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Viernes , 22.03.2019 / 19:25 Hoy

'American Psycho'

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EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh

“Donald Trump sabe cómo manipular a una población apendejada. No es tan estúpido como parece. Deberían tomarlo en serio”:
Michael Moore

El domingo 12 de junio, un psycho killer de nombre Omar Mir Seddique Mateen entró al club gay Pulse y disparó contra la concurrencia, dejando un saldo de 49 muertos y un número semejante de heridos. Este tipo de sucesos son frecuentes (y hasta normales) en Estados Unidos, pero ahora llama la atención que el asesino es homofóbico y presuntamente terrorista.

La homofobia no existe como auténtica psicopatología, al estilo del miedo irracional a las arañas (aracnofobia), a las alturas (acrofobia) o a las palabras largas (hipopotomonstrosesquipedaliofobia). Al homófobo no le causa terror un ser gay, sino que siente odio y desprecio; más que un trastorno psicológico, el rechazo hacia las personas homosexuales es consecuencia de arraigados prejuicios culturales. En lugar de homofobia, ese trastorno debería llamarse homosexualidad no asumida agresiva.

Tampoco creo que el asesino sea terrorista. Fan del islamismo podría ser, pero hasta el momento no se ha presentado una prueba de que el tipo haya matado por razones político-religiosas. Se necesita ser muy pendejo para culpar a alguien por declarar al 911 “fidelidad al Estado Islámico”, culpabilidad que no ha sido confirmada por ninguna investigación seria, que diga: “¡A huevo!, estos fueron sus contactos y pertenece a tal célula” (hasta parecen tiras mexicanos). El Estado Islámico se aprovechó de la declaración para atribuirse el atentado; para colmo, tanto Obama como Trump usaron al loquito para tirarle lodo a los musulmanes y afirmar que la masacre fue un acto terrorista (a los gringos les gusta vivir en el terrorismo, pues su ego crece cuando otros se toman la molestia causarles atentados).

Solo un imperio en decadencia puede querer que exista el terrorismo en su propio territorio, para justificar su xenofobia y mandar bombas al Medio Oriente. Desear el terrorismo “para combatirlo” es absurdo (como las drogas, que se prohíben para combatirlas y encarecer la mercancía).

Antes que homófobo y terrorista, el asesino de marras es gringo, así se explica todo. Estados Unidos produce asesinos como los argentinos futbolistas y Venezuela Misses Universo. Ni en Italia, Finlandia, Paraguay, Filipinas, Trinidad y Tobago se acostumbra que los francotiradores se metan a las escuelas a dispararles a los alumnos o que alguien entre a un negocio y se ponga a acribillar a la clientela; aparte, los mejores asesinos seriales han sido gringos.

El cuestionario que las autoridades migratorias estadunidenses te obligan a llenar cuando vas a ingresar a su patria, con la pregunta: “¿Viene para matar al presidente de Estados Unidos?”, deberían aplicárselos a ellos mismos cuando viajan a otros países, pues el hecho de ser gringo automáticamente ya te hace propenso al asesinato (lo mismo que algunos habitantes de países nórdicos son propensos al suicidio y los brasileños a vivir la vida); como gringo te vuelves potencialmente un peligro para el mundo.

Estados Unidos impone sus modelos ideológicos a través de películas y programas de televisión, donde la exaltación de la violencia no es grave, sino por el contrario, resulta divertida, liberadora, emocionante, catártica y, en algunos casos, hasta artística (con directores como Brian De Palma, Martin Scorserse, Quentin Tarantino). El problema es cuando los gringos ya no saben distinguir entre la violencia ficticia y la real.

Papá-gobierno les ha dado todo: cervezas, donas, hot dogs, Disneylandia, menos cultura. Un gringo promedio no sabe dónde está la Muralla China, solo cómo apretar botones para jugar a los balazos. Charles Manson tenía razón cuando dijo: “Esas criaturas que van por la calle con cuchillos son sus hijos, yo no les enseñé nada, lo hicieron ustedes”. Un papá-gobierno que educa a sus hijos en la prepotencia, aplaudiendo el abuso sobre los más débiles, el acoso, el bullying, dizque fomentando “el heroísmo” por defender al mundo libre a punta de chilazos, está creando hijitos loquitos que ponen en peligro a sus primitos de otras naciones. Los extraterrestres se preguntarán: “¿Por qué los terrícolas permiten ser gobernados por incultos?”. Ah, pos porque en este planeta los incultos tienen el poder, y si el presidente gringo quiere exterminar mexicanos, hispanos, musulmanes, gais, abortistas, judíos, gitanos, pordioseros, ballenas, pingüinos, jugadores de boliche o lo que se le dé su inculta y regalada gana, ¿quién se lo va a impedir, si lo protegen las fuerzas del Pentágono?

La masacre de Orlando es la primera llamada del último gran show apocalíptico americano.

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