¿Y a ti cómo te acosaron?

Las cifras son contundentes. INEGI nos recuerda que 63 de cada 100 mujeres dicen haber sufrido al menos un episodio de violencia, que 47 de 100 entre las mayores de 15 años han sido agredidas por su pareja y que 32% ha sufrido violencia sexual de algún tipo a manos de un hombre. El acoso, en México, es un hecho inapelable. Esta vez Tribuna Milenio no propone un debate. Lo que queremos es darle voces y rostros a esa realidad inadmisible. Un grupo de mujeres ha accedido valientemente a narrar a veces uno, a veces varios casos de acoso sufridos en carne propia. Nuestra gratitud a cada una, y nuestra invitación a ustedes, estimados lectores, a una lectura tan difícil como necesaria, y desde luego a ustedes, queridas lectoras, a sumar sus testimonios. Este espacio es suyo.

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    1. Xóchitl  Gálvez Ruiz

      La autoestima frente a la ...

      Jefa delegacional en Miguel Hidalgo. 
    2. Angélica  Ferrer Campos

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    3. Antonieta Castro-Cosío

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    4. Claudia Amador

      El Dragón

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    5. Cecilia Hurtado

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      Editora.
    7. Galia García Palafox

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    8. Laura Barrera

      ¿Acoso o galanteo?

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    9. Azucena Uresti

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    10. Eufrosina Cruz Mendoza

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    11. Verónica Maza Bustamante

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    12. Julieta  García González

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    13. Ana Cecilia  Escobar Nieto

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    14. Elsa María

      La imposibilidad de olvidar

      Trabajadora del hogar.

Le sobo la pancita

Regina Reyes-Heroles C.

Periodista.

Hace exactamente seis años tenía cinco meses de embarazo. Era el primero. Sería Emiliano.

Orgullosa, cargaba mi panza –que ya se veía de embarazada y no de un terrible sobrepeso– de un lado a otro.

Era uno de esos sábados de abril en la Ciudad de México –calor y jacarandas– y mis amigas me esperaban en la colonia Roma para desayunar.

Caminé un par de cuadras y tomé el Metrobús en Insurgentes Sur. A las 10 de la mañana, en sábado, hace seis años, el Metrobús no iba tan lleno. Entré por la primera puerta y vi un lugar vacío junto a un señor de la tercera edad. Uno siempre evalúa dónde acomodarse en el transporte público. Ese día no había otro lugar libre, y él me pareció inofensivo.

El ir y venir del Metrobús hace que uno lleve cierto ritmo de invasión del espacio personal de la persona que va junto. No le di mucha importancia a un constante roce en la cintura y el inicio de mi panza, por un par de estaciones. Hasta que con el roce escuché también una respiración más ajetreada. El señor, ese que me pareció inofensivo, ese que probablemente tenía nieta, hija, hermana y madre, estaba excitado por sobar "discretamente" –porque mantenía sus ojos cerrados– la panza de una mujer embarazada.

Me faltaban cuatro estaciones antes de llegar a mi destino. Confieso que incómoda, sorprendida, molesta y ofendida, no sabía cómo reaccionar. Empujé con algo de fuerza su codo y pretendió despertar sorprendido. Me levanté y en silencio le dije: "Eso no". De pie, me le quedé viendo fijamente hasta que llegamos a mi parada. Él veía el piso.

Esta no fue la primera vez que un hombre desconocido sentía que tenía derecho sobre mi persona. Siempre hay frases en la calle, alguien que decide darte una "nalgadita" porque estas "rica", algún colega que no te ve a los ojos cuando se acerca a tu escritorio... Pero estar embarazada y sentirme tan vulnerable –porque este hombre podría hacerme daño a mí y, quizá, a mí bebé– me dolió.

No lloré. No grité. Pero sí me queda claro que tengo un enorme trabajo en mis manos para que mis dos hijos jamás hagan sentir a una mujer como muchos, en especial este hombre, me hicieron sentir a mí.