¿Tiene remedio la izquierda?

Entre las muchas consecuencias del esperpento de Ayotzinapa está la crisis ostensible de la izquierda partidaria, institucional, legal, que se enfrenta con encono a sí misma mientras es descalificada con virulencia en las marchas, los medios y el congreso. ¿Qué tan grave es realmente esa crisis? ¿En dónde se origina? ¿Hasta qué punto es una consecuencia de las decisiones de la izquierda misma y hasta qué punto un reflejo de otra crisis, la de la vida política del país en su totalidad? ¿Puede revertirse? Esta semana, en Tribuna, damos la palabra a una extensa nómina de protagonistas y estudiosos de esta historia convulsa.

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    1. Marco Rascón

      ¿En qué momento se jodió ...

      Fundador del PRD. Ex diputado federal.
    2. Jesús Zambrano

      ¿De qué crisis hablamos?

      Ex presidente del PRD.
    3. Alejandro Encinas

      Tocar fondo

      Senador por el PRD.
    4. Rolando Cordera

      Preguntas sobre la ...

      Catedrático de la UNAM. Miembro del Instituto ...
    5. Jesús Ortega

      No a la vuelta al pasado

      Ex presidente del PRD.

La izquierda en su laberinto

Guadalupe Acosta Naranjo

Ex presidente interino del PRD y ex presidente de la Cámara de Diputados.

Contestar a la pregunta de si la izquierda pasa por una crisis no es difícil: sí, sí lo está. Cómo negarlo, si acaba de sufrir la división más importante en décadas. López Obrador decidió formar su partido, así como se oye: su partido, terminando con un largo proceso de unidad sucesiva que tuvo su mayor salto con la formación del PRD en 1989, y que sacó a la izquierda electoral de su inmerecido papel testimonial para entrar de lleno en la disputa por el poder político. Ahora mismo, el tres veces candidato presidencial Cuauhtémoc Cárdenas, fundador del Sol Azteca, está solicitando la renuncia de la dirección nacional apenas electa en un proceso organizado por primera vez por el INE, sin sobresaltos y con dos millones de militantes participando, para nombrar una dirección interina que, además de hacer un plan de trabajo extraordinario, convoque a un nuevo congreso partidario para que modifique los estatutos, termine con su régimen interno parlamentario y de representación proporcional pura y convoque... A otras elecciones internas.

Cómo no reconocer que la tragedia ocurrida en Iguala-Cocula dañó la imagen de nuestro partido y puso en evidencia problemas de fondo que hemos acumulado durante todos estos años, como nuestro débil mecanismo de selección de candidatos pero sobre todo de supervisión de nuestros gobiernos, pues México vive un fenómeno más o menos reciente: el enorme poder que bandas delincuenciales que manejan un negocio multimillonario tienen sobre regiones enteras del país. Y aunque un candidato gane una presidencia municipal sin liga alguna con la delincuencia, ¿cuántos pueden resistir cuando llega un capo y les dice "plata o plomo", o cuando les preguntan qué tanto quieren a tus hijos y se los "cambian" por colocar un director de la policía municipal?

El PRD gobierna hoy a 25 millones de ciudadanos. En este rubro, es el segundo partido de izquierda en América Latina, solo después del PT de Brasil. Eso nos ha traído los nuevos retos que se tienen al no ser exclusivamente una oposición sin responsabilidades de gobierno. El mayor es el extendido fenómeno de corrupción que acompaña el ejercicio gubernamental y el manejo de grandes cantidades de recursos públicos, en un sistema político con débiles mecanismos de supervisión y de castigo sobre este cáncer social. Más bien, el diseño propicia la impunidad por la corrupción: son los mismos regulados los que nombran a sus reguladores; así hasta el más santo peca. La corrupción toca hoy también al PRD: las ligas de Bejarano, Abarca, Rosario y Ahumada, los escándalos en Michoacán de nuestros dos gobiernos, Monreal, Ponce, la clasificación decretada por AMLO sobre la información de los segundos pisos, la línea "dorada" del metro, por mencionar algunos casos. Eso es condenable en cualquier caso; en la izquierda debe de ser inadmisible. A eso le llamo también crisis.

La mención, que necesariamente hay que hacer, de que la crisis rebasa con mucho al PRD y a la izquierda en general, y que atraviesa a un conjunto de partidos y de instituciones del Estado mexicano, no debe de leerse como un recurso para desviar la atención, compartir culpas --consuelo de muchos--, o como pretexto para no reconocer nuestra situación. Hay que hacerla porque si no ubicamos el contexto general, entonces no podremos salir correctamente de nuestros problemas. El país está en crisis, el gobierno de la república también. ¿O cómo llamarle al escándalo llamado "casita blanca"? Lo están las instituciones de seguridad pública, sus policías y la estrategia de combate a la corrupción y la delincuencia organizada. Lo está el modelo económico, que tiene décadas con cero crecimiento, y lo está la justicia social, que acumula millones de nuevos pobres, con salarios miserables y déficit de creación de empleos. ¿De esto qué opinan nuestros empresarios mediocres y nuestros banqueros, que son incapaces en su mayoría de apostarle al crecimiento del mercado interno y siguen atrapados en dogmas monetaristas, aunque eso sí, enojados por que pagan más de ISR, pudiendo cobrarle el gobierno más a los frijoles y a las tortillas?

Veo una creciente crisis de credibilidad de parte de millones de ciudadanos, clases medias y jóvenes, especialmente hacia las instituciones y los partidos en su conjunto, incluido el nuestro en uno de los primeros lugares. También percibo un creciente clima de intolerancia hacia quien no piensa igual. El debate se sustituye por la consigna, cuando te va bien, pero el insulto, la mentada de madre, es la nueva escuela de cuadros de sectores de la "izquierda verdadera" y de la derecha autoritaria. Ya las capuchas aparecen por todos lados, desde anarquistas (yo que los anarquistas clásicos me quejaba de usurpación de real identidad) hasta encapuchados amigos de policías y soldados, ya que nunca son detenidos, y hasta en las redes sociales, donde desde el anonimato se tiran bombas molotov y ladrillazos al que ose pensar distinto. Lo cierto es que se genera un clima de odio, rencor e intolerancia que daña a la democracia en su conjunto. Me angustia nuestro alejamiento de los jóvenes: la izquierda sin jóvenes es un proyecto herido. Debemos reaccionar.

Nuestra crisis como izquierda tiene una característica especial. En los proceso de amplia unidad llegaron al PRD prácticamente todas las tendencias de izquierda, y cuando digo casi todas, de verdad es casi todas. En el 89 confluyeron en su formación desde el nacionalismo revolucionario, encabezado por la escisión del PRI de Cárdenas, Muñoz Ledo y López Obrador, hasta todos los "istas" que usted quiera: trotskistas, maoístas, leninistas, así como ex guerrilleros, la ACNR, Punto Crítico, y los mayores partidos electorales, desde el PMT hasta, claro, el PCM, evolucionado primero en PSUM y después en PMS. Por eso, desde su convocatoria en 1988 se decidió hacer un partido no clásico, no monolítico, sino plural, de corrientes; de otra manera, hubiera sido imposible conjuntar tanta diversidad en un solo partido. Somos, en ese sentido, un partido-frente, muy parecido al Frente Amplio de Uruguay. Es como si en España el PSOE, Izquierda Unida y uno que otro vasco estuviesen en un solo partido.

Claro que la figura del liderazgo carismático de Cárdenas sirvió de fuerza de gravedad y le dio al PRD, durante años, un papel hegemónico en su vida diaria. Sí, tuvimos propuestas y aportes muy importantes a la vida nacional. Pero una de sus funciones centrales era que Cárdenas fuese presidente. Él era el candidato; el partido, el instrumento. Al crecimiento de Andrés Manuel, el ingeniero diluyó su centralidad para ser ocupada por Obrador. Cambiamos de candidato, no de función. 26 años, solo dos candidatos y aún hoy sigue una disputa sorda pero inocultable entre nuestros dos grandes personajes.

Pero el cambio en la realidad de México, de su sistema político, con la llegada de la alternancia, con el surgimiento de partidos reales, distintos al PRI, que en los hechos fue el único existente en siete décadas, y la consecuente formación de un PRD más allá de sus figuras, que avanza con dificultades aunque sin pausa en su institucionalización, ha hecho que la pluralidad sostenida por sus solos caudillos sea ya insuficiente. O avanzamos en la creación de un partido institucional y democrático, o seguimos como una franquicia electoral al servicio de personalidades. AMLO se fue a construir SU partido, para ser candidato a la presidencia por tercera ocasión. No admitió no tener incondicionales en la dirección, aunque institucionalmente fue respaldado por ésta cuando fue candidato en 2012, a pesar de que muchos mirábamos mejor a Ebrard para ganar. No: Obrador prefiere un aparato a su imagen y semejanza, no una institución donde se debata, muchas veces en público, hasta la saciedad y no de buena manera, y se voten las decisiones en sus órganos. No, porque él no debe perder una votación, máxime si siempre tiene la razón. Espero que las propuestas de Cuauhtémoc sean eso, propuestas fuertes, criticas, duras según su visión, pero propuestas que se discuten, se debaten y deciden en los órganos del PRD. No un ultimátum.

Lo otro que se debate son las dos claras visiones de influir en la vida pública, de acceder al poder y de actuar como oposición. Hay quienes creen que la vía electoral es solo eso, una de las vías para luchar por el poder; que la oposición nunca debe dialogar con el gobierno, mucho menos buscar acuerdos para resolver los asuntos urgentes que vive una sociedad; que eso significa colaborar con un régimen que debe de ser sustituido, y que por lo tanto entre más mal le vaya en el gobierno, mejor. Que coquetean con la violencia, la justifican, la enaltecen. Que sueñan con su primavera mexicana, con que la sociedad barra con una enorme movilización a todos y los ponga a ellos en el poder para salvar a la nación. Por eso sus propuestas siempre tienen como fondo las renuncias de todo lo que se les oponga, y pasean, oscilan en el delgado filo de la insurgencia social.

Creo que es tiempo de que las opciones se decanten con toda claridad. Muchos años convivieron en un mismo proyecto partidario; tienen derecho a pensar así, ya tienen su partido. Nosotros también lo tenemos y debemos actuar en consecuencia, corrigiendo errores, abriendo el partido a la sociedad, hablado con académicos, gente de la cultura, del movimiento ciudadano y social, haciendo un polo democrático, progresista, defensor e impulsor de la ampliación de derechos, con un enorme acento en la justicia social y la igualdad y en el crecimiento económico mediante la ampliación del mercado interno; con mecanismos institucionales que combatan la corrupción y la impunidad que tienen hartos a los ciudadanos, comenzando con nuestros casos internos, para poner el ejemplo. Es tiempo de ser una oposición firme, critica, enérgica, con capacidad de proponer alternativas que resuelvan los problemas de la gente, pero claramente partidaria de la legalidad, de la democracia, de la vía electoral y parlamentaria. Si lo hacemos, habrá PRD para rato; si no, la crisis no será oportunidad, sino tumba.