Contar con herramientas para llevar de mejor manera situaciones en la vida es esencial en toda etapa, pero en el caso de las infancias es crucial para desarrollar adultos más conscientes, al igual que ayudar a las familias a generar un ambiente más sano. Por ello, es que la terapia infantil ayuda a que esto sea posible.
Aldo Javier Zamarripa, máster en Terapia Breve e Hipnosis Clínica, indica que la terapia infantil no solo atiende los “problemas” de los pequeños, sino que el consultorio es un espacio donde es posible que las personas organicen lo que sienten, viven y cosas que no saben expresar con palabras.
“En muchos casos, el niño no es el problema, sino el portavoz de algo que ocurre en el sistema familiar”, declara.
Menciona que es recomendable llevar a los niños a terapia cuando hay indicadores como cambios en la conducta, como agresividad, aislamiento o regresiones. También cuando se observan dificultades emocionales, como miedo excesivo, tristeza o irritabilidad, o ante problemas en la escuela o luego de pasar por un duelo, separación o cambios familiares.
Desde su enfoque en Terapia Breve, Zamarripa se centran en soluciones, buscando alternativas que funcionan no solo en el problema, sino construyendo cambios observables. En el proceso se incluyen a los padres, pues el cambio real sucede cuando el entorno se reorganiza.
“El trabajo con padres es fundamental. Se recomienda estar abiertos a revisar su propia participación en la dinámica. Evitar etiquetar al niño como problemático o berrinchudo y empezar a verlo como un infante que está intentando adaptarse con las herramientas que tiene”, indica.
Concluye que en la terapia infantil, uno de los cambios más relevantes ocurre cuando los adultos que acompañan al menor lo pueden mirar desde otra perspectiva, pues este trabajo no solo transforma al niño, sino que también revoluciona a la familia y la forma en la que se relaciona.