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La sobreprotección y sus consecuencias en el aula

Aunque es esperado que los padres de familia quieran evitar el mayor de los problemas a los niños, el problema recae en la cantidad de intervenciones que tienen con los menores.

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Dar libertad a los niños para que tomen sus decisiones puede ser un reto para los padres de familia. No obstante, es muy importante que se les deje que experimenten según su edad y madurez, pues la sobreprotección puede generar situaciones como intolerancia a la frustración, que puede ser un problema en el ámbito escolar.

Brenda Susana Espinoza Vázquez, psicóloga clínica infantil con formación en neuropsicología clínica, psicoterapia infantil y Crianza Consciente, con doctorado en Educación, comenta que se considera sobreprotección cuando los padres con la intención de ayudar a sus hijos realizan actividades o toman decisiones que ellos ya podrían tomar por sí mismos.

Aunque es consciente de que es esperado que los padres de familia quieran evitar el mayor de los problemas a los niños, el problema recae en la cantidad de intervenciones que los progenitores pueden tener con los menores en actividades o decisiones por su edad y nivel de desarrollo y maduración ya podrían realizar por sí mismos.

“Proteger es acompañar a nuestros hijos mientras recorren su camino, ayudándoles a quitar algunas piedras cuando lo necesitan. Sobreproteger, en cambio, es querer arar y pavimentar todo el camino para evitar que encuentren obstáculos, sin darnos cuenta de que también les estamos quitando la oportunidad de aprender a superarlos”, indica Espinoza Vázquez.

¿Cómo se ve en la escuela?

En el ámbito escolar, en esta situación se pueden observar diversas consecuencias, como la necesidad constante de aprobación por parte de maestros o compañeros, que se frustren fácilmente cuando una actividad o situación no sale como esperaban y en algunos casos comienzan a evitar actividades o situaciones que perciben como difíciles, prefiriendo no intentarlo antes que cometer un error.

“Cuando un adulto sobreprotege, puede transmitir el mensaje de que el niño no es capaz de resolver por sí mismo las situaciones que se le presentan, lo que puede afectar su seguridad personal, iniciativa y relaciones sociales. Son niños que no necesariamente tienen dificultades para aprender, sino que no han tenido suficientes oportunidades para confiar en sus capacidades”.

Aconseja a los padres que les permitan a los niños a tomar decisiones acordes a su edad, capacidades y proceso madurativo. Una manera sencilla de hacerlo es dejar que elijan entre dos opciones. También, al momento de tener algún conflicto, en lugar de darles inmediatamente una solución, es posible preguntar lo que creen que deben hacer o para solucionar.

También les recuerda a los padres que los errores son parte de la vida, y aunque duela verlos sufrir por ello y que quieran evitárselo, pues es fundamental que experimenten. Lo importante es que estén acompañados.

Aconsejan que les permitan a los niños a tomar decisiones acordes a su edad, capacidades y madurez.
Brenda Susana Espinoza Vázquez, psicóloga clínica infantil con doctorado en Educación. (fotografía de la fuente)

Para la comunidad educativa, considera necesario que los ayuden a enfrentar retos desde la empatía, comprendiendo que cada conducta tiene una función o razón que debemos de intentar comprender. Empezar a dar oportunidades de que los niños desarrollen seguridad en sí mismos, colaboración, preguntando continuamente su opinión sobre un tema más que la memorización.

La libertad de los niños

Dejar a los niños hacer elecciones acordes a su edad y maduración, señala Brenda Susana, les brida autonomía, seguridad en sí mismos y la capacidad de establecer diferentes estrategias de resolución de conflictos, siendo capaces de expresar sus necesidades y comunicar lo que están pasando, cuestion que se les dificulta considerablemente a los niños sobreprotegidos.

“Otro efecto positivo es que desarrollan mejor tolerancia a la frustración porque han sido expuestos a mas equivocaciones, por lo cual se adaptan mejor y son capaces de enfrentar pequeños desafíos. Tampoco se pretende que se adopte un estilo de crianza permisivo, sino de encontrar un equilibrio con adultos que acompañen, guíen y sepan cuando soltar”.

Destaca que las escuelas para padres son un medio eficaz de brindar información, también se pueden realizar dinámicas de trabajo padres e hijos en donde puedan observar otros tipos de crianza y sirva como modelado.

“No se trata de dejar de proteger a nuestros hijos, sino de evitar que nuestro deseo de sobreprotegerlos les impida descubrir de lo que son capaces. Necesitamos reconocer que nuestros hijos están creciendo y es parte de la maduración experimentar, frustrarse, equivocarse y volverlo a intentar”.
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Karla Rodríguez
  • Karla Rodríguez
  • Egresada de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación por la Universidad La Salle Laguna. Desde 2021 es reportera y editora web de Aula, y colabora en suplementos y notas comerciales. Amante de la música y cantante enfocada en el canto lírico.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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