En la infancia y adolescencia es muy importante conocer los límites, de modo que las personas conozcan aquellas cosas que les molestan o incomodan. Conceptos como el consentimiento son esenciales en estos casos, ya que conociéndolos pueden conocerse y respetar a los otros.
Maribel Borrego, psicóloga infantil y adolescente, comenta que el consentimiento es cuando una persona dice sí de verdad. Es decir, no está siendo coercionada, ya sea por miedo, presión, o para quedar bien, ni para que el otro no se enoje, de modo que puede decidir libremente sobre su cuerpo, emociones y acciones.
“Una característica importante sobre este concepto es que el consentimiento se puede retirar. Hoy puedes querer algo y mañana no, y eso está bien. Es muy importante conocer este término porque protege a las infancias y adolescencias, pues aprende que su cuerpo y sus decisiones valen, y que nadie tiene derecho a invadirlos, al igual que a respetar a los demás”, indica.
Menciona que entender lo que es el consentimiento ayuda a los menores a reducir la culpa, la confusión y el silencio cuando algo no está bien. Sin embargo, esto no basta con solo ser explicado, pues se debe aprender en casa, con adultos que escuchen y respeten las decisiones cotidianas de los menores.
Decisiones como el subir o no una fotografía de los chicos a redes sociales, o saludar o no a familiares, son cosas que todos los adultos que conviven con infancias y adolescencias deben respetar, pues si ve que su opinión importa en lo pequeño, entiende que también importa en lo grande.
¿Cómo saber poner límites?
Para Maribel, es esencial que los niños aprendan a escuchar su cuerpo y emociones. Es importante enseñar que si algo les llega a generar tensión, miedo, ganas de irse, incomodidad o confusión, eso ya es una señal suficiente. No necesitan tener una razón “lógica” o “grave” para decir que no. Si no se siente bien, no es para ellos.
“Es importante que ellos confíen en lo que sienten. Después, poner un límite claro, aunque sea sencillo, como un ‘no me gusta’, ‘no quiero’, o un ‘basta’. Y buscar apoyo. Siempre hay que decírselo a un adulto de confianza. Callar nunca protege; hablar sí”.
Concluye haciendo hincapié que el consentimiento no se enseña con miedo, sino con respeto, por lo que es importante que los adultos validen escuchen, respeten y modelen límites sanos, de esa forma, se tendrán niños y adolescentes que saben cuidarse y cuidar a otros.