EL SEXÓDROMO
Verónica Maza Bustamante
Hay prácticas eróticas que llevamos a cabo sin ponerles nombre, sin saber si son comunes o no, muchas veces guiados por nuestro deseo, que nos puede llevar a acomodos y movimientos no programados que nos regalan grandes momentos de placer. Muchas de ellas han sido expuestas en películas (porno, por lo regular, o eróticas) y es por eso que sabemos de su existencia; otras han aparecido en escena debido a un escándalo, chisme, producción artística o prohibición. Este último es el caso del facesitting, esa bonita costumbre de "sentarse" sobre el rostro de la pareja para recibir sexo oral.
A finales del año pasado, en Reino Unido se realizó una enmienda a la ley que regula la pornografía en línea y televisiva, unificando los contenidos con los de las producciones que se venden en sex shops, en las que está prohibido realizar prácticas como el fisting (penetración con el puño), cierto tipo de dominación y el facesitting.
No entiendo cuáles fueron los parámetros de los políticos que la promovieron, pues las prácticas me parecen muy diferentes entre sí y la última es de esas en donde las mujeres pueden obtener gran placer. Quizá precisamente por eso: porque en esas escenas, cuando son heterosexuales, el hombre parece estar siendo sometido por la mujer, y eso no le suele gustar a uno que otro macho en el poder.
Curiosamente, al suceder esto en Inglaterra se comenzó a hablar más de la práctica en portales de internet de todo el mundo, que consideraron que el facesitting sería una de las acciones sensuales a realizar en este 2015 por los curiosos del erotismo que aún no se habían acercado a su vera.
Es importante separarla del BDSM o, cuando menos, ponerla en un cajón aparte, ya que si bien hay una persona debajo de la otra y es posible amarrarle las manos a quien está dando el sexo oral o apretar la anatomía para que su rostro quede apretado entre las piernas ajenas, también puede realizarse con suavidad, frotando más fuerte cuando se acerque el orgasmo. No tiene que ser una muestra de dominación únicamente.
He aprendido que lo realmente excitante en la práctica cotidiana, alejada del orpel del porno, no es aventarte de sentón ni frotarte con fuerza en plena nariz de quien te acompaña, sino moverse suavecito, con sutileza, a veces apenas rozando, otras con un poco más de furia corporal. Así, esta posición es buenísima para que las mujeres lleguemos al clímax. Por supuesto, no se trata de limitar: si alguien encuentra más excitante el tallarse con enjundia y los dos (o más) participantes están de acuerdo, ¡adelante!
Al tener el control de sus movimientos y de su cuerpo en general, ellas pueden acomodarse de tal manera que el clítoris quede al alcance de la lengua ajena, oscilando la cadera hacia delante y atrás, hacia cada lado, con el ritmo que prefieran para estimular esa zona. Es mucho mejor si se pueden apoyar contra una pared o sujetar de una cabecera, pues esto les servirá de sostén para controlar los movimientos y hacerlo tan sutil como se desee. Otra opción es sentarse en la esquina de la cama y que el Romeo esté acomodado en el piso, "metiendo" la carita en la pecera, como cantaría Juan Luis Guerra.
Ella también puede estar de rodillas, como en la postura de la Amazona pero colocada más adelante y con la espalda recta, o sentada de cuclillas (para lo cual necesita mayor fuerza en las piernas o apoyarse de su pareja, quien deberá doblar los brazos por los codos y poner las manos abiertas con las palmas hacia arriba para que ella pueda sujetarse).
Aunque pareciera que esta práctica es solo para que la del sexo femenino llegue al orgasmo y quien esté debajo se excite por la novedad que genera el cambio de postura, en realidad los hombres pueden sentir o experimentar algo semejante. En este caso no existirá la presión física de estar sentado encima de alguien (o sí, en caso de que ella lo acepte y, sobre todo, aguante el peso), pero se puede colocar de rodillas a la altura de la boca de quien lo acompaña en la cama para permitir que le hagan un rico fellatio. Recomiendo que coloquen las manos en la pared, para que no les gane el peso del cuerpo, que se queden quietos al principio, sintiendo lo que la pareja hace (le permitirá a ésta improvisar y dejarse llevar) para, después de un rato, poder moverse a su antojo, previo acuerdo de la compañera(o).
Lo mejor, al estar desnudos y en compañía, lo he dicho e insisto, es dejarse llevar. Preguntar, si es algo nuevo, si se aprueba el viaje y comenzar lentamente si la pareja es tímida, pero navegar como en un barco que va de las aguas tranquilas a la tormenta, disfrutando cada temporal durante la travesía. Sentados o de pie o acostados, lo importante es sentir, sentir, sentir...
* * * * * *

La historia de A
Cuando me preguntan cuáles son mis libros eróticos favoritos trato de variar títulos para dar a conocer un número mayor de ejemplares, pero por lo regular menciono La historia de O como mi volumen favorito de todos los tiempos. Dependiendo de quiénes estén conmigo, el título les puede sonar conocido, pero por lo regular no saben quién es su autor o autora, quizá porque su caso es interesante, ya que ostenta tres nombres y lo erótico no fue el género que la caracterizó.
Bautizada con el nombre de Anne Desclos, nació el 23 de septiembre de 1907 en Rochefort-sur-Mer, Charente-Maritime, Francia, pero fue bajo el pseudónimo de Pauline Reáge que escribió ese libro mítico sobre la dominación y la sumisión, así como la posibilidad de vivir acorde a nuestros deseos más profundos.
La escritora fue una intelectual de su tiempo, conocida con un tercer nombre: Dominique Aury, quien a lo largo de su vida (murió a los 90 años) fue traductora, crítica de cine y editora, siendo la única mujer que se sentó en el comité de evaluación de la editora Gallimard, además de miembro de la Légion d'Honneur.
Cuatro años antes de su fallecimiento, reveló que en realidad las peripecias vividas por O las había escrito porque deseaba ligarse al autor del prólogo, Jean Paulhan, al que conoció durante la ocupación alemana, cuando ella distribuía una revista llamada Lettres Françaises. Pauline-Dominique-Anne estaba en un temporal lecho de enferma y no creía ser lo suficientemente guapa y sensual para conquistar al galán, así que busco en su imaginación y su intelecto las herramientas de conquista, poniéndose a escribir en su cuaderno de escuela.
En 1955 le otorgaron el premio literario francés Les Deux Magot por este volumen y a lo largo de su vida defendió la bisexualidad femenina; sin embargo, durante décadas se creyó que el autor era un hombre con pseudónimo femenino, hasta que Aury reconoció ser la autora.
Ya sea por lo narrado en el libro, por la prosa gozosa con la que fue escrito o por el misterio que rodea a su autora, siempre será buen momento de adentrarnos a las páginas de La historia de O.
* * * * * *

Cinco canciones con orgasmo
Hay canciones muy sensuales, otras que describen el acto erótico y unas más en donde los cantantes parecen estarse orgasmeando entre estrofa y estrofa. Estas son algunas de ellas, para que las escuchen esta noche:
1. “Orgasm”,
de Prince.
2. “Je t’Aime… Moi Non Plus,
de Jane Birkin & Serge Gainsbourg.
3. “Whole Lotta Love”,
de Led Zeppelin.
4. “Hold Me, Thrill Me, Kiss Me, Kill Me”,
de U2.
5. “Erotica”,
con Madonna.

elsexodromo@hotmail.com
@draverotika
FB: La Doctora Verótika