De amor y eyaculaciones

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EL SEXÓDROMO


Verónica Maza Bustamante

elsexodromo@hotmail.com

@draverotika

FB: La Doctora Verótika


8. ¿Qué es “hacer el amor”?

Esa frase la he dicho yo, mi madre, mi abuela, toda la gente que conozco. ¿Pero por qué la repetimos? ¿Qué valor le damos? ¿Cuál es su origen? En el portal Guioteca dan algunos datos interesantes: entre los siglos XVIII y XIX se acuñó esta frase en Europa, particularmente en Francia, donde se comenzó a decir “faire l’amour” como una forma de evitar nombrar la palabra sexo. “Era el fin de la Época Moderna y el inicio de la Contemporánea. Era el momento de los ilustrados, los políticos y escritores, de los hijos de la Revolución. La razón estaba sobre la fe, y la literatura se volcó nuevamente al romance”, se explica.

Al hablar de “l’amour” involucraban al romance y a la afectividad en la pareja. Ya no era como en la Edad Media, donde el coito era un acto para procrear y no solía ir acompañado de un sentimiento más profundo que el de un rápido orgasmo para los hombres. Pero, entonces, creo yo, pasamos de un extremo al otro: se comenzó a decir “hacer el amor” (la traducción al español de la frase, que llegó con los españoles y otros europeos a México) para referirse a la posibilidad de involucrar sentimientos cuando dos personas disfrutaban de la práctica erótica, y con ello se volvió a sentenciar al disfrute sexual: comenzó a considerarse una obligación que hubiera un vínculo amoroso para experimentarla. Podía ser que las personas llevaran a cabo una práctica erótica sin tener la obligación de hacerlo para engendrar hijos, pero no podían, o eran mal vistos, si no había una relación amorosa de por medio.

Cuando yo era joven aún te decían las mamás que para “dar el gran paso” de “perder la virginidad” tenías que estar enamorada de esa persona. No te ofrecían condones ni te explicaban las maneras en que podías evitar embarazarte, pero sí te insistían en entregar tu “tesoro” a tu novio o flamante esposo. Ahora las cosas han cambiado, por fortuna, aunque no del todo. Comienza a entenderse la diferencia entre conceptos y entre sentimientos. Puedes tener un encuentro erótico fenomenal sin estar enamorada de esa persona (la atracción física es otra cosa, y esa suele estar implícita) y la gente lo hace. Pero suele sentir culpa. Algun@s lo hacen por placer pero después se culpabilizan porque se sienten “animales”, actuando únicamente a favor de sus deseos, olvidándose de los sentimientos.

Es cierto también que sentir eso que llaman amor por una persona y tener encuentros eróticos con ella puede resultar un combo ganador al representar una experiencia integral. Pero estar enamoradas o enamorados de alguien no nos garantiza que con esa persona tendremos mejor sexo debido a ello. El sentimiento enriquece el asunto, pero tener encuentros sexuales placenteros también va de la mano de muchos otros aspectos: de nuestra capacidad de asombro y de exploración, de nuestra bondad para ofrecernos plenamente y hacer gozar a quien nos acompaña, de la posibilidad de olvidarnos del tiempo, de todas las maneras en que corporal y anímicamente reaccionamos cuando compartimos ese momento inigualable llamado orgasmo.

El sexo nos puede acercar al amor y el amor al sexo. Son una bonita mezcla, pero cada palabra existe por separado. Podemos unirlas, pero también ejercerlas de forma individual (incluso llegando a amar a alguien profundamente y no por ello desearlo sexualmente). Tendríamos que nombrar cada uno como quisiéramos a ese acto tratando de quitarle prejuicios, culpas, insatisfacciones y miedos.

La frase que sí aplicaría es la de “hacernos el amor”. El amor por nosotros mismos debe estar implícito siempre, en cada acostón, faje, agasaje, tengamos sentimientos amorosos o no por quien nos acompaña.


9. ¿La eyaculación precoz es un padecimiento de hombres jóvenes?

Vivimos en una sociedad que constantemente nos presiona de muchas maneras. El ámbito sexual es uno de los más afectados. Sí, hemos creado un mundo hipersexualizado pero no de la manera correcta o que podría ayudarnos a vivir mejor. Se publican estadísticas que afirman tener la cifra exacta y hasta que salga otra que la contradiga, quienes la leyeron se quedan con la idea de un tiempo preciso. Si no es el suyo, se sienten mal.

Insisto: si nos olvidamos de la duración de la penetración y la vemos como una posibilidad entre muchas al momento del encuentro erótico, entonces el tiempo no importa. Sin embargo, es cierto también que existe una situación médica que puede llevar a que un hombre eyacule poco tiempo antes de o apenas llegue a penetrar a su pareja. Hoy en día los sexólogos y urólogos ya no suelen diagnosticar de acuerdo con el número de minutos que haya durado la erección antes del orgasmo, sino con la satisfacción que el encuentro produce. Si ambos miembros de la pareja están insatisfechos con ello y este factor causa problemas en su relación sexual y amorosa, entonces deben buscar tratamiento.

Es el problema sexual más común en los hombres y en algunos se da de manera ocasional, lo cual no debe ser un factor de estrés en la cama. Y aunque la incidencia es ligeramente más alta en varones jóvenes, pasa en todas las edades. A veces tiene que ver con la novedad de la experiencia sexual (una pareja nueva o una situación distinta) que con la edad en sí, como se explica el doctor Luis Rodríguez-Vela.

“El varón afectado está tan preocupado por controlar su eyaculación que no logra disfrutar del acto sexual. La repercusión sobre la mujer se puede manifestar en una disminución de su placer y en incapacidad para lograr el orgasmo. Un estudio reciente concluye que existe una fuerte asociación entre eyaculación precoz en el varón y disfunción sexual en su pareja”, explica en el portal del Instituto Urología y Medicina Sexual.

Existen problemas psicológicos y orgánicos que pueden producir esta situación. “La mayor parte de los hombres experimentan eyaculaciones rápidas en sus primeras experiencias sexuales. Habitualmente, el hombre aprende a controlar la rapidez de sus eyaculaciones a medida que aumenta su experiencia en las relaciones sexuales y que el entorno en el que se realizan le ofrece una mayor seguridad.

“Las principales causas psicológicas de la incapacidad para controlar la eyaculación son la ansiedad, el sentimiento de culpa, un aprendizaje dificultoso y el miedo a no ser un buen amante. Todos estos sentimientos negativos crecen con los sucesivos fallos y cada vez se produce mayor ansiedad y frustración. También puede estar relacionada con problemas orgánicos: prostatitis crónica, ingesta de fármacos, problemas de tiroides, enfermedades neurológicas. En muchas ocasiones las cusas orgánicas y psicógenas interactúan entre sí y se potencian.”, señala el doctor Rodríguez-Vela.

Existe tratamiento psicológico y farmacológico para ello.

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