La maestra Edith Padilla Gutiérrez considera que su impacto en los alumnos que ha dado clases de quinto y sexto de primaria por 18 años ha sido muy positivo, ya que no solo ha aportado en ellos los contenidos de sus clases, que la escuela fomenta valores, sobretodo, siente que la empatía es algo que ha sabido transmitir a sus alumnos, al igual que el respeto, valores muy importantes en esta época de pandemia.
La contingencia trajo para Edith muchos retos educativos y conciencia sobre la realidad de muchas familias y de algunos de sus alumnos. Esta modalidad la ha sentido muy difícil y pesada, especialmente para los niños que veían en la escuela un lugar de convivencia, incluso un lugar seguro, pues comenta que para muchos, la escuela es el único lugar seguro con el que contaban.
Cosas como el afecto, el cariño, el compañerismo, fueron cosas que, de la noche a la mañana, tuvieron que dejar sus alumnos, los cuales pudo dar clases desde el inicio de la pandemia hasta este momento porque se optó a que se mantuviera en el grupo para ayudarlos en estos momentos, lo cual ha sido una ventaja para los niños pues conocen cómo trabaja la maestra.
El limitado acceso digital
El hecho de que las clases tengan que ser en línea ha sido un problema para ella, pues menciona que el acceso que sus alumnos tienen a aparatos electrónicos es muy limitado. Aunque en sus casas algún padre tiene un celular, la entrega de trabajos y tareas ha tenido que ser a desfase por los horarios de trabajo que los padres de familia pueden tener. Además, el hecho de no contar con internet o datos móviles ha provocado que las entregas entre alumnos se compliquen.
Es por ello que Padilla ha optado por darles flexibilidad a sus alumnos para cumplir con los deberes, se ha apoyado de los programas “Aprende en casa”, especialmente en la materia de Matemáticas y por medio de redes sociales como WhatsApp, usada para fines informativos y un grupo de Facebook donde manda las tareas, videos explicando algún tema que los menores no comprendan y cada 15 días entrega material impreso a cada casa de sus alumnos.
A pesar de que está consciente que los alumnos van a entrar a su siguiente etapa educativa con un rezago educativo por la precariedad y otros factores externos, se siente orgullosa de ellos, ya que reconoce que han aprendido a ser autónomos, lo cual les ayudará en la vida.
Reconoce el esfuerzo de sus alumnos
La responsabilidad hacia el maestro de ayudar a formar mejores seres humanos ha sido una carga pesada para todo aquel que se dedica a la docencia. Edith ahora siente el reconocimiento de su labor en ellos debido a que se deben dar el tiempo de cumplir su trabajo, atender la casa y ayudar al hijo. “Pesa sobre nosotros el sacar adelante a 24, 25 niños. Incluso a 40 en el caso de escuelas más numerosas, sacarlos adelante con los recursos y medios que estén a nuestro alcance”.
Confiesa que cada vez que va a dejar las copias para el trabajo de cada 15 días, también lleva algún detalle para los alumnos que han cumplido y se han esforzado. “Al finalizar el trimestre, a los niños que me han obtenido mejores desempeños académicos también les llevo un detalle”.
Para la Navidad de 2020, Edith fue a las casas de sus alumnos a entregarles un detalle para hacer recuerdo de las posadas que, antes de la pandemia, cuando podían hacerse, entregó en esa ocasión una rebanada de pizza y un pequeño bolo. Para el Día del Niño, pudo ver a los menores en la escuela para compartirles un desayuno, unos dulces y nieve con motivo de la celebración. Está convencida que sus alumnos saben que ella retribuye sus esfuerzos y por ello deciden hacer lo mejor que pueden.
“La educación cambió”. Edith Padilla sabe que este cambio fue duro para todos los docentes, especialmente aquellos que, como ella, no tenían muchos conocimientos con la tecnología. Aconseja a los estudiantes de maestros que se preparen aprendiendo sobre las herramientas electrónicas que pueden usar y que sepan canalizar lo que mejor servirá para sus alumnos.