Castro santero

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EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh

“La mala suerte no se tiene, se busca”:
Refrán yoruba

Fidel Castro, Napoleón Bonaparte y Nicolás Maquiavelo tienen en común tres cosas: excesiva temeridad, longevidad y la protección ilógica, contundente e inobjetable de aliados inmateriales.

Nicolás Maquiavelo, sin ser exactamente militar (aunque creó y condujo un ejército con civiles en Florencia) fue más peligroso por adelantarse a su época (como Galileo) y se le encarceló y torturó, aunque terminó sus días tranquilamente en su granja, donde labraba la tierra, tomaba un baño y por la noche se vestía con los ropajes de sus tiempos diplomáticos, se servía una copa de vino y conversaba con Césares y filósofos imaginarios.

Maquiavelo no solo exigía “buena suerte” como requisito para triunfar en política, sino que él mismo consultaba magos para tomar decisiones. Además de coincidir con el Renacimiento esotérico que incorporó la brujería popular a la filosofía natural (Pico della Mirandola, Marsilio Ficino, Giordano Bruno, Cornelio Agripa), entabló amistad con el duque Ludovico Sforza (quien tuviera a su servicio como jefe de banquetes a Leonardo Da Vinci, artista extravagante sospechoso de pertenecer al Priorato de Sion), quien legara a la humanidad el primer modelo de Tarot artísticamente recreado en tabletas, según los Arcanos de las pitonisas de la época.

Napoleón Bonaparte (como Fidel Castro) marchaba en la primera línea del batallón, no lo tocó ni una bala, lo exiliaron a una isla, se escapó, le enviaron ejército para combatirlo, el ejército se unió a él, lo volvieron a vencer, lo volvieron a mandar a otra isla y allí se murió de viejo, tomando vino frente al mar.

La mayoría de sus campañas militares tenían una justificación lógica (en términos de expansión territorial), pero no Egipto, especialmente las pirámides y su enfermiza obsesión por la Piedra Roseta, que contenía la clave de los jeroglíficos, disputada a muerte con los ingleses. Napoleón sabía cosas.

La santería es una religión practicada en Cuba desde que llegaron los esclavos africanos a la Isla. Es el sincretismo de varias prácticas africanas reunidas en un barco rumbo a América junto con las prácticas mágico-religiosas españolas (los puristas dirán que yo deliro, que la santería es resultado de prácticas mágico-religiosas de origen africano que se disfrazaron de símbolos católicos para persistir, pero olvidan que la mayoría de los españoles que pisaron nuestras tierras eran andaluces, y estos ya traían prácticas y creencias africanas e hindúes, por la mezcla gitana y su cercanía con el norte de África, bajo el Peñón de Gibraltar.

Aunque en la Cuba actual el catolicismo salió del clóset, y abunda el ateísmo, la santería siempre ha sido la religión de arraigo popular por excelencia, y quien tiene un buen Padrino obedece al pie de la Letra de Ifá (oráculo), y hace Ebbó (ofrenda), se le abren los caminos (mucho delincuente ignorante suele caer en manos de impostores que se hacen pasar por sacerdotes santeros, quienes les venden una cubeta de cemento como Orisha y les prometen hacerlos invencibles; no se engañen, ninguna religión ni creencia respetable protege maleantes; tarde o temprano les van a balacear las nalgas).

Cuenta el patakí (leyenda) que Fulgencio Batista, el dictador al que se enfrentó Fidel Castro, también tenía un santero muy bueno que le permitió escapar con vida de la Revolución cubana, llevándose todo el dinero para estirar la pata de viejo en Marbella, España, tomando un vino frente al mar, pero no tan bueno como el Padrino de Fidel Castro, quien la libró de 300 intentos de asesinato y de morir aquella noche del 25 de noviembre de 1956, cuando naufragó la embarcación Granma, con armamento para la guerrilla (casualmente, 60 años después, en esa misma fecha murió el longevo líder de la Revolución cubana, con un mojito frente al mar).

Yo tuve contacto con la santería cuando grabé dos documentales para Tv UNAM en 1992: Frontera azul y Frontera Negra, sobre el Festival de la Cultura del Caribe, en Santiago de Cuba.

Grabé una ceremonia palera (que trabaja más con muertos que con deidades), en cierto modo puesta en escena para el turismo, pero aún así emocionalmente fuerte: tambores y sacrificio de gallos, gallinas y cerdos; a una alemana se le “subió” el muerto y entró en trance. Pero lo más importante es que a cambió de un reloj, me dieron el libro Los Orishas en Cuba, de Natalia Bolívar Aristeguí, donde comenzó mi interés y posterior ingreso a la santería (de origen afroamericano) y después a Ifá (la raíz africana yoruba).

A diferencia de Fidel Castro yo no supe valorar mi religión. Por una mujer me deshice de todo: Orishas, Guerreros, collares, muerto, hasta de mis libros, todo lo tiré. Afortunadamente tengo lo principal: el conocimiento. La próxima semana les compartiré la filosofía detrás de la primera religión del mundo y las consecuencias de mi atrevimiento.

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