Los trastornos de conducta alimentaria (TCA) pueden comenzar con señales sutiles que pueden pasar desapercibidas tanto en casa como en la escuela. Algunas de las primeras alertas se observan en cambios de comportamiento relacionados con la comida, como evitar sentarse a la mesa en familia, justificar constantemente que ya comieron, aislarse durante las comidas o mostrar una obsesión por alimentos considerados saludables.
A decir de Celeste Caldera, psicóloga y psicoterapeuta familiar y de pareja, estos padecimientos no afectan únicamente a mujeres o personas delgadas, como comúnmente se cree, los trastornos de conducta alimentaria pueden desarrollarse de manera silenciosa en niños y adolescentes y aún persisten mitos que dificultan detectar el problema a tiempo.
"Se pueden presentar cambios emocionales y de comportamiento, entre ellos ansiedad, perfeccionismo, necesidad excesiva de control, baja autoestima y comparaciones constantes con influencers, artistas o figuras de redes sociales. Algunos adolescentes comienzan a usar ropa muy holgada para ocultar cambios corporales", advierte.
Celeste Caldera, quien también cuenta con certificación en inteligencia emocional para niños y adolescentes, explica que durante la adolescencia y preadolescencia los cambios físicos pueden generar inseguridades, especialmente cuando existe presión social por cumplir estándares corporales. "Algunos jóvenes desarrollan conductas rígidas relacionadas con el ejercicio o el rendimiento académico y reciben reconocimiento por ello, lo que puede reforzar prácticas poco saludables".
Para la especialista los TCA también pueden manifestarse mediante síntomas físicos como caída del cabello, problemas para dormir, cambios bruscos de peso, molestias gastrointestinales, vómitos recurrentes y episodios de atracones seguidos de restricción alimentaria.
Respecto a la diferencia entre una alimentación saludable y un trastorno alimentario, sostiene que el problema comienza cuando la motivación principal deja de ser el bienestar y se centra únicamente en la apariencia física o el miedo a subir de peso.
"Cuando el valor personal depende de la comida o del cuerpo, ya no hablamos de hábitos saludables. Muchas personas desarrollan pensamiento dicotómico, es decir, clasifican los alimentos como buenos o malos, lo que puede derivar en angustia, culpa y conductas restrictivas", señala.
Redes sociales
La psicoterapeuta subrayó, que las redes sociales impactan en la imagen corporal, especialmente entre niños y adolescentes considerados nativos digitales, ya que muchos crecen expuestos a filtros, fotografías editadas y estándares irreales de belleza que terminan influyendo en la percepción de sí mismos.
Asimismo, indicó que actualmente existe un resurgimiento de estándares de delgadez extrema disfrazados de disciplina o estilo de vida fitness, lo que incrementa la presión social sobre los jóvenes."Culturalmente se sigue asociando la delgadez con salud, aunque el peso corporal no determina el estado físico ni emocional de una persona. Hay cuerpos diversos con hábitos saludables y personas delgadas con mala salud”, afirmó.
Por ello, consideró necesario cambiar la narrativa social y dejar de elogiar únicamente la apariencia física para enfocarse en el bienestar emocional, el descanso, el autocuidado y los hábitos sostenibles.
Enfatizó que el trabajo terapéutico consiste en ayudar a niños y adolescentes a entender que su valor personal no depende de su físico, por lo que es necesario trabajar la autoestima, identidad, regulación emocional, autocompasión y pensamiento crítico. "Los comentarios cotidianos sobre peso, dietas o alimentos prohibidos pueden tener un fuerte impacto emocional en menores de edad".
Recuerda el caso de una niña de cinco años que comenzó a dejar de comer y provocarse el vómito. Tras analizar la situación, se identificó que en el entorno familiar predominaban conversaciones sobre dietas, pérdida de peso y apariencia física, además de existir poca convivencia familiar. "Hay que evitar etiquetar alimentos como buenos o malos, fomentar la actividad física y crear espacios seguros donde niños y adolescentes puedan expresar sus emociones".
La especialista recomienda enseñar a los niños, niñas o adolescentes a restringir contenidos negativos en cuando a su salud física, psicológica y emocional, ya que actualmente existen grupos en redes sociales como Ana y Mía, donde se abordan prácticas dañinas en el que normalizan distintos tipos de violencia hacia el cuerpo y la salud mental.
Finalmente invita a madres, padres y cuidadores monitorear el uso de redes sociales y acompañar activamente el desarrollo emocional de niños y adolescentes. "Prevenir un trastorno alimentario no empieza hablando de comida, sino construyendo un hogar donde los hijos sientan que su valor no depende de cómo se ven", concluyó.