo el país mostrarán lo mejor de sus catálogos. Miles de piezas estarán exhibidas en el piso principal del WTC Ciudad de México y se ofrecerán talleres para todos los cazajuguetes. ¿Qué tan importante es este mercado para la economía nacional? Más de lo que cree: según datos de la Asociación Mexicana de la Industria del Juguete, las exportaciones de México para este rubro en el último año alcanzaron cerca de tres mil millones de dólares, siendo los juguetes de colección y de alta gama la tendencia de más crecimiento. Éstos últimos, los Hot Toys, son la versión moderna de sus juguetes de la infancia: figuras tan increíblemente detalladas, cuyo costo puede llegar a los 300 mil pesos, que poco tienen que ver con los luchadores de plástico malpintado que compraba en el mercado. Son los verdaderos juguetes para adultos.

Sin embargo, tal vez usted solo sea un nostálgico que busca un Tente para tenerlo en su oficina o tal vez quiere ver una vez más la Casa del Árbol de Lily Ledy. Bueno, pues esta reunión también es para usted. La Unboxing Toy Con, pretende darle opciones para los que solo van a mirar, para los que prefieren escuchar conferencias con expertos de la industria y para los que quieren presumir la pieza más rara que tienen en casa. Porque, a final de cuentas, sus primeros héroes merecen un lugar mejor que vivir en el fondo de una caja de cartón. ¿Qué clase de historias contarían ellos de usted? Dese una vuelta, no se va a arrepentir.

Unboxing Toy Con. 4 al 6 de Agosto, WTC Ciudad de México.

unboxingtoycon.mx

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