¿Ya no se ama como antes?

Que el desaforado pragmatismo de nuestra sociedad ha matado nuestra dimensión emocional. Que el mundo va demasiado rápido como para detenernos en nuestros sentimientos y mejor quemamos relaciones como quien quema etapas en una carrera. Que la vida es hoy demasiado larga para hacer lo que antes: comprometernos hasta que la muerte nos separe. Que la tecnología ha terminado por modificar nuestra vida amorosa. Que los jóvenes han aceptado al fin que son –¿somos todos?– "pansexuales", otro modo de decir que le ponen con lo que la vida ofrezca, sin tantos distingos absurdos. Que no es tanto eso, sino que hemos criado generaciones sin capacidad de compromiso... En fin, queridos lectores, que el amor, hoy, es complicado. Como siempre, sí, pero ¿de otra manera? Con ese dulce desasosiego celebramos en Tribuna el Día del Amor y la Amistad. Abrazos.

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El amor en el activismo LGT

Jordi Díez

Investigador en la Universidad de Guelph. Autor de "The Politics of Gay Marriage in Latin America: Argentina, Chile and Mexico".

El pasado viernes 5 de febrero por la mañana falleció Lohana Berkins en el Hospital Italiano de Buenos Aires. Es su lecho de muerte, Lohana declaró: "Estoy convencida de que el motor del cambio es el amor. El amor que nos negaron es nuestro impulso para cambiar el mundo. Todos los golpes y el desperdicio que sufrí, no se comparan con el amor infinito que me rodea en estos momentos."

¡Ay, la paradoja del papel que ha jugado el amor en el activismo LGT (Lésbico, Gay y Trans)!

Nacida en la norteña, y conservadora, provincia de Salta en los años 60, Lohana fue una de las más destacadas activistas por el reconocimiento y respeto de las personas trans en Argentina y en América Latina. Una de las personas más brillantes que yo he conocido, Lohana lideró la creación del Frente Nacional para la Ley de la Identidad de Género, organización impulsora de la Ley de Identidad de Género que se aprobó en Argentina en 2012. Esta ley es hoy modelo internacional por su vanguardia (entre otras cosas, despatologiza la "condición" trans). Aparte de su activismo, y sin escolaridad universitaria, Lohana hizo originales aportes a teorías de género y "Queer".

A lo largo de su trayectoria, Lohana presenció el incómodo lugar que el concepto de "amor" ha ocupado en el activismo LGT. A principios de los años 70, minorías sexuales en varios países americanos se movilizaron para luchar por la adquisición de derechos básicos civiles y políticos que se les habían negado. (Cabe recordar que las líderes principales de los motines de Stonewall fueron trans). Estos movimientos por la "liberación sexual" lucharon por derribar estructuras opresoras de la sexualidad, a través de una transformación de la familia patriarcal, basada en la moral tradicional: el amor monógamo, heterosexual y reproductivo (heteronormativo). Parte de esta lucha consistió en redefinir el concepto de amor instalando el "amor libre." Es decir, vínculos fluidos sin necesidad de estructuras.

El concepto de amor volvió a ocupar un lugar central en el activismo LGT cuando el tema del matrimonio igualitario se volvió prioritario para ciertos grupos. Después de su aparición en la escena política, y de gozar del contexto de liberación sexual de los años 70, movimientos LGT americanos se dedicaron a conquistar derechos negativos, como el de la no-discriminación. Ya conquistados estos derechos en varios países, ciertos grupos de activistas comenzaron a articular demandas por el reconocimiento del matrimonio igualitario apoyándose muy fuertemente en la idea del amor diádico. A pesar de que el matrimonio igualitario transforma un elemento central de la familia patriarcal, mantiene otros elementos tradicionales como lo son la familia, la monogamia y el amor reproductivo. Desplegando conceptos como "relaciones homo-afectivas," activistas LGT recuperaron el concepto de amor para pedir acceso a una institución tradicional y reguladora, argumentando que la igualdad en una democracia tiene la obligación de reconocer el amor homosexual al igual que el amor heterosexual. En Chile, por ejemplo, un eslogan de la actual campaña por el amor igualitario (donde aún no se aprueba) es: "El amor es amor."

El amor ha ido, pues, de su rechazo a su abrazo: la demanda prioritaria de muchos movimientos LGB ha recuperado, y abrazado, la idea del amor diádico, rechazado en los años 60 y 70, para lograr el reconocimiento de relaciones "homo-afectivas." Esto significa, para muchos, una nueva forma de regulación de la sexualidad, una regulación tradicional y conservadora. La idea que se nos presenta en los medios de comunicación masiva de homosexuales es, predominante y estereotipadamente, el de una pareja enamorada, casada, de clase media, urbana, y con bellos críos. Esto es a pesar de que, en ciertos países, se estima que hay más relaciones poliamorosas que matrimonios igualitarios (5% a menos del 1% en EE.UU.)

El abanderamiento del matrimonio igualitario como prioridad marginalizó a ciertas minorías dentro del abanico LGT, como las personas trans. Para muchas de ellas, el luchar por el matrimonio igualitario ha significado una negación de la primacía que ocupan otros derechos básicos en sus vidas, como lo son el derecho a la identidad, trabajo, seguridad personal y prestaciones sociales. No el amor. En muchos países, estas diferencias han creado cismas importantes dentro de los movimientos.

Este no fue el caso de Lohana. Cuando el debate sobre el matrimonio igualitario se agudizó en Argentina, ella se unió a la causa. Pero no lo hizo desde la perspectiva del amor: siendo coherente con sus convicciones, lo hizo desde la perspectiva de la solidaridad en la lucha por los derechos humanos. El aludir al amor que sintió de y por sus compañeros y compañeros en estas últimas semanas, Lohana ha cerrado un círculo: demostrando que existe otro tipo de amor revolucionario: el de la comunidad LGT. ¡Con mucho amor, hasta siempre, Lohana!