¿Te hace falta ver más spots?

Alégrate, querido lector: en el último proceso electoral pudimos disfrutar de casi 41 millones de anuncios pautados so pretexto de las elecciones. México, país de libro Guiness. Dejemos de lado la calidad de esos spots o su pertinencia ética y vayamos a otras preguntas: ¿hay algo que compense semejante baño de aburrimiento? ¿Benefician realmente a los partidos o los gobiernos, ya no digamos a los ciudadanos? ¿Comunican algo que nos importe, son una forma pertinente de publicidad en los tiempos de internet? ¿Convencen a alguien? ¿Le ganan votos a los candidatos, o por el contrario nos alejan de la política, nos hastían aún más de los contendientes? En otras palabras: ¿te hace falta ver más spots?

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    1. Jorge Buendía

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    2. Javier Aparicio

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    3. Jorge Javier Romero

      La política, como la pasta ...

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Los anuncios no sirven

Esteban Illades

Editor de la revista “Nexos”.

Como cada proceso electoral, lo primero que se discute –de manera airada, constante, y tal vez fatigante– son las reglas. En teoría falta mucho para que el Instituto Nacional Electoral (INE) oficialice la campaña presidencial de 2018, pero para varios –columnistas, analistas e interesados en la sucesión presidencial– la campaña comenzó el año pasado, cuando la opinión general concluyó que el sexenio actual había terminado.

Pero ni siquiera. En México vivimos un proceso de campaña continua. Tenemos aspirantes transexenales –López Obrador–, familias que buscan eternizarse al estilo de los Clinton y los Bush –los Calderón/Zavala–, y el PRI, partido que en plena era digital se sigue rigiendo por el dicho de "el que se mueve no sale en la foto".

El principal punto contencioso, por ahora, es quién de éstos se está adelantando. En un proceso sobrerregulado pero infrafiscalizado –para los debates presidenciales está reglamentado hasta el encuadre de cada candidato, pero nadie nunca resulta responsable de nada cuando hay que rendir cuentas al final de la elección–, cualquier tema es un escándalo para los políticos. Que si se pueden hacer alusiones a los oponentes –no–, que si se puede hablar del futuro –tampoco–, que si los periodistas pueden hacer alguna inflexión en su tono para anunciar que viene una tanda televisiva de spots –menos–, cada minucia se litiga. En algunos casos, como el último anuncio de Morena sobre el nuevo avión presidencial, hay amenaza de que el pleito llegue hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Pero fuera de los involucrados y los interesados cuyo trabajo es cubrirlos, ¿qué tanto importa o influye la publicidad anticipada? Según dos encuestas recientes –Buendía y Laredo para "El Universal" y Alejandro Moreno para "El Financiero"–, poco y nada.

Basta con ver tres nombres: Rafael Moreno Valle, Manuel Velasco y Aurelio Nuño. Dos de ellos –Moreno Valle y Velasco– empezaron a ser mencionados como posibles candidatos apenas inició el sexenio actual. El tercero, que saltó a la luz al ser nombrado secretario de Educación Pública, ha tenido una exposición mediática envidiable desde que asumió el nuevo cargo: cobertura discutiblemente noticiosa cada noche en los principales noticieros, notas constantes de ocho columnas en varios diarios y artículos invitados en periódicos que en otras épocas hubieran preferido no sacar una edición a publicar a un político priista en primera plana. Moreno Valle y Velasco han tapizado periódicos, revistas de corazón y chismes, estadios y sitios de Internet cada que es turno de su informe anual. Incluso con la visita del Papa, los espectaculares de la ciudad de México le daban la bienvenida a Chiapas, estado a casi 1,000 kilómetros de distancia de la capital.

Pero su exposición –jugando al borde de la regulación con tal de seguir en el ojo mediático– ha tenido un rédito mínimo. Según Buendía y Laredo sólo el 1% de los encuestados conoce a Nuño, mientras el 12% dice saber quién es pero no lo puede identificar en una fotografía. Velasco es conocido por el 6% y Moreno Valle por el 8%. Ni siquiera hablamos de una opinión sobre ellos: simplemente no son conocidos por los encuestados. Según los números de Alejandro Moreno, tanto el gobernador de Puebla como el secretario de Educación salen un poco mejor parados: a Moreno Valle lo conoce el 32% de la población y a Nuño el 25%. Velasco ni figura en una lista que incluye a 18 posibles aspirantes.

Es cierto, con dos encuestas es difícil concluir verdades, pero sí se puede ver tendencias: la exposición mediática no parece influir en que el electorado conozca a quienes ya se apuntaron a la sucesión presidencial. ¿Por qué? Difícil saberlo, pero aquí una teoría.

En México, desde que existen los medios –primero los periódicos y las revistas, después la televisión y ahora los portales online– su transparencia ha sido mínima. No se sabe cuántos ejemplares tiran los impresos –hay números oficiales ante la Secretaría de Gobernación, pero es un secreto a voces que esas cifras están infladas–, no se sabe qué rating tienen las televisoras –salvo cuando se trasciende en columnas, casi nunca con datos duros o regulares– y qué público tienen los sitios web –muchos los divulgan en sus paquetes para atraer publicidad, pero engrandecen las cifras para conseguir clientes–. Esto quiere decir que no sabemos a ciencia cierta cuántas personas leen periódicos, ven noticieros y entran a portales de noticias. Discutimos, pues, el efecto de algo que tal vez a nadie, salvo a nosotros los medios, al círculo rojo y a los propios políticos, le parece relevante. ¿Quién ve los anuncios? ¿Quién lee las noticias? No lo sabemos.

Sin duda los números cambiarán una vez que los candidatos estén definidos y la especulación termine. Las calles se volverán a tapizar con las caras de los aspirantes –algunas, muy pocas, serán independientes– y políticos y medios pasaremos a la segunda fase: la discusión de las siguientes reglas con las que nadie está de acuerdo.

Mientras tanto, seguiremos haciendo rounds de sombra.