El Oso de Berlín

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EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh


¡Hey Bubu!:
el Oso Yogui.

Advertencia: Si no ha visto la película El renacido, lea hasta la parte del mapache vengador, pues más adelante se cuentan cosas explícitas de la cinta del Negro González Iñárritu. Gracias.

En 1969 tenía cinco años y vivía en mi natal Xalapa, Veracruz, que en aquel entonces tenía un zoológico en el Parque de los Tecajetes. En ese zoológico había un estanque con un montecito con pastito al centro, rodeado de un riachuelo de yeso pintado de azul, albergando unas nutrias. No sé cómo logré brincar el muro y pretendí acariciar una nutria, cuando la móndriga se me abalanzó ferozmente y tuve que echarme a correr, con todo y aparatos ortopédicos, volando por la barda. No sé cómo me salvé, no sé por qué nadie estaba allí cuidándome, solo sé que se me grabó vivamente en mi cabeza la enseñanza de que una nutria no es un animalito cariñoso del bosque, sino una bestia indómita que lucha por su supervivencia mediante métodos non gratos a las leyes civiles y militares.

La culpa la tienen los osos de peluche, que se ven tiernos, pachoncitos y abrazables. La competencia de los osos no se hizo esperar y en cualquier expendio de peluches se pueden encontrar ardillas, castores, erizos, ornitorrincos, animales que parecen adorables con sus bellas caritas y suaves cuerpecitos, pero que son de armas tomar cuando se les sale el walk in the wilde side, algo que debió aprender el ruso Alexander Kirilov, de 44 años en el 2010, al pretender violar a un mapache que le destrozó el pene a mordidas y arañazos, dejándole una enseñanza semejante a la mía, respecto a la diferencia entre los animalillos de ensueño y los del reino salvaje.

El oso de peluche tuvo una evolución dentro del arte cinematográfico (escribo así para que hagan director de TV UNAM), con Ted (Seth MaFarlane, 2012), quien mostró un oso de peluche menos cursi y más realista, pero el oso más grandioso del celuloide es sin duda el oso de El renacido (Alejandro González Iñarritu, 2015), presente en los Oscars.

El renacido no me gustó. Perdón. No creo ser un mal mexicano (hasta fui al Ángel a celebrar a DiCaprio), sino que esperaba algo más hollywoodense, con más aventuras y menos agonía. Claro, si sale Leonardo DiCaprio en vez de Macaulay Culkin es holywoodense, pero solo en cuanto a presupuesto, ya que su narrativa tiene pretensiones más experimentales, y quienes esperábamos un western tradicional nos llevamos un chasco, pues los apuntes hacia una película de acción se desdibujan en cuanto uno se percata de que al director no le interesan las aventuras, sino que vivas en carne propia la supervivencia del protagonista, maquillado para dar lástima y ganar el Oscar.

En mi modesta opinión, si Leonardo DiCaprio va hecho la madre sobre un caballo y cae por un precipicio, queremos ver que se levante milagrosamente, se unte algunas yerbas analgésicas en las heridas y continúe su camino hacia el fuerte para cumplir su venganza, como cualquier vaquero que se respete ¿Cómo se nos va a ocurrir a los espectadores que nuestro héroe va a retrasar la acción otros 15 minutos para meterse dentro del caballo muerto, cual artista del Semefo? ¿Tiene frío? ¿A quién le importa el maldito frío? Parafraseando a Juan Orol, diría que la gente no paga para ver a DiCaprio calentándose dentro de un caballo.

Una persona que se arrastra durante más de media película, evidentemente genera un ritmo más lento, al que debemos acoplarnos, como cuando acompañamos a una persona en bastón, pero si se trata de interpretar personajes que se arrastran, prefiero al DiCaprio del Lobo de Wall Street, en esa escena súper drogado, arrastrándose en la cocina, luchando contra Jonah Hill por una raya de coca (hubiera estado cura que Leonardo llegara a los Oscares arrastrándose por la alfombra roja).

El renacido me recordó Hombre muerto (Jim Jarmush, 1995) pero con mucho menos sentido del humor. Afortunadamente existe la escena del oso, aclamada por detractores y fans de la película, porque salva a la cinta de una inútil solemnidad, pues nadie puede reprimir las carcajadas cuando el oso se deja ir sobre DiCaprio a cachetada limpia, recordando los mejores guamazos de la Pájara Pegy al Vulgarcito. La secuencia culmina con un remate genial, muy Correcaminos y Ruffo El Coyote: DiCaprio cae por un barranco hacia un río y el oso, moribundo, ¡cae encima de él! ¡Glorioso!

La película no me gustó, pero es una propuesta arriesgada, con una realización que integra a la naturaleza de una manera majestuosa, mediante la fotografía del Chivo Lubezki y ese otro animal genial: el oso, que se merece más osos de Berlín que El Oso de Jean-Jaques Annaud, Grizzly, Ted y El Oso Carpintero juntos.

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