EL SEXÓDROMO
Verónica Maza Bustamante
elsexodromo@hotmail.com
@draverotika
FB: La Doctora Verótika
En el erotismo hay dos situaciones a las que se les conoce con el nombre de perrito. Una de ellas es la posibilidad que tienen algunas mujeres que han desarrollado fortaleza en el músculo situado en el suelo de la pelvis (el cual rodea el ano) de apretarlo y soltarlo a su antojo durante la penetración o cuando ellas así lo deseen. A esa sensación que crean en torno al pene durante el coito se le llama perrito. La otra es una postura, aquella en donde la mujer está apoyada en sus rodillas y en sus manos mientras su pareja la penetra y ésta permanece con las rodillas recargadas, también, en la cama o el piso, aunque sus manos sujetan la cintura o cadera de ella. La postura es ya un clásico, mientras que el apretón de cariño no es tan conocido, pero aquí les contaré un poco más de ambas cosas sabrosas de la vida.
EN CUATRO PUNTOS
En el caso de la posición, creo que es de las favoritas de los hombres, pues les generan sensaciones maravillosas debido a que pueden tener todo el control: determinar la velocidad de la penetración, la intensidad y la profundidad. Estas tres posibilidades las agradecen con creces pues por un lado les ayudan a manejar a su gusto lo que están sintiendo y, por el otro, eso hace que sus erecciones tengan una firmeza inigualable. De hecho, en esos momentos en los que la dureza del pene, por razones diversas y comunes, se ve mermada, emplear el perrito puede ser de gran ayuda para que se vuelva a levantar el mástil del placer.
Por su parte, las mujeres deben aprender a aprovechar los momentos en los que dejen de ver a sus compañeros (o compañeras con dildo) a los ojos. Algunas se pueden quejar por la intensidad de la sensación, sobre todo cuando él empuja con fuerza. Lo que poco se dice es que nosotras podemos controlar esa potencia e, incluso, llevarla más allá. Hay mujeres a las que les gusta el sexo fuerte o percibir con mayor ímpetu la caricia genital. Para ellas, lo ideal es que se dejen llevar, en ese momento, por los deseos del otro, recibiendo las embestidas con singular alegría. Si curvan la espalda, empujando la pelvis hacia abajo, será aún más agudo lo que perciban. Cuando toman esa postura pero, además, se mueven hacia delante y hacia atrás (o, viéndolo en otra perspectiva, suben y bajan su espalda), con la velocidad que gusten, la cosa se pondrá al rojo vivo. Otra posibilidad es quedarse un rato abajo, digamos, un minuto, y sorpresivamente levantar la espalda y cadera. Esto prenderá a sus parejas; también a ustedes mismas. Eso sí: cuidado, porque muchas veces estos inesperados cambios de movimiento pueden llevar sin remedio a los galanes a la eyaculación.
Un consejo delicioso: al ejercer estos movimientos, lleven una mano a su clítoris y acaríciense como más les guste: puede ser con la palma abierta y todos los dedos unidos o exclusivamente presionando el índice sobre el botón del gozo. Si tienen un balín vibrador, no duden en colocarlo en esta zona para sentir sus vibraciones.
Existen unos juguetes sexuales con forma de letra U que vibran. Una parte se introduce junto con el pene y la otra se coloca encima del clítoris. Si quieren probar emociones fuertes entonces recurran a un gadget de estos, que ya se encuentran en las sex shops de México.
La opción de apoyarse los dos o solo uno contra la pared siempre se agradece, ya que puede servir de tope para que el impulso hacia adentro del cuerpo femenino no sea tan acelerado o para manejar con sencillez otro ritmo. Incluso ella puede comenzar con la postura del perrito e ir subiendo lentamente su torso, apoyada sobre la pared, hasta que los dos queden de rodillas pero con la parte superior del cuerpo levantada. En lugar de apoyarse únicamente con las manos, ella puede pegar la cara o los senos sobre la superficie lisa, volviendo a dirigir la pelvis hacia delante y hacia atrás con la rapidez o lentitud que prefiera, o intercalando lo lento con lo veloz. Cada una de estas diferencias en el acomodo generarán sensaciones completamente contrastantes, lo cual suele ser un regalo durante el acto erótico.
Es curioso que la mayoría de los artículos que hablan sobre esta posición, ensalzen, desde el punto de vista femenino, la pasividad que invoca, la sensación de sentirse dominadas y de no ver al compañero. Si bien es cierto que estas tres opciones suelen ser deliciosas (más aún para quienes disfrutan del rol sumiso o poco activo), como acaban de leer no son para nada los únicos ingredientes que el perrito regala.
Otro aspecto que suele relacionarse con esta opción es su lado “animal”. Leí un par de textos en donde se decía que lo mejor es que alimenta la fantasía al ser un acto irracional cercano al coito de los mamíferos. Es decir, una acción excitante debido a que no entra dentro de las reglas del sacrosanto misionero. Como ya les he dicho aquí, el día que le quitemos el aspecto prohibitivo al deseo y lo veamos como un elemento para alcanzar la felicidad, podremos disfrutar de todas sus posibilidades, incluso la de alebrestarnos por aquello que nos parezca transgresor o nos hayan dicho que está prohibido.
¿Y qué pasa cuando unen esta postura con los movimientos del músculo pubococcígeo antes mencionados? ¡Oh, entonces el mundo estalla! ¡Se mueven los planetas! O, cuando menos, ¡nos la pasamos bomba!
BESITO DE CAN
Se conoce como “beso de Singapur” o “toque de flauta” a la posibilidad de mover exclusivamente los músculos de la vagina en torno al pene (es decir, un perrito en donde ni ella ni él se mueven; el único vaivén se percibirá dentro de la vagina). El hombre sentirá como si le estuvieran succionando o apretando el miembro, lo cual es, dicen, una experiencia sin igual.
Por supuesto, no es tan sencillo llevarlo a cabo: se necesita un entrenamiento previo de la mujer, quien si realiza de manera constante los ejercicios de Kegel (apretar y soltar los músculos de esa área, como cuando se quiere detener o dejar salir el chorro de orina) puede conseguir este movimiento, pero, además, requiere de flexibilidad para acomodarse, fortaleza en todo el cuerpo (particularmente en las piernas) e ímpetu para conservar la postura durante un buen rato, para que se pueda apreciar la caricia en todo su esplendor.
El acomodo más popular es con él acostado boca arriba, completamente inmóvil, mientras ella permanece sentada encima durante la penetración, para poder concentrarse en mantener el movimiento tan solo en sus músculos internos. En este caso, les recomiendo que cuando comiencen a cansarse, cambien ligeramente la postura y se acuclillen (es decir, que las rodillas se levanten y apoyen las manos en el pecho masculino, como si estuvieran jugando a ser ranas).
Cuando dominen este perrito quieto o beso de Singapur, podrán hacerlo en cualquier postura, incluyendo la del perrito. Es decir, un doble ladrido de placer.
¿Quién está listo o lista para comenzar a practicar?