¿Y si llega el Ébola?

Hace pocos meses era una nota secundaria, muy esporádica, de la sección de noticias internacionales de los periódicos. Hoy es un asunto de interés nacional, y no sólo en México. El Ébola, un virus particularmente agresivo, logró rebasar las fronteras del continente africano para causar sus primeras víctimas en España y los Estados Unidos. Y nadie parece saber bien a bien cómo detenerlo: no hay una vacuna eficiente, el porcentaje de muertes entre los infectados es altísimo y los tratamientos tan costosos como inciertos. ¿Es probable que la epidemia llegue a nuestro país? De ser así, ¿estamos en condiciones de frenarla? ¿Cuánto de lo que sabemos de ella es real, cuánto pertenece a los terrenos del mito o el complotismo? Esta semana, en Tribuna Milenio hablan los científicos.

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    1. Patricia  Volkow F.

      Cómo luchar contra el Ébola

      Ex jefe del departamento de Infectología, ...
    2. Laura  Vargas-Parada

      La cruda verdad de las cifras

      Profesora de inmunoparasitología por la UNAM.

La amenaza de los virus mentales

Martín Bonfil Olivera

Periodista científico.

El Ébola es la nueva plaga del siglo XXI. Fue descubierto hace sólo 38 años. Es un virus relativamente contagioso y que causa una muerte aparatosa. Es sensato preguntar qué posibilidades hay de que esta epidemia, que actualmente se halla presente sólo en Guinea (donde comenzó), Sierra Leona y Liberia, pudiera llegar a nuestro país.

En primer lugar, el virus, aunque contagioso, no puede transmitirse por el aire: requiere contacto con los fluidos corporales de pacientes infectados o sus cadáveres. Tampoco es de los virus más infecciosos: tiene una tasa básica de reproducciónde entre 1 y 2 (o sea que, en promedio, un paciente infectará a entre una y dos personas), similar a la de otros virus que causan muchas muertes cada año, como el de la influenza, cuya tasa es 2, o el del sida (3), pero muy inferior a la de los de las paperas (5), la polio (6) o la tosferina y el sarampión (entre 16 y 18).

Pero sí es bastante mortal: una vez infectados, un 70% de los pacientes mueren (aunque mientras lee esto se están desarrollando, probando o mejorando diversas estrategias terapéuticas para lograr una mejor supervivencia de los pacientes).

Hasta antes de este año, la mayor epidemia de Ébola había matado sólo a 208 personas; el brote actual lleva unas cinco mil, de más de 13 mil infectados. Y la epidemia sigue avanzando, aunque sería de esperar que comience a frenarse, entre otras cosas porque los países afectados, con ayuda internacional, están tomando medidas. Los expertos internacionales aconsejan: 1) detectar de manera rápida y completa los contactos que cada paciente infectado haya podido tener, 2) monitorear constantemente a estos contactos, y 3) aislar rápidamente a los contactos potencialmente infecciosos. Fue este tipo de respuesta eficaz lo que permitió que Nigeria, donde se presentaron 20 casos, haya sido declarada libre del virus luego del periodo obligado de 42 días (el doble del periodo de incubación) sin ninguna nueva infección.

¿Qué tan probable es que pudiera haber casos de Ébola en México? Las noticias de dos personas infectadas en Estados Unidos y una en España al tratar pacientes traídos de Liberia suena alarmante. Pero en ambos casos se han reforzado las medidas de seguridad que permitieron que dichas infecciones ocurrieran. En México, como en el resto del mundo, las autoridades han dispuesto operativos preventivos para detectar a viajeros que presenten síntomas de infección y canalizarlos de inmediato a instalaciones adecuadas para su tratamiento y para contener la propagación del virus.

Desde mi punto de vista, el mayor riesgo es otro: la propagación de virus mentales que facilitan que las epidemias causen mucho más daño del que deberían. Se trata de las ideas de quienes rechazan el conocimiento científico actual y, con base en tradiciones o teorías de la conspiración, niegan los riesgos de epidemias como ésta, o llegan a negar su existencia.

En África, por ejemplo, algunas costumbres rituales entre los pueblos donde surgió la epidemia, como tocar y besar a los muertos, facilitaron los contagios. La población afectada, la de más bajos recursos, ha llegado, ante la ola de muertes, a ver con desconfianza a médicos y hospitales. Y han surgido charlatanes que aseguran que la epidemia es un “engaño” urdido con el fin de apoderarse de tierras africanas, o que ofrecen remedios “milagro”, completamente ineficaces para prevenir o curar la infección.

Tomando en cuenta que en nuestro país, y en muchos otros, ideas como éstas se están propagando con gran rapidez (por ejemplo la preocupante mentira de que las vacunas causan autismo u otras enfermedades), o que un 25% de la población, en 2009, llegó a ver la epidemia de influenza de ese año como “un mito”, urge reforzar la difusión del conocimiento confiable y veraz sobre salud para todos los ciudadanos. De otro modo, la ignorancia y la mentira seguirán causando tanto daño como los propios virus.


mbonfil@unam.mx

lacienciaporgusto.blogspot.com