Como parte del buen desarrollo académico de niñas y niños, el mantener una sana convivencia dentro del salón de clases, es un factor determinante. A decir de Karen Sofía Soto Guzmán, maestra en Psicología Clínica, existen diversas señales que alertan sobre un deterioro en la interacción entre alumnos, las cuales pueden impactar de forma directa en su aprendizaje.
Soto Guzmán explica que algunas de las problemáticas que se llegan a observar es la violencia, la exclusión y la falta de participación en actividades grupales. "Estos factores no solo afectan el rendimiento académico, sino también el estado emocional de los alumnos. Podemos observar niños que no están aprendiendo adecuadamente o que se aíslan dentro del grupo, lo cual refleja un impacto negativo en su desarrollo".
La especialista destaca que en estos casos, el maestro debe tomar acciones como son: promover el respeto, la empatía y la inclusión desde el aula, ya que esto permite generar ambientes más colaborativos, especialmente cuando se trata de estudiantes con condiciones diversas, como trastornos del espectro autista o dificultades de aprendizaje.
"Es importante diferenciar entre conflictos naturales y casos de acoso escolar o bullying. La violencia no siempre es física, también puede manifestarse a través de humillaciones, burlas o exclusión. Recomiendo el uso de herramientas como el violentómetro, que permite identificar distintos niveles de agresión, incluso aquellos menos visibles", sostiene.
Emociones en los infantes
En cuanto a las emociones, Soto Guzmán indica que estas influyen directamente en el desempeño y la socialización de los estudiantes, ya que al encontrarse en un ambiente positivo, se favorece la autoestima, la confianza y la motivación, mientras que el estrés o la ansiedad pueden limitar el aprendizaje.
Para fomentar una disciplina positiva, Sofía Soto propone utilizar dinámicas visuales, por ejemplo, un semáforo de conducta que clasifique el desempeño de los alumnos en colores (verde, amarillo y rojo). "Este método permite corregir conductas sin recurrir al castigo, incentivando la mejora continua mediante la motivación".
Finalmente, destaca que es indispensable que padres de familia y docentes trabajen de manera conjunta ya que el entorno familiar influye directamente en el comportamiento escolar. "Si en casa hay violencia los niños tienden a replicarlo en la escuela. La construcción de una convivencia escolar sana no solo mejora el ambiente en el aula, sino que también sienta las bases para el desarrollo integral de los estudiantes, dentro y fuera de la escuela".