¿Y si no ganamos ni la Copa de Oro?

La aguerrida selección mexicana, esa que puso a sudar a brasileños y holandeses en el último Mundial, se desploma en el escalafón de la FIFA, entre declaraciones altisonantes del Piojo y papelones como el de la última Copa América. Ahora enfrenta un torneo muy menor, el de los equipos de CONCACAF, la Copa de Oro, que ha ganado más veces que ningún otro combinado pero que también le ha costado muy caro a más de un entrenador. Y es que se trata de un regalo envenenado, una de esas competencias que lo mismo ayuda a disimular por un rato los problemas crónicos de nuestro futbol, porque la victoria ciega, que los exhibe en alta definición y pantalla gigante, y que puede, así, ponerle la puntilla a la carrera de Herrera como entrenador nacional.

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La Copa de Cobre

Daniela Cohen

Periodista deportiva.

La Copa Oro es un torneo de cobre, de Oro solamente tiene el nombre. Está mal planeado: 13 sedes para 12 equipos participantes. Selecciones de primera línea y otras de cuarta que ni si quiera completan al equipo (caso de Cuba). En esta edición, el Tricolor tendrá que viajar 9,083 kilómetros en seis días; estará más tiempo en los aviones y aeropuertos que en la cancha. Además, la Copa se entromete con otras competiciones internacionales por disputarse cada dos años en lugar de cada cuatro, como en la CONMEBOL y en la UEFA, y en algunas locales, como la Liga MX. Nos queda claro que el dinero que se genera en estos torneos, debido a la gran cantidad de paisanos que viven en Estados Unidos y que ansían ver jugar a su selección, suma millones de dólares. Sin embargo, la calidad es nula: la mercadotecnia y el dinero están por encima del deporte. Pero qué podemos esperar de este torneo de la CONCACAF, cuando la confederación esta envuelta en escándalos (el FIFAGATE) por corrupción y malos manejos a lo largo de su historia.

A pesar de todos los peros que tiene esta Copa Oro para México, muchos de ellos son en realidad ventajas. ¿Por qué? Es sencillo: el Tricolor ha sido el gigante y no porque nos guste alardear de nuestra selección sino porque es el que más títulos ha conseguido en esta justa (nueve). Y lo es no porque los nuestros sean extraterrestres, sino por el paupérrimo nivel que tienen los países que conforman esta confederación. En suma, la zona geográfica ha sido y sigue siendo complaciente con el futbol mexicano. Por eso la exigencia a los jugadores, el cuerpo técnico y los directivos, y la obligación de levantar la Copa. El enfrentar a Cuba, Guatemala y Trinidad y Tobago no puede ni debe ser una dificultad para la selección. Son equipos que ni siquiera tienen lo necesario para conformar una selección. Cuba no llega ni a Liga Profesional: tienen el Campeonato Nacional de Fútbol de Cuba, en el que sólo participan ocho equipos. Qué decir de la de Trinidad y Tobago, que apenas se profesionalizó en 1999, mientras Guatemala, a pesar de tener una liga desde 1919, nunca ha logrado nada, ni si quiera asistir a una Copa del Mundo.

Por supuesto que se exigen goleadas, futbol explosivo, dinámico, con un estilo bien definido, arrasando. De los 12 países que participan, México, EUA, Canadá y Costa Rica tienen un futbol mucho más desarrollado, infraestructura, apoyo económico, una estructura completa que surte de jugadores. No por nada son los equipos que han ganado en los últimos 26 años.