Bob Dylan de la A a la Y

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Xavier Quirarte


¿Te entristecen los que odian y los asesinos perturbados?/ ¿Te marean los sermones y los políticos?/ ¿La quema de autobuses lastima tu corazón?/ Entonces me has oído cantar y conoces mi nombre.

Bob Dylan, “Train A-Travelin’”

Y el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra rodante contra el Premio Nobel de Literatura 2016. O el primer “canto que rueda”, si nos atenemos a la traducción que Miquel Izquierdo, José Moreno y Bernardo Domínguez Reyes emprendieron con la canción “Like a Rolling Stone” de Bob Dylan en Letras completas 1962-2012 (Malpaso Ediciones, 2016).

Desde años atrás el cantante y compositor estadunidense había figurado en las listas de los postulados para el galardón. Todo habría quedado en una mera anécdota en los anales de las letras, si a la Academia Sueca no se le hubiera ocurrido elegirlo. En pleno escándalo, Dylan siguió adelante con lo que mejor sabe hacer: cantar sus canciones en agotadoras giras. Y fue durante su paso por Suecia que, por fin, recogió el Nobel en ceremonia privada.

No vamos a discutir si sus canciones son o no literatura, pero sin duda constituyen un legado importante de la música del siglo XX y parte del XXI. Llámenle oportunismo oportuno, pero la edición de Letras completas 1962-2012 es una herramienta de consulta necesaria para quienes quieran acercarse, en español y en inglés, al cancionero dylaniano, así como algunas claves para entender lo que el señor quiso decir (o lo que creen que quiso decir).

En el prólogo del voluminoso libro, Diego A. Manrique escribe que “recurrimos a la lectura atenta de sus letras para apreciar mejor sus recursos retóricos: asonancias, clisés, repeticiones, aliteraciones, arcaísmos, jergas, citas, parodias, humor. Comprobamos entonces que se trata de un creador estadunidense hasta la médula, aunque imbricado en la cultura europea y deudor de ese legado universal que es la Biblia.”

En su introducción, Miquel Izquierdo compara a Dylan con Picasso, al recordar que el propio músico admiraba al pintor español en estos términos: “Caray, sin duda Picasso no andaba haraganeando por las aceras ni la vida le había pasado de largo aún. Picasso había fracturado el mundo del arte y abierto en él una brecha enorme. Era un revolucionario. Yo quería ser así”.

Para Izquierdo, “esta arrojada resolución en su búsqueda artística, identitaria si se quiere, se muestra recurrente en la obra del bardo porque es el camino consciente hacia la configuración de una personalidad musical e intelectual únicas: su finalidad en el mundo.”

Como leer la Biblia

Múltiples son las referencias de Bob Dylan a la Biblia –que alguna vez calificó como el libro más sobrevalorado y el más subvalorado de la historia–, pero también hay muchas otras fuentes. Desde las literarias, en las que abunda la obra de Shakespeare, pero también de Hardy, Blake, Keats, Poe, Wilde, Baudelaire, Cummings, Kerouac y muchos otros, pasando por cuentos infantiles, baladas tradicionales, canciones folclóricas, espirituales negros, blues, espectáculos circenses, himnos religiosos, películas de Hollywood, villancicos, canciones country y todo lo que se les ocurra.

Los traductores, además de dar algunos pormenores sobre su desesperada tarea y las soluciones a las que llegaron, advierten que en las letras de las canciones “encontrarán una sintaxis tortuosa cuando no intransitable, metáforas descabelladas o decapitadas, alusiones enigmáticas, oraciones truncadas, citas encubiertas o descubiertas, visiones herméticas, cartas sacadas de la manga, juegos de manos y de palabras, ambigüedades, zumbidos, equívocos, caprichos, extravagancias, caminos sin retorno, cantos que ruedan y balas perdidas…”

Las balas y los cantos dan en el blanco, a veces de lleno o de rozón. Leer las letras de Dylan es como asomarse a las páginas de la Biblia: puedes ser creyente o no, pero algo en sus metáforas parece hablarte. Al escoger una página al azar te topas con “Money Blues”, que proclama: “Los precios se inflan/ Como las ruedas de un coche/ Vino un tipo y se llevó mi Chevy/ Menos mal que había escondido mi guitarra.” O con “Outlaw Blues”, que afirma: “Desearía estar en una/ Cordillera australiana/ No hay motivo para ir allí/ Pero al menos sería un cambio”.

Y para levantar el ánimo –pues al menos alguien está peor que uno–, un fragmento de “Talkin’ World War III Blues”: “Me sentía solo y triste/ Necesitaba hablar con alguien/ Así que llamé al reloj telefónico/ Sólo para oír una voz cualquiera/ ‘Al oír el bip serán las tres’/ Repitió eso durante más de una hora/ Y colgué el teléfono”.

The mexican connection

Alimentemos nuestro chovinismo, porque Dylan ha incluido a México varias veces en sus canciones, desde “Farewell”, escrita en 1963, que pregona: “Esto es la despedida, amor mío / Partiré al alba / Hacia la Bahía de México”, hasta “If You Ever Go to Houston”, donde menciona: “Conozco estas calles / He estado allí antes/ Casi me matan allí / Cuando la Guerra de México”.

“Just Like Tom Thumb’s Blues” abre con la frase: “Cuando te pierdas bajo la lluvia en Juárez / Y además es domingo de Pascua / Y te falla la gravedad / Y el pesimismo no te saca de apuros…”. Mejor no seguir... No por nada, citan los editores, al referirse a “Desolation Row” Dylan dijo que el pasaje de la desolación está “en algún lugar de México”, aunque en “Wanted Man” canta: “Acabé por error en Juárez con Juanita en el regazo”.

Los viajes dylanianos lo llevan a uno de nuestros puertos famosos en “Goin’ to Acapulco’: “Voy a Acapulco, estoy en fuga / Voy a ver la panza gorda, voy a disfrutar”. Los editores piensan que el Taj Mahal mencionado en la canción se refiere al club nocturno que era parte del famoso Armando’s Le Club. Luego nos lleva a otro estado menos garboso en “Romance in Durango”, escrita con Jacques Levi, que contiene algunas frases en español (cursivas): “No llores, mi querida / Dios nos vigila / pronto llegaremos a Durango /Agárrame mi vida / El desierto ya se acaba / Y pronto bailaremos fandango”.

Para nuestro beneplácito, Bob Dylan grabó el soundtrack de Pat Garrett & Billy the Kid en los Estudios Columbia del entonces Distrito Federal en 1973, en tanto que en “Something’s Burning” canta sobre un poblado mexicano: “Lo noto en el polvo al bajar del autobús en las afueras del pueblo / Me acompaña el blues de México desde la última curva cerrada”. En “Brownsville Girl” uno de sus personajes cruza la frontera: “Y dormimos cerca de El Álamo, tu piel era tierna y suave / Y ya en México fuiste a buscar un médico y nunca regresaste”.

Si hemos hablado de Bob Dylan de la A a la Y, es porque la antología inicia con “A Hard Rain’s A-Gonna Fall” y concluye con “You’re Gonna Make Me Lonesome When You Go”. Ni una canción con Z, pero todavía hay tiempo, no desesperemos.

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