Hace unos días, la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA) aprobó la venta de la primera píldora destinada a tratar el trastorno de deseo sexual hipoactivo (TDSH), es decir, el deseo sexual disminuido o baja libido. Producido por el laboratorio estadunidense Sprout Pharmaceuticals, se comercializará con el nombre de Addyi (se calcula que llegue a México dentro de dos o tres años).
Cuando leí que llamaban al medicamento “Viagra femenino “ y “píldora rosa” me llamó la atención porque en 2005, con el apoyo y asesoría de diversos especialistas, probé el fármaco que en ese entonces estaba esperando la aprobación de la FDA y prometía dar una probable solución a varias disfunciones sexuales femeninas.
Desde finales de los años noventa algunos investigadores de varias partes del mundo, entre ellos dos hermanas estadunidenses, Jennifer y Laura Berman, del departamento de Urología de la Universidad de California, habían realizado diversos estudios sobre la efectividad del Viagra en la sexualidad de la mujer. Ellas trabajaron con 202 pacientes posmenopáusicas con incapacidad recurrente y permanente para conseguir la excitación. Dividieron a las participantes en dos grupos, que tomaron o un placebo (sustancia inactiva) o 50 miligramos de citrato de sildenafil (el mismo activo que el Viagra masculino), aunque esta dosis podía ir ajustándose de 25 a 100 miligramos.
Para medir la respuesta sexual de las pacientes, se les aplicaron varios cuestionarios en los que se recogieron parámetros objetivos, como cambios fisiológicos en el clítoris y en la vagina antes y durante las relaciones, y parámetros subjetivos como la sensación de excitación, la calidad del orgasmo, el placer sexual, el dolor durante el coito, el disfrute, la relación con el compañero. Las mujeres que tomaron esa dosis de Viagra consiguieron “una mejoría muy significativa en los parámetros estudiados”, según el informe publicado, aunque aquellas con inhibición del deseo sexual provocada por la escasez de testosterona o por problemas psicológicos no obtuvieron ninguna ventaja.
Por esto último, la FDA no aprobó su salida al mercado, argumentando que no servía para todo lo que prometía. Como les comentaba, yo decidí probarlo como parte del protocolo de investigación. El medicamento es un vasodilatador, así que comencé con un calor sabroso, un cosquilleo se expandió por todo mi cuerpo aumentando mi excitación y mi lubricación. Percibí que mi clítoris se volvía mucho más sensible, pues el sildenafil provocaba su tumescencia y rigidez, así como un aumento del flujo sanguíneo en esa zona. Era como si ahí se centraran todos los puntos erógenos de mi cuerpo. Un roce en esa parte me hacía doblarme de placer; en poco tiempo llegué varias veces al orgasmo.
El martes, antes de leer las notas sobre el Addyi, supuse que era el postergado sildenafil para mujeres que finalmente saldría al mercado, pero me enteré que está conformado por otro compuesto activo: flibanserina, la cual actúa sobre las sustancias químicas del cerebro asociadas con el estado de ánimo y el apetito, de manera similar a los antidepresivos. Incrementa la dopamina, una sustancia química producida por el cerebro y relacionada con el apetito. También reduce la serotonina, sustancia química responsable de mantener en equilibrio nuestro estado de ánimo.
Es decir, a diferencia del primer intento de “Viagra femenino”, que era un vasodilatador, este ya aprobado es, en resumen, una suerte de antidepresivo que se recarga en la fama que ya se había generado desde hace una década por aquella “píldora rosa” no aprobada.
Claro, en Sprout Pharmaceuticals pueden escudarse diciendo que el fármaco está destinado únicamente a mujeres que, antes de llegar a la menopausia, sufren un trastorno del deseo sexual hipoactivo, pero es verdad también que su publicidad se aprovecha de la mística que ya se había generado en torno a esa ansiada pastilla capaz de coadyuvar en la solución de esos males que impiden que las mujeres le den alegría a su cuerpo, Macarenos.
Hay otra diferencia importante entre la posibilidad de antaño y el producto actual: el Viagra masculino comienza a surtir efecto media hora después de haber sido ingerido y su efecto permanece durante las siguientes cuatro horas. Eso viví yo con el que probé y algo así esperaría para las mujeres, pero Addyi es una píldora de ingestión diaria y se ha reportado que pueden pasar semanas y hasta meses para comenzar a ver sus beneficios que son, dicen quienes ya lo probaron, modestos. Eso sí: baja el nivel de estrés de las mujeres que lo consumen, pero eso lo logra cualquier otro antidepresivo; los efectos secundarios entre estos y el Addyi son semejantes: puede haber posibles desmayos y disminución de la presión arterial, riesgos que aumentan con el consumo de alcohol y con el uso de otros medicamentos que interfieren con la descomposición de la pastilla en el organismo.
A veces sucede que en el consultorio sexológico se receten antidepresivos en ciertos casos de TDSH para ver si sintiéndose más contentas, las mujeres están más dispuestas a tener encuentros eróticos. Pero también es un hecho que otras veces la pérdida de deseo sexual puede conducir a la depresión o los antidepresivos generarla como efecto colateral. Independientemente de lo que ocurra primero, la depresión y el trastorno de deseo sexual hipoactivo parecen ir de la mano, pero cada caso es particular, es decir, el Addyi podría no funcionar incluso entre las pacientes con este trastorno. En caso de que tras el diagnóstico se determine que alguien lo puede consumir, deberá esperar un buen rato antes de notar que se siente un poco más entusiasmada ante la idea de tener un agasaje erótico.
Eso quiere decir que, por desgracia, el avance que se anuncia en algunos sitios con bombo y platillo para impulsar el derecho de las mujeres a experimentar placer no es tan grande como parece ni el fármaco sirve para todas las demás disfunciones sexuales femeninas. Colgado de mitos anteriores, seguramente el Addyi tendrá poca gloria, mientras la industria farmacéutica se cuelga un milagrito pero sigue indiferente hacia esa problemática tan común y tan triste. Al fin y al cabo ya destinaron años, investigaciones y recursos de todo tipo para solucionar disfunciones de los hombres, ¿no?
***
DISFUNCIONES SEXUALES FEMENINAS
Las mujeres, jóvenes y maduras, pueden presentar disfunciones de cuatro tipos:
Del deseo
• Deseo sexual hipoactivo: casi nunca o nunca siente las ganas de tener una experiencia erótica ni tiene pensamientos o fantasías de esa índole. Poco o nunca promueve la actividad sexual.
• Deseo sexual hiperactivo: el apetito sexual se presenta con tal frecuencia e intensidad que interfiere con las actividades cotidianas de la mujer.
De la excitación
• Dificultad para “sentirse excitada” o lograr que su “vagina lubrique” o bien ambas cosas.
Del orgasmo
Dificultad para tener orgasmos. Tanto para que el cuerpo exprese las reacciones físicas del orgasmo como para “sentir” que se ha tenido uno.
Otras
• Vaginismo: los músculos que rodean la vagina se contraen, “se aprietan”, y es muy difícil o imposible la introducción del pene a la vagina.
• Dispareunia: se siente dolor físico en el área genital o sus alrededores, ya sea durante o después de la actividad sexual.
• La evitación fóbica del encuentro sexual: sufre un intenso malestar, temor, angustia, sensación de dificultad para respirar, sudoración y otros síntomas cuando se acerca la posibilidad de tener un encuentro erótico.
Las mujeres tienen derecho a una vida sexual plena, satisfactoria, saludable y enriquecedora. Si tienen problemas sexuales, busquen ayuda profesional.
Para saber más: www.amssac.org
VERÓNICA MAZA BUSTAMANTE
elsexodromo@hotmail.com
@draverotika
FB: La Doctora Verótika