Expo Sexo y Entretenimiento: un privado compartido

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Tres pisos del edificio Expo Reforma destinados a ser sede de la exposición de sexualidad y erotismo abrieron sus puertas el viernes 31 de octubre para festejar a los difuntos alabando a la vida con los símbolos de la fertilidad, aquí la visión de una asistente primeriza.

Las puertas del elevador se separan, la luz parpadea un número cuatro y en cinco pasos estoy dentro. Aquellos hombres en brama a los que cargaron para apurar su salida son ya un recuerdo, la luz es fría y se complementa con borbotones de rayos disparados por máquinas de fotografía. Giro a la izquierda, la tarima sostiene cuatro pilares carnosos que con impacientes muslos, lencería multicolor y cuerpos ferozmente labrados se contonean en los escenarios creando ríos de baba escurridiza. Una impresionante pelirroja rusa lleva gordo rato siendo el centro gravitacional, su cuerpo roza la perfección de la estética establecida. Es un anime súpersexy de la vida real.

Apáticos pero calientes lucen los soñadores asistentes y más apáticos aún los rostros de una que otra esposa que más tarde elegirá entre una tanga de a diez, un caramelo con forma de falo sabor chocolate o un disfraz de marinerita sado. Distingo al frente tres pares de pantorrillas que avanzan en fila intentando seducir mientras sostienen pectorales marcados que sugieren son de lo mejor que el público femenino podrá disfrutar. Triste. Me dirijo al fondo, a este punto llevo un condón en la bolsa y tres folletos de ropa íntima. Me detengo, a la derecha las vitrinas exhiben frascos delicados con aceites prometedores que calientan la piel cuando son frotados y a la izquierda brillan los empaques de preservativos divertidos, sigo la vista y comienza el conteo de juguetes sexuales más los rostros desilusionados de los vendedores. Saco la cámara, capturo a un visitante que es escoltado por una seudoenfermera y una morena sensual. Son cincuenta pesos, le dicen.

Encajes de corsets negros con listones rosas, minivestidos de seducción y más tela transparente cortada a modo de sujetadores anteceden al puesto cervecero; es momento de partir. Dos pisos después el escenario indica que cambió de posición, pero la dinámica es igual aunque ya no está la del cabello rojo. Un animador con pinta de Juanito venido a menos pone el ambiente, los caballeros van y vienen, las muchachas baile y baile. Una sirena posa con un acelerado señor que rodea su cintura y plasma sus labios bajo su nuca y sobre sus hombros (¡iagh!). Ella se aleja y él, desesperado, reabre su cartera para deslizar otro billete que le compre seis segundos más con ella. Parece un privado compartido. Ella accede.

La onda teen se abre paso, la ropa es sugerente pero no compite con las prendas casi inexistentes que portan los otros cuerpos, lucen cabelleras de color azul, rojo, verde y rosa que en conjunto caen bien. La actitud es lo que cuenta y esas chicas lo saben. El rabillo de mi ojo gira involuntariamente mi cabeza y la dirige hacia uno de los pocos modelos dignos de ser morboseados en lo que va del recorrido. Es un moreno alto con proporciones definidas y ejercitadas ataviadas con un calzoncillo ceñido de color blanco. Me pone como si viera a Marlon Brando, quiero ver más. A mi lado va una pareja que supongo actuará, por lo que visten y las curvas poco pronunciadas que muestran seguro conforman el grupo de actores secundarios. Las escaleras me conducen al último escenario, el espectáculo principal alumbra a dos mujeres de veintitantos toqueteándose entre sí frente a la mirada expectativa de unos treinta sudorosos, luego vienen los cambios de coordinados, se envuelven con una tela que se convierte en vestidor y salen modelando. El público reza porque protuberancias broten de su cara y se vuelvan miles de ojos que registren todo lo que les rodea. No pasará.

Una chapulín colorado causa revuelo por sus exuberantes medidas, las instantáneas no dejan de sonar, click, click, click. La armonía sexual se interrumpe por un expendio de alegrías, amarantos y pepitas que se instalaron como el principal promotor de fantasía estilo Alameda. Busqué unos esquites, no había. Las fantasías lo abarcan casi todo, es una princesita vestida de cosplay que saluda desde la tarima alterna la que hace incluyente a ese lugar. Mi fantasía de ver rostros simétricos y músculos trabajados del sexo masculino quedará pendiente. Despido mi visita acaparando el colorido y las formas del todo, las consumo y me apeo hacia la salida. El frío otoñal me abriga y con los tres folletos convertidos en lencería me dirijo a casa a probar los atuendos.

KARINA VARGAS

@lula_walk

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