¿Realmente veremos la pelea del siglo?

Que ni Floyd Mayweather ni Manny Pacquiao llegan en su mejor momento, por aquello de la edad; que todo es vulgar mercadotecnia; que la tele nos engaña; que al boxeo lo rigen las apuestas y nada más... Son muchas las objeciones que se hacen a la pelea del 2 de mayo entre los mejores "libra por libra del mundo", sin duda la más esperada de los últimos 15 o 20 años y la que más dinero, más medios de comunicación, más apuestas y más dólares por boleto ha movido desde los orígenes de "la dulce ciencia". Pero ¿hay un gran boxeo detrás de toda esa pirotecnia? ¿Son el norteamericano y el filipino grandes-grandes? ¿Veremos, pues, uno de esos espectáculos deportivos que marcan época? Destapen las cervezas y platíquenlo con nosotros.

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El regreso del boxeo

Mauricio Salvador

Editor de la revista Esquina Boxeo y autor de Rodolfo Casanova y los inicios del boxeo mexicano.

En 2009 Larry Merchant, analista de boxeo para HBO, escribió al editor de deportes del New York Times: "Escribo para protestar por la política del Times respecto del boxeo. No añoro los buenos viejos tiempos del boxeo. Añoro una cobertura del presente que dé cuenta de que aún existe y que ocasionalmente florece. Muy cierto, el boxeo ya no es mainstream. Sin embargo, tiene devotos seguidores que seis o 10 veces al año llegan a más que eso. Grandes peleas generan grandes números: multitudes, ratings de TV, dólares de PPV". En favor de Merchant hay que decir que 2009 fue un año bueno para el boxeo. Vio la emergencia y consolidación de figuras como Paul Williams, Juan Manuel López, Sergio Martínez, Brian Viloria, Andre Ward, Chris Arreola, Kelly Pavlik, Wladimir Klitschko, David Haye, Carl Froch y Nonito Donaire, entre otros. Fue también el año en que incluso la gente no devota del boxeo llegó a escuchar por primera vez de Manny Pacquiao, tras la destrucción que hizo de Ricky Hatton y de Miguel Cotto, y de su archirrival libra por libra, Floyd Mayweather, quien volvió a los cuadriláteros para dominar a otro libra por libra, el mexicano Juan Manuel Márquez. En 2009 el público exigió por primera vez una mega pelea entre Pacquiao y Mayweather. Se hablaba de un pago por evento de hasta 50 dls.

Poco más de cinco años después, la cara del boxeo es una mueca paralizada por la dementia pugilistica y sus protagonistas han abandonado el deporte más cruel y permanecen en casa en sillas de ruedas, entre problemas legales, depresión, alcoholismo, etc. Así que en cierto sentido el boxeo sigue siendo el mismo. Sin embargo, cinco años fueron suficientes para que la queja de Merchant al NYT obtuviera una respuesta sorpresiva, pues desde que el 11 de marzo de este año Pacquiao y Mayweather se abrieran paso entre más de 700 periodistas para ocupar por fin el mismo escenario y anunciar su pelea, el NYT ha publicado más de 20 artículos relacionados con la pelea y sus protagonistas. El boxeo, por primera vez en muchos años, volvió a la conciencia colectiva.

Lo que se imaginaba en 2009 como un PPV de 50 dls. vale hoy el doble y los boletos opacan los del Super Bowl o los de cualquier otro evento deportivo con un precio promedio de $10,859.55 dls. Números sólo justificables por los años de incubación de un enfrentamiento que hoy apela a la Historia con "h" mayúscula y que a los historiadores del boxeo los lleva a recordar figuras no sólo de otra época (Henry Armstrong), sino de otro siglo (Bob Fitzsimmons).

Algunos devotos sugieren que esta pelea se da demasiado tarde y cuando ambos contendientes van en declive. De haberse dado en 2009, la Historia no tendría un lugar como lo tiene ahora y Pacquiao y Mayweather no estarían en posibilidades de demostrar lo que otros grandes boxeadores han demostrado en su momento: que se puede ser grande a pesar del declive. No hay estratagema económica o truco publicitario que pueda dotar a un evento de esta legitimidad. Y si en algún laboratorio se han podido recrear el Big-Bang, difícilmente los genios de la comunicación o la economía (y mucho menos los ejecutivos de televisión) pueden recrear la inercia histórica que da legitimidad a esta batalla. Mejor aún, la pelea será una guerra de contrastes, entre el arrogante boxeador guiado por el dinero y el humilde peleador de los estudios bíblicos; entre el hombre que aspira a la perfección estadística y el que desea complacer y hacer feliz a sus compatriotas.

Desde aquella conferencia del 11 de marzo los periódicos más importantes del mundo han seguido los entramados de esta pelea. Y ya que el boxeo ha captado nuestra atención por casi un mes entero (algo excepcional si no se es un devoto), es justo preguntarse si nos enseñará algo a cambio de nuestra atención, y justo preguntarse si su presencia en nuestra correcta atmósfera política justifica el uso de ese repositorio de palabras heroicas y rimbombantes del cual muy pocas veces podemos echar mano: gloria, victoria, coraje, valentía. Si vemos eso este 2 de mayo, el boxeo habrá justificado su presencia en nuestra conciencia colectiva. Pero si no (y es un no muy probable), ni los historiadores ni las estadísticas podrán quitarnos la sensación de que lo que presenciamos fue una gran estafa que hará ver a Bernie Madoff como un niño. Entonces leeremos docenas de obituarios. El boxeo no nos habrá enseñado nada y volverá a sus escondrijos, ahí donde los devotos se sumergen cada tanto en busca de una pepita de oro.