¿Se debe negociar con el crimen organizado?

Es cíclico... La violencia no cede, la persecución de los cárteles no deja resultados precisamente alentadores por mucho que los capos son detenidos día a día, la desesperación crece entre los ciudadanos y la pregunta vuelve a aparecer: ¿y si pactamos con el crimen organizado? El último en plantearla fue el ex presidente Vicente Fox, con el revuelo que suelen concitar sus intervenciones públicas y con al menos una consecuencia positiva: invita a discutir a fondo el tema. ¿Es ético, es útil, más aún: es posible pactar con las mafias? Esta semana en Tribuna.

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Fox el chacotero

Ernesto López Portillo

Director y fundador del Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde).

No sé qué me impresiona más, la incontinencia verbal de Vicente Fox o las reacciones que provoca con ella. Ya sabemos quién es él. Ya sabemos de qué es capaz y de qué no. Es la misma persona que dijo que resolvería en minutos el levantamiento armado del EZLN en Chiapas. No se me olvida. Él ofreció todo para llegar a la presidencia de la República y, una vez ahí, caminó entre múltiples promesas fallidas durante toda su administración. Fox nos recuerda que una cosa es decir y otra muy diferente es hacer; brilla por lo primero y palidece por lo segundo.

Acaso el cálculo de Fox está hecho desde hace tiempo y dice lo que dice justamente para provocar reacciones, no tanto para demostrar que sabe de lo que habla. Así tal vez ha trazado su historia: construyendo audiencias mediante la provocación, sin hacerse cargo del contenido y de la consistencia de su discurso. Y si fuera el caso, si en efecto así lo hubiera planeado, vaya que le ha funcionado. No todos logran mover a millones de conciencias con ocurrencias, como él lo hizo.

Ahora soltó una nueva provocación que, una vez más, atrajo la atención de unos y otros. Les digo, es su especialidad. Y una vez más, su ocurrencia quedará mejor impregnada en el imaginario colectivo que cualquiera de los análisis y las críticas a propósito de aquélla. Millones se enteraron que Vicente Fox dijo “yo me sentaría a negociar, a buscar con esos cárteles y esos tipos a ver cómo nos arreglamos para que dejen de estarse matando entre ellos y matando a nuestros jóvenes”

El personaje habló y los medios hicieron lo suyo, multiplicando el alcance de las palabras y buscando reacciones. Ya imagino cómo se divierte este sujeto mirando el oleaje luego de remover las aguas. De hecho, en la entrevista citada anuncia el dardo antes de aventarlo: “te dejo esta nota que muchos me la van a reclamar”. Sabe pues la fórmula.

No creo que a Fox le interese saber si es legalmente posible eso de arreglarse con los cárteles. De hecho, merecería un análisis aparte ponderar la carrera política de este personaje cruzando sus dichos con la ley. Tal vez por ahí se desnuda el verdadero nivel de relevancia que le merece la segunda. Medir el discurso de Fox contra la ley acaso hallaría algo así como esto: la ley podrá decir lo que sea pero lo que yo digo que hay que hacer es esto o lo otro. Ésta sería ciertamente otra discusión, no menor, a mi parecer.

Cuando los ex presidentes hablan es imposible evadir el contraste de sus palabras con sus acciones en el cargo que ostentaron. ¿Fox se arregló con los cárteles? ¿Lo intentó y no pudo? ¿Sí pudo y nunca lo dijo? ¿Se sentó a negociar al margen de la ley y logró así reducir la violencia? ¿Acaso habla de su experiencia y no lo puede referir así?

La Ley Federal contra la Delincuencia Organizada fue publicada en 1996 y él llego a la presidencia en el 2000. Es decir, ya era legalmente posible aplicar beneficios a los miembros de las organizaciones que “presten ayuda eficaz para la investigación y persecución de otros miembros de la misma”. 

No hay en todo caso noticia oficial de que esta herramienta legal le haya funcionado eficazmente al Estado mexicano para desarticular a las organizaciones criminales. Antes al contrario, a dos décadas de haberse colocado México a la vanguardia regional en la creación de herramientas jurídicas en la materia, nuestro país hoy se mira desde el mundo entero como un inmenso laboratorio del desastre extremo producto de la política prohibicionista de las drogas. Por cierto, otro anterior presidente, Ernesto Zedillo, anda por el mundo justamente promoviendo el reconocimiento mundial de la falla de esa política y la creación de otra enfocada en la salud, la educación y la regulación del mercado de las drogas.

El asunto es peor. El empleo de testigos colaboradores ha quedado comprometido por la crónica debilidad institucional de la Procuraduría General de la República, manipulada políticamente según los intereses dominantes en turno. Me confirman ex fiscales de esa institución que las investigaciones suelen pasar por filtros políticos que recargan la potencia legal contra unos, mientras la debilitan contra otros. Y en el peor de los casos, las herramientas de la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada se utilizan precisamente contra quien antes las usó, para así cobrar facturas desde tejidos de complicidad que en ocasiones diluyen la frontera entre el crimen y la institución.

Por lo demás, quien conoce la lucha del mundo contra la delincuencia organizada sabe bien que la mejor información para lograr las condenas múltiples y simultáneas necesarias para desarticular una organización criminal, generalmente proviene justamente de sus propios miembros. Eso que llaman los fiscales y jueces ejemplares en la experiencia histórica son los que han sabido llegar a esa información.

Hay algo muy cierto y muy importante en el más reciente chacoteo de Fox. Es urgente parar la matanza. Y lo dice justo cuando ya no hay fuente alguna que niegue el hecho de que los homicidios registrados vuelven a subir en el promedio nacional. El problema es que el mensaje de fondo llega diluido en jugueteo y de esa manera se pierde en el camino. Si lo que Fox quería era alertar por la matanza, entonces Fox fue víctima de su propia lengua. Y si en algún momento quiere hablar en serio de la reducción de la violencia homicida, entonces deberá asomarse al mundo y se dará cuenta de que quienes pueden demostrar que han en efecto reducido la violencia homicida traen una caja de herramientas que combina medidas de prevención y de control, es decir, políticas integrales que transforman el tejido social e institucional, a la vez que aseguran el castigo penal ejemplar a los homicidas.

Pero yo creo que todo esto en el fondo a Fox le tiene sin cuidado. Sentarse con los narcos para arreglarse suena pegador, más allá de  que sea posible o conveniente. El chacoteo en todo caso asegura la audiencia.