Desarrollar capacidades desde la infancia es esencial para su vida académica y personal. Una de las más importantes es la tolerancia a la frustración, pues aceptar que no todo se puede ganar ayudará a afrontar las fallas de una mejor manera, a modo que el niño pueda aprender y crecer del error.
La psicóloga infantil Alejandra Gándara Escobedo, menciona que la tolerancia a la frustración permite que las personas puedan resistir, gestionar y superar la incomodidad emocional cuando no se logra lo que se deseaba o se esperaba, por lo que fortalecerla es indispensable para la mejora de habilidades sociales y disminuir el impacto del rechazo social.
“La escuela es un espacio de aprendizaje no solo académico, las habilidades sociales y de resiliencia se fortalecen en estos espacios. Al coincidir con compañeros que muestran más habilidades que nosotros nos ayuda a saber que no tenemos que ser el mejor en todo ni que tenemos que hacer todo perfecto y nos abre el panorama”, declara
Para lograr esto, Gándara Escobedo sugiere que los padres de familia sean flexibles antes las exigencias académicas y sociales para transmitir esa habilidad a los hijos, pues este trabajo también es indispensable que se enseñe en casa para que comprenda que el fracaso es una oportunidad de aprendizaje y no un reflejo de incapacidad.
Para lograr a esta comprensión por parte del menor, aconseja que los padres, tutores y/o adultos responsables que validen las emociones de todos los habitantes del hogar, gestionen la espera y el esfuerzo, ajusten las expectativas y permitan que se cometan errores sin juzgar y sin presionar.
“Cuando un niño o adolescente tiene bien fortalecida el autoestima en casa, acepta el rechazo con una buena actitud, no lo toma personal porque entiende que no todos somos afines, pero que todos encontraremos una tribu que pueda acompañarnos en nuestros gustos e intereses”, concluye.