¿Son dañinos los transgénicos?

"¿Cuántas personas pobres en el mundo deben morir antes de que consideremos esto un crimen contra la humanidad?", remata la carta firmada por 109 ganadores del Nobel, reproducida en cientos de medios y causante, claro, de un coro global de voces encontradas. Y es que va dirigida nada menos que contra Greenpeace, una organización a la que no suelen caerle cuestionamientos de esa magnitud y que se opone categóricamente al cultivo de transgénicos en general y específicamente del arroz dorado, una fuente de vitamina A, aseguran los firmantes, que puede ayudar a unos 250 millones de niños amenazados por la ceguera. El debate en torno a los transgénicos, creemos en Tribuna, es urgente. No es poco lo que se juega: la lucha contra el hambre, nuestra salud, la economía de muchos, la biodiversidad y, si se quiere, hasta los límites de la ciencia y la tecnología.


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La paradoja y el dumping ecológico

Dante Ariel  Ayala Ortiz

Biólogo y economista de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Se especializa en economía agroambiental, valoración ...

En los últimos días se ha renovado una gran polémica a nivel nacional e internacional sobre la utilización de los OGM o transgénicos, y sus posibles efectos. Hasta ahora la gran mayoría del debate se ubican en el análisis de las perturbaciones que estos materiales pueden causar en los procesos ecológicos de los sistemas agrícolas (v.gr. pérdida de la agrobiodiversidad, erosión genética, alteración de la cadena trófica, etc.), así como la amenaza que representa para la salud humana el consumo humano directo e indirecto de los transgénicos. Sin embargo, es menor la discusión que se presenta para analizar las implicaciones económicas que supone el uso de OGM en los mercados agrícolas. Así, en el presente debate deseo aportar un par de argumentos para el caso del maíz transgénico en México.

El primer argumento es sobre el inminente aumento de la brecha tecnológica. El análisis de la economía política distingue dos aspectos del impacto del desarrollo tecnológico: por un lado, que la transferencia de tecnología genera grupos de perdedores y ganadores; y por otro, que el mundo económico es delineado por el balance entre estos grupos. Desde esta perspectiva, considerando exclusivamente el factor tecnológico, los ganadores son quienes logran poseer y utilizar favorablemente las nuevas tecnologías disponibles, que en el caso de la agricultura transgénica implícitamente suponen reducir costos o aumentar rendimientos (ciertamente, los beneficios de este grupo de ganadores son relativos, por ejemplo, a que aparezca o no la plaga para la cual son resistentes, o a que tenga que usar o no el herbicida para el cual son tolerantes, etc.); mientras tanto, los perdedores son aquellos que se rezagan tecnológicamente, al no tener acceso a tales nuevas tecnologías, perdiendo competitividad en términos de la relación costo-beneficio, rendimiento, etc., del clásico modelo productivista que prima hoy en la agricultura, y quedando sucesivamente al margen del progreso productivo.

En este sentido, tomando como caso la autorización para el uso de la tecnología transgénica aplicada al cultivo del maíz, es evidente que los productores maiceros tradicionales de México, siendo perdedores en esa difusión tecnológica desigual, enfrentan mayores obstáculos para continuar participando competitivamente en el mercado del maíz. Además, se ha demostrado que en el caso de los productores tradicionales de maíz, el principal recurso tecnológico con el que cuentan es su semilla: una amplia diversidad de variedades localmente adaptadas a los más distintos agroambientes productivos que por generaciones de selección y manejo han indicado tener una alta respuesta adaptativa a las condiciones ambientales locales y que, en esa medida, garantizan un mínimo de cosecha (i.e. de seguridad alimentaria) aun bajo condiciones adversas.

Desde esta perspectiva, sustituir estas variedades por variedades genéticamente modificadas (ya sea en forma directamente inducida por las políticas públicas y las presiones mercadológicas, o en forma indirecta, por negligencia en el manejo –i.e. contaminación por flujo genético– de los materiales transgénicos) significa privar a los productores de uno de sus principales activos, erosionando su ya menguado capital productivo; evidentemente, tal acción pondría en riesgo la sostenibilidad de los agroambientes productores tradicionales.

La paradoja consiste en que, al tiempo que aparentemente se soluciona el problema (agronómico o comercial) de unos cuantos, se profundiza la brecha y el problema económico estructural del sistema bimodal de producción maicera nacional.

El segundo argumento a debatir en esta tribuna, es el potencial doble dumping ecológico en favor de los transgénicos y en detrimento del sector maicero tradicional de México. El eco-dumping o dumping-ecológico hace referencia a la venta de bienes a un costo que no internaliza los costos sociales de la degradación ambiental (e.g. contaminación, agotamiento de recursos, pérdida de biodiversidad, etc.), generada por una determinada actividad productiva. Fundamentalmente este doble eco-dumping está asociado a un conjunto de externalidades que, dependiendo del sentido, operan en beneficio o perjuicio de los agentes participantes en el mercado del maíz.

Así, un primer factor que propicia este dumping ecológico está directamente asociado a los productores de variedades transgénicas; y consiste en que la tecnología de los cultivos GM, como se ha dicho, está enfocada fundamentalmente en dos modificaciones, la inclusión del gen Bt (agrotóxico) y la tolerancia al uso de herbicidas; ambas modificaciones tienen un impacto ecológico que repercute en una degradación ambiental, cuyo costo es real y debería ser internalizado dentro del cálculo de costos de producción, obligando a tales productores a adoptar medidas que atenuaran dicho impacto. No hacerlo supone permitir la existencia de una ventaja desleal en contra de los productores que no utilizan estas tecnologías degradantes. Es decir, que la producción de maíz transgénico genera externalidades ambientales negativas, cuyo costo debería ser cargado por los propios productores de estas variedades.

Un segundo factor de este eco-dumping, asociado positivamente a los productores tradicionales de México sin ser expresado en el precio, es en virtud de que el mercado nacional falla en el reconocimiento de las múltiples funciones sociales, culturales –además de las ambientales ya señaladas– de la producción maicera campesina; es decir, que el precio de mercado que se establece para el maíz en México no reconoce la multifuncionalidad de la agricultura maicera tradicional y, por lo tanto, no compensa las externalidades ambientales, sociales y culturales positivas de este tipo de producción, poniendo en desventaja a estos productores con respecto a los que usan variedades transgénicas. En particular se deben destacar las externalidades ambientales y sociales positivas que generan los productores tradicionales, por la contribución que hacen en el mantenimiento del flujo y variabilidad genética de cientos de variedades criollas de maíz, cuya importancia alimenticia para la humanidad es invaluable.

Probablemente se pueda considerar que este argumento tenga una mayor validez ambiental que económica. No obstante, es preciso señalar que las externalidades ambientales aquí presentadas como dumping ecológico son propiamente dos bienes públicos (i.e. menor contaminación por agroquímicos y mantenimiento de la agrobiodiversidad) cuyo precio no es expresado porque carecen de mercado, pero los cuales sí tienen un valor no sólo ecológico y social, sino también económico. Ciertamente, en este caso el reto no es sólo lograr la adecuada identificación de las externalidades, sino la "internalización" de las mismas, es decir, cuantificar e incorporar las externalidades a un esquema contable de costos y precios de mercado.

Finalmente, debe observarse que el riesgo potencial de la pérdida de la biodiversidad maicera mexicana, siendo un bien público puro, sería cargado por todos los mexicanos: productores y consumidores de los derivados de esta planta en su riqueza de expresiones. En tanto que los posibles beneficios que se puede derivar del uso de la tecnología transgénica aplicada al maíz en México, tratándose de un bien privado puro, están quedando en manos exclusivamente de quienes efectivamente pueden tener acceso a dicha tecnología y hacer ciertos sus beneficios.

En otras palabras, estamos frente a un claro caso de socialización de los riesgos (o potenciales pérdidas) y privatización de los beneficios (o potenciales ganancias), lo cual a todas luces nos pone de frente ante un problema público de índole ético y moral.

daao@fevaq.net