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Sábado , 23.03.2019 / 21:11 Hoy

La fiesta del Ariel

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EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh


“No dejemos que nos hagan creer
que todo está perdido. ¡No!”:

Tatiana Huezo


El 11 de julio de 2017 en el Palacio de Bellas Artes se entregaron los Premios Ariel a lo mejor de la cinematografía, según el jurado de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.

Como escribió mi colega Álvaro Cueva, estos premios no son el Oscar. Muchas películas pueden carecer de distribuidora y las desconoce el público (en algunos casos, como la ganadora de este año: La cuarta compañía, ni siquiera la han visto quienes participaron en ella). Nunca falta el toque surrealista, como nominar a Danny Glover como Mejor Actor de 2017 (hubiera sido sensacional que ganara y Morgan Freeman subiera en su lugar).

En un taxi pasó por mí a MILENIO mi amiga la actriz Maya Mazariegos. Poco antes de llegar, me llamó por teléfono para decirme que se había caído, raspado las rodillas y que si no podía conseguir alcohol y algodón. Ya era tarde. Pregunté en el Oxxo de la esquina. No vendían alcohol ni algodón, pero compré un cuartito de Tonayan y una toallitas húmedas para las manos.

Al ingresar a Bellas Artes, podías canjear tu boleto de acceso por un brazalete para la fiesta que se realizaría en el legendario Salón Los Ángeles. Tras subir el elevador le pregunté a Mayita por los brazaletes, quien aseguró que yo los había guardado dentro en un sobre, pero no estaban allí. Busqué en todos lados; con desesperación y espanto supuse que los había extraviado, hasta que mi acompañante los encontró en su bolso.

La ceremonia fue austera por el recorte presupuestal a la cultura, pero lució elegante e imaginativa, bajo la dirección artística de Daniel Giménez Cacho, con la colaboración de Dolores Heredia y Antonio Muñohierro. La realización de In Memoriam fue de Ximena Cuevas y María José Cuevas. Las cápsulas de homenajes las realizó Mariana Rodríguez.

En el escenario no había más que un baterista: Mario García Cruz, quien acompañó los discursos con discretos solos y un remate para señalar que había llegado el momento del aplauso. También estaban los moneros en un escritorio (el Dr. Alderete y Alejandro Magallanes), quienes hacían dibujos y palabras que se incrustaban en el escenario (estuvo genial cuando José Carlos Ruiz dijo: “Si quitan los Arieles, los invito a ir a orinar sobre sus tumbas”, y le dibujaron las gotitas de pipí a un muñequito).

Dibujaban ojitos y muñequitas encueradas, trazos de colores que aparecían y desaparecían creando un efecto hipnótico; después de un rato ya no sabías quién había recibido qué premio ni qué había dicho.

El recorte presupuestal y la franca guerra del PRI-gobierno a la cultura (absolutamente comprensible, si observamos el nivelazo de nuestros gobernantes) encendieron los discursos, destacando las voces del actor Adrián Ladrón (ganador a Mejor Actor, en empate con José Carlos Ruiz), quien dijo: “Este país está desapareciendo”, y las palabras de Tatiana Huezo (ganadora de Mejor Largometraje Documental y la primer mujer en ganar Mejor Dirección, por La Tempestad). Me alegró su premio; la conocí en los 90, cuando ella estudiaba en el CCC (con Tatiana y otra amiga, Miriam Carvajal, probé mi primera cerveza michelada en un bar del Sanborns).

Las palabras contra la barbarie gubernamental se reflejaron en la pantalla, que por momentos parecía un pizarrón de un aula de sociología: “Democracia cultural, políticas públicas, dignidad, equidad, tolerancia, crimen organizado, levantar la voz, denunciar corrupción, etc.”

Les dieron Ariel de Oro a Lucero Isaac por su carrera como diseñadora artística y a la mítica estrella del burlesque y la pantalla grande: Isela Vega, sensación de la ceremonia, chacoteando como si estuviera en la sala de su casa, mientras Ofelia Medina hacía caravanas cual obra de teatro isabelino.

Al terminar el acto, me topé con varios cuates: Armando Vega Gil, Gina Cobos, Enrique Quintero, Alina Toalavía, Roberto Bolado, Jaime Ruiz El Pollo, Marcela Couturier, Mario Luna, Darío T. Pie, Fanny Contreras, Adrián Pastrana, Marisol Gasé, Ligia M. Oliver Manrique de Lara, Flavio González Mello, Ana Robledo, Luna Balvanera y Jaime Baksht, entre otros.

Muchos galardonados fueron a celebrar, unos al Sanborns de Bellas Artes, otros a las cenas que organizaron compañías productoras, solo para privilegiados. Yo fui al reventón del Salón Los Ángeles.

Conseguimos dos brazaletes más, para Itzel Ochoa Pix y su amigo Checo (al principio creí que era de Checoslovaquia, pero luego supe que es de Saltillo, Coahuila, se llama Checo Ballesteros y llegó a Ciudad de México en un tour con viejitas).

En la entrada me quitaron una botellita de agua, pero pude introducir el cuartito de Tonayan (que ayudó a las tres de la mañana, cuando cerraron la barra).

Jaime Baksht (con Ariel por Mejor Sonido) nos dio un aventón. Al ver el enorme e iluminado edificio de Relaciones Exteriores, preguntó: “¿Qué nuevo téibol es ese?”.

El próximo año me inscribiré a los Arieles para que, al ganar mi premio, pueda decir en mi speech: “¡Chaca, chaca!”, en honor al gran actor Luis Gimeno, recientemente fallecido, y a quien va dedicado este texto.

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