¿Ya no se ama como antes?

Que el desaforado pragmatismo de nuestra sociedad ha matado nuestra dimensión emocional. Que el mundo va demasiado rápido como para detenernos en nuestros sentimientos y mejor quemamos relaciones como quien quema etapas en una carrera. Que la vida es hoy demasiado larga para hacer lo que antes: comprometernos hasta que la muerte nos separe. Que la tecnología ha terminado por modificar nuestra vida amorosa. Que los jóvenes han aceptado al fin que son –¿somos todos?– "pansexuales", otro modo de decir que le ponen con lo que la vida ofrezca, sin tantos distingos absurdos. Que no es tanto eso, sino que hemos criado generaciones sin capacidad de compromiso... En fin, queridos lectores, que el amor, hoy, es complicado. Como siempre, sí, pero ¿de otra manera? Con ese dulce desasosiego celebramos en Tribuna el Día del Amor y la Amistad. Abrazos.

REGRESAR
    1. Benito Taibo

      El amor en tiempos de WhatsApp

      Escritor: "Persona normal".
    2. Verónica Maza Bustamante

      El Amor 2.0, o la ...

      Sexóloga y periodista. Columnista de MILENIO: ...
    3. Jordi Díez

      El amor en el activismo LGT

      Investigador en la Universidad de Guelph. ...
    4. Marta W. Torres Falcón

      Sólo por amor

      Investigadora por la UAM. Autora de "Al cerrar ...

¿Será que el amor dura menos?

Tere Díaz

Terapeuta de pareja.

El reclamo de la mayoría de hombres y mujeres contemporáneos es que "el amor acaba": acaba demasiado rápido e incomprensiblemente. ¿Será realmente que la gente no se quiere comprometer, que se han perdido los "valores"? Partamos de la base de que todo –no sólo las relaciones de pareja– dura menos en la actualidad: los trabajos, el lugar de residencia, los planes académicos y hasta las amistades que van y vienen. Todo dura menos, excepto la vida...

En el caso de las relaciones de pareja, los cambios que vemos en cuanto a sus dinámicas tradicionales no tienen que ver sólo con las propias historias de familia e infancia o con la buena o mala elección de la pareja; sin duda estos factores tienen su influencia, pero existe un alto componente social que impacta en esta transformación amorosa. ¿Cuáles son esas cosas que han cambiado, al menos, de un par de generaciones hasta ahora?:

1.- Antaño los matrimonios eran concertados, y se daban para sostener a las clases sociales, a las castas. Era un deber moral el acatar las decisiones familiares, así, las personas honorables cumplían el rol que les correspondía en su comunidad. Hoy nos casamos por amor, y la libertad de estas elecciones va de la mano con la fragilidad del sentimiento amoroso.

2.-Las personas se casaban para sobrevivir: literalmente para reproducirse y producir. El tema de tener pareja no era cuestión de realización personal, enamoramiento y atracción física, sino de sobrevivencia. Tener muchos hijos era acrecentar la mano de obra familiar. El pasaje a la madurez se daba con el matrimonio, y el paquete incluía sexo, hijos y subsistencia. Hoy se puede tener por separado algo que antes iba amarrado: el amor, el sexo y la procreación. ¿Para que encapsularlos en el mismo paquete? Se puede tener amor sin sexo, sexo sin amor, hijos sin sexo...

3.-Ha surgido una individualización de los estilos de vida, en la cual se privilegian las necesidades personales a las comunitarias, por tanto existe una mayor conciencia de lo que quiero: se cuestionan las convenciones que parecen reprimir el desarrollo del yo, creando estilos de vida ad hoc a las necesidades personales.

4.-Psicologización de la vida y de las elecciones amorosas. Con la aparición de la psicología surge la preponderancia del mundo afectivo: se intensifican los proyectos que tienen altos matices emocionales. "¿Qué sientes?" "¿Qué dicta tu corazón?", son preguntas obligadas. Surge una nueva ética basada en el principio de los "deberes con uno mismo", incluida la felicidad como deber. Surge así una alta valoración de la libertad y la autonomía.

5.-La sociedad se ha sexualizado: la sexualidad dejó de ser un tabú y se reclama el placer que el cuerpo merece. Sentir atracción sexual por el otro es un "must" para que valga la pena una relación. Aun así, se espera una exclusividad sexual difícil de sostener, lo cual produce monogamias seriales. Si bien la exclusividad sexual es un convenio al que la mayoría de las parejas llegan tácitamente, la libertad sexual es un dulce que se antoja a muchos, lo cual los lleva a no desear comprometerse con una relación única, sino a llevar una constante búsqueda de nuevas experiencias. Uno se casa con alguien a quien se quiere, pero el deseo no se casa con nadie...

6.- El "hasta que la muerte nos separe" se instituyó cuando vivíamos 30 o 40 años, ahora vivimos –con buena o mala suerte– 90. Lo que pensamos, sentimos y buscamos difícilmente puede permanecer estático a lo largo de 10, 20 o más años, y por tanto es necesario acoplarse constantemente con otra persona que está en permanente evolución también. Difícil, ¿verdad?

7.-La aparición y aceptación del divorcio se ha vuelto una herramienta útil frente a situaciones conyugales que dañan o empobrecen a algún miembro de la pareja. El divorcio es muchas veces un buen fin para una mala relación, o simplemente para desligar a dos personas que se desacoplaron en intereses, valores y sueños a lo largo del camino.

8.- En una sociedad con confort y respuestas rápidas, existen altas expectativas de gratificación y dificultad para posponer la gratificación. Una sociedad acostumbrada a la rapidez tiene poca voluntad para construir, con calma, un amor duradero; o para dedicar tiempo a una negociación de conflictos. "¿Nos desentendimos? ¡Next!"

9.-Idealización del amor: hoy se pide a una persona lo que antes daba toda una tribu. El amor no lo puede todo, no lo perdona todo, ni es eterno aunque sea bueno y verdadero. Seguimos acarreando un romanticismo lastimoso y caduco.

10. Los hombres quieren mujeres que ya no existen y las mujeres quieren hombres que todavía no existen. Con la pérdida de las identidades sociales tradicionales, surgen en el centro de la privacidad amorosa las contradicciones de los roles entre hombres y mujeres. La lenta pero sostenida relajación de las estructuras de género ha abierto nuevos retos y posibilidades para ambos sexos; ni hombres ni mujeres hemos terminado de digerir esta transformación.

11. No todo lo decide la pareja en la intimidad: siendo ésta parte de un mercado laboral demandante, se ponen en paralelo dos agendas profesionales individuales que luchan por sobrevivir. Cada miembro de la pareja desea el éxito económico y profesional y, aun si el amor existe, la carrera laboral es difícil de compaginar, generando bifurcaciones a veces infranqueables.

Estos factores se combinan, se sobreponen, se mezclan y entrelazan, conviven y coexisten. ¿Y cómo evitar que tantos cambios estructurales sociales no golpeen todo lo humano y por tanto complejicen vivir el amor? Si bien no todos los casos son iguales y aún encontramos personas con el temple para envejecer de la mano de alguien, no negaremos que lograrlo es una faena que se ha tornado difícil. Por eso en pleno 14 de febrero repensemos el amor... Y arriesguemos más a compartir la vida lo mejor que podamos el tiempo que amorosamente duremos, y empeñémonos menos en esperar juntos la muerte tanto tiempo como ésta demore en llegar.