¿Todos somos Birdman?

El triunfo de Alejandro G. Iñárritu es inapelable. Sus logros son notables: aparte de arrancarle cierta simpatía a Sean Penn, algo que parecía imposible, logró cuatro premios de la Academia –fotografía, guión, mejor dirección y mejor película, nada menos–, a pesar de la competencia de Boyhood y del hecho de que el año pasado había barrido con la ceremonia su paisano y amigo Alfonso Cuarón. Pero el triunfo abre muchas interrogantes: ¿beneficiará este triunfo al cine mexicano? ¿Terminará de abrirnos las fronteras del mundo, es decir, de tumbar la barrera del nopal? Más aun: ¿puede considerarse a Birdman una película mexicana? ¿Es un reflejo de nuestra industria o al menos de nuestra cultura? ¿Nos pertenece, en fin, a todos? Ustedes dirán.

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Superhéroe sin pasaporte

Susana  Moscatel

Editora de ¡Hey! Escritora.

Alejandro G. Iñarritu (como se le conoce ahora) no está preocupado en absoluto de que "México" decida o no adjudicarse su éxito en la entrega de los premios de la Academia. "Sí, yo creo que es un éxito para nosotros, pero compartido con quien quiera compartirlo", me dijo a la mañana siguiente de la gran noche, los dos sentados frente a sus tres estatuillas. Lo que sí está es muy agradecido por el hecho de que ha sentido mucho apoyo de su país y de sus paisanos. Y sin la menor duda ese a sido el caso.

Respecto a la pregunta que se plantea en este espacio, "¿Todos somos Birdman?", ahora sí que hay que escuchar lo que me contestó respecto a la diferencia entre él y todos aquellos que quieren y no pueden. "No creo que haya una fórmula, ni tampoco nada especial. Lo que sí puedo decir es que soy una persona que trabaja mucho, a veces obsesivamente. Puedo ser muy meticuloso con el trabajo porque me gusta que esté bien para mí. Tal vez para mucha gente sea nauseabundo, pero me gusta que esté bien para mí".

Así que a quien le quede el saco emplumado, ¿no? Para mí es mucho más fácil identificarme con los conflictos de ego y la confusión acerca de la trascendencia que vive el propio personaje Riggen Thompson, que poder siquiera imaginar los alcances que ha tenido la visión de un hombre que viene de nuestro mismo contexto. Un contexto donde le aplaudimos cosas pequeñas. Un contexto donde los empresarios y no los artistas son quienes marcan la pauta de lo que nos debe entretener y hacer arte para una nación. Y, sobre todo, un contexto en el cual hay mucho talento pero prácticamente ningún rigor. Y ahí entramos al cine mexicano.

No es culpa de una sola industria el estar tan limitados, a pesar de que los últimos han sido años de mayores éxitos en el cine nacional. El cine está igual que el país. Ninguneado (en muchos casos) por nosotros mismos. Es asunto de las expectativas y los límites que nos pone la condición que viene con "ser de aquí". ¡Claro que los mejores se irán a otro lugar donde los recursos y las visiones ajenas no los limiten! (empezando por la del público). A un lugar donde el trabajo obsesivo, pero hecho como una labor de amor, es la norma y el origen de todo. Solo es el principio. Y por eso mismo, claro que no todos somos Birdman. Y el superhéroe caído podrá tener lo mejor del espíritu mexicano, pero no tiene la nacionalidad.

¿Que si esto va a ayudar al cine mexicano? Lo dudo mucho. Están por cortar presupuestos de las pocas escuelas fílmicas de nuestra nación. Cuando algo funciona remotamente en taquilla, las réplicas acaban con 100 posibilidades mejores de hacer un proyecto diferente y valioso. Y sobre todo, tristemente, nos queda claro que los más grandes de esta generación se han tenido que ir de aquí para serlo.

¿Qué le ofrece una vida en el cine nacional a alguien con una visión original y valiente? Tal vez su primera chamba. Tal vez saber un poco de la creatividad e inventiva del mexicano. Pero a la hora de la hora, ¿dónde creen que estará buscando producir sus películas?