¿Son dañinos los transgénicos?

"¿Cuántas personas pobres en el mundo deben morir antes de que consideremos esto un crimen contra la humanidad?", remata la carta firmada por 109 ganadores del Nobel, reproducida en cientos de medios y causante, claro, de un coro global de voces encontradas. Y es que va dirigida nada menos que contra Greenpeace, una organización a la que no suelen caerle cuestionamientos de esa magnitud y que se opone categóricamente al cultivo de transgénicos en general y específicamente del arroz dorado, una fuente de vitamina A, aseguran los firmantes, que puede ayudar a unos 250 millones de niños amenazados por la ceguera. El debate en torno a los transgénicos, creemos en Tribuna, es urgente. No es poco lo que se juega: la lucha contra el hambre, nuestra salud, la economía de muchos, la biodiversidad y, si se quiere, hasta los límites de la ciencia y la tecnología.


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Bajar la velocidad

Andrés  F. Keiman

Profesor investigador de la UACM San Lorenzo Tezonco.

“Aún se habla en términos de conquista. Aún no hemos madurado lo suficiente como para vernos como una parte ínfima de un universo increíblemente vasto”.

Rachel Carson

Hace algunos días los medios se alborotaron (https://www.washingtonpost.com/news/speaking-of-science/wp/2016/06/29/more-than-100-nobel-laureates-take-on-greenpeace-over-gmo-stance/). Alrededor de una centena de premios Nobel exhortaron a la organización ambientalista Greenpeace a cambiar su oposición contra los organismos genéticamente modificados. En especial, llamaron a cesar en sus esfuerzos por bloquear la introducción del polémico "arroz dorado", manifestando que puede jugar un papel importante para combatir la deficiencia de la vitamina A. Por supuesto, rápidamente en las redes se generó un revuelo de opiniones a favor y en contra, y los medios reflejaron esa necesidad de información de la población (http://www.milenio.com/tribunamilenio/son_daninos_los_transgenicos/).

Uno de los debates centrales es saber la motivación de 25 nobeles de Física, 34 de Química, 41 de Medicina, una de literatura, uno de la Paz y ocho de Ciencias Económicas por firmar dicho manifiesto (http://supportprecisionagriculture.org/index.html). Pues muchos de ellos pertenecen a campos distantes de la Genética, la Ecología, la Nutrición o la agricultura, las disciplinas vinculadas al tema de los transgénicos. Antes de empezar, es preciso señalar que no creo que todos los premios Nobel firmantes trabajen para el agronegocio. No obstante, sí pienso, que la industria agrícola construye una estrategia para incorporar académicos que, honestamente o no, generan una agenda favorable para este sector.

¿Para que querrían las multinacionales generar una agenda a su favor? En principio, para dirigir o silenciar temas controversiales en los medios. Por ejemplo, en los 70 la multinacional Monsanto se la estaba pasando negras con tantas demandas en su contra por presentar evidencia falsa y encubrir los efectos nocivos del DDT y PCB sobre la población (http://www.motherjones.com/tom-philpott/2012/09/romney-monsanto-bain). Para salir al paso contrataron la consultora de gestión Bain. En ella trabajaba un futuro candidato presidencial republicano y con actuales vínculos a la multinacional (http://viento.manantialdenubes.org/nasem-kawamura/), Mitt Romney, a quien le encargaron pensar la futura estrategia de relaciones públicas de la compañia.

(1) El plan que ideó Romney para que Monsanto abandonara su imagen de industria de químicos mortífera a una mucho más amigable, la de empresa que vende productos agrícolas para combatir el hambre del planeta, fue la de financiar investigadores e invertir millones en investigación y desarrollo a través de fundaciones y ONG (http://online.liebertpub.com/doi/pdf/10.1089/jmf.2008.0094). La multinacional decidió apostar su futuro en las hormonas de crecimiento y bioingeniería de semillas, y así en 1979, después de dos años, pudo dar su salto definitivo a la agricultura.

Toda esta historia nos lleva de regreso a uno de los organizadores de la iniciativa "Support GMOs and Golden Rice" (https://www.thenation.com/article/mitt-romney-monsanto-man/), Richard Roberts, premio Nobel de medicina que además es el CEO responsable de guiar la investigación y establecer los objetivos científicos en New England Biolabs, una compañía biotecnológica para el desarrollo de enzimas, vinculada a empresas como Novartis.

Roberts en sus conferencias aprovecha su principio de autoridad para resaltar cómo la biotecnología puede ayudar a la desnutrición, desarrollando alimentos ricos en beta carotenos e investigación para conocer la absorción de este caroteno en humanos. Por supuesto que está en todo su derecho a decir lo que quiera. Sin embargo, como señala David R. Schubert, del Salk Institute for Biological Studies, omite abordar la discusión existente sobre la probabilidad de teratogénesis, pues se sabe que los derivados simples del caroteno son conocidos teratógenos, es decir posibles causantes de cáncer (7).

El tema es importante, pues estamos hablando de una actividad sustantiva para la supervivencia del ser humano, la agricultura y el futuro de las próximas generaciones. Nadie niega la importancia de los transgénicos, pero muchos piensan que existe más de una alternativa para conseguir alimentos que la propuesta por la agroindustria. Por eso preocupan conductas como la búsqueda de voces de autoridad para promover ideas o silenciar otras propuestas o descubrimientos. Ojalá no esté pasando como con Rachel Carson, que se acuse de alarmistas a los oponentes del actual modelo de producción agrícola y después se reconozca que tenían razón. Todavía estamos a tiempo de considerar el principio de precaución, tomar las medidas adecuadas, bajar un poco la velocidad y entender de una vez, como decía Carson, que "En la naturaleza no existe nada por sí solo".