¿Todos somos Birdman?

El triunfo de Alejandro G. Iñárritu es inapelable. Sus logros son notables: aparte de arrancarle cierta simpatía a Sean Penn, algo que parecía imposible, logró cuatro premios de la Academia –fotografía, guión, mejor dirección y mejor película, nada menos–, a pesar de la competencia de Boyhood y del hecho de que el año pasado había barrido con la ceremonia su paisano y amigo Alfonso Cuarón. Pero el triunfo abre muchas interrogantes: ¿beneficiará este triunfo al cine mexicano? ¿Terminará de abrirnos las fronteras del mundo, es decir, de tumbar la barrera del nopal? Más aun: ¿puede considerarse a Birdman una película mexicana? ¿Es un reflejo de nuestra industria o al menos de nuestra cultura? ¿Nos pertenece, en fin, a todos? Ustedes dirán.

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Contra las probabilidades

Oscar Uriel

Escribe de cine para Rolling Stone. Conduce Golden News y TAP.

"La popularidad es la prima zorra del prestigio"

Edward Norton en Birdman

¿Advertiría el mismo Alejandro G. Iñárritu el pasado mes de agosto que su película Birdman o La inesperada virtud de la ignorancia se convertiría en uno de los títulos cinematográficos más admirados en las tradicionales entregas de preseas de la temporada de premios? Fue entonces cuando la cinta se estrenó dentro del marco de la programación del Festival de Cine de Venecia, transformándose en el génesis de una larga lista de condecoraciones. Ignoro la contestación a esa pregunta, pero lo que sí puedo confesar hoy en día es que definitivamente Birdman me parece el mejor trabajo dentro de la filmografía del cineasta mexicano. Es una película descarnada que retrata con apabullante honestidad la vida detrás del escenario de un maduro actor en crisis que antaño interpretó a un célebre e icónico superhéroe en la pantalla grande. Sería reiterativo aseverar que Riggan (caracterizado con evidente exigencia por Michael Keaton) no es más que el mismo Iñárritu. El protagonista es un célebre artista que enfrenta a los críticos que de manera demasiado escrupulosa señalan a quienes trabajan en la industria del entretenimiento en un plano comercial. ¿Qué se hace por amor al arte? ¿Hasta dónde están permitidos los sacrificios personales en nombre de la inspiración? Iñárritu exhibe estas incertidumbres sin fingimiento, por lo que la experiencia Birdman termina por ser más que conmovedora.

Finalmente, la carrera del Oscar se simplificó en un duelo específico: Birdman vs Boyhood, este último un experimento fílmico de Richard Linklater que se rodó en un período de doce años. La contienda presentaba dos títulos dispares, y la película de Linklater parecía tener ventaja por sobre la de Iñárritu; finalmente, el mismo Barack Obama la habría elegido como su cinta favorita de 2014. Sin embargo, en las ceremonias previas al Oscar asomó una pugna digna de seguirse. Los galardones de los correspondientes sindicatos, Globos de Oro, BAFTAS, etc., revelaban la cercana competencia entre ambas películas. Tan sólo el sábado pasado, Birdman obtendría el reconocimiento como mejor cinta, mientras que Linklater recogía el premio a mejor director en la entrega de los Independent Film Spirit Awards. El veredicto determinante llegó el domingo durante la transmisión del Oscar.

La noche de los premios, Birdman no sólo fue reconocida como la mejor película del año sino que logró preseas para el grupo de escritores, su director de cinematografía y para el director, venciendo al favorito Linklater en este renglón. Había escépticos que aseguraban que la cinta de Alejandro G. Iñárritu no tendría fortuna en esta ocasión, debido a que el año pasado se habría galardonado a Alfonso Cuarón y a su Gravedad en las principales categorías. Coronar a un mexicano por segundo año consecutivo no se percibía como una adecuada estrategia por parte de los miembros de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas. Birdman desdijo tal aseveración, además de proveer a Iñárritu, de paso, de una incomparable plataforma de expresión: "Quiero dedicar este premio a mis compatriotas que viven en México. Rezo porque algún día podamos edificar el gobierno que nos merecemos...." Palabras que tuvieron una resonancia particular en los medios de comunicación y las redes sociales apenas concluida la ceremonia. Así, aunque la entrega del Oscar resultó desde mi punto de vista en una transmisión un tanto extensa y soporífera (sin contar la desafortunada intervención de Neil Patrick Harris como anfitrión), será evocada en el futuro como la noche que triunfó el talento mexicano en Hollywood. Ahora bien, ¿repercutirán estos triunfos en la industria nacional? ¿Son un reflejo de nuestro cine? Parece dudoso. Es una película hecha en el extranjero, con riesgos ajenos a nuestros productores, y sobre todo una película que reciben premios de esa importancia justo mientras México enfrenta un recorte espectacular al presupuesto para la cultura y las artes.

Las virtudes de G. Iñárritu, en cambio, son reconocidas en todos los frentes. "Todo se resume a demanda cuando se trata de Alejandro. Es un perfeccionista que cuida cada uno de los detalles y que le exige todo el tiempo a su equipo de trabajo", manifiesta claramente Michael Keaton cuando se le cuestiona sobre su experiencia de laborar bajo las órdenes del mexicano. El ensayo de BIrdman termina por ser un peligroso recorrido por una cuerda floja en donde el mismo realizador distribuye los obstáculos. Tanto en el terreno técnico como en el interpretativo, la película se erige como un agudo intento por probar la capacidad de quienes trabajaron en ella. La apariencia de ese interminable plano-secuencia y las constantes variaciones en el tono actoral hacen de Birdman una emocionante e impresionante aventura fílmica. Sin embargo, a la par, por primera ocasión en su filmografía Iñárritu se desviste de sus logros técnicos, mostrándose sin reservas, visceral. Durante esa sobrecogedora última secuencia, que permite al espectador defender su propio desenlace, reconocemos que el director, al igual que su consumido protagonista, emprenden en conjunto su vuelo. Una imagen que resistirá la memoria del más despistado cinéfilo.