¿Quién gana y quién pierde con Uber?

En lo que respecta a la tecnología, los legos podíamos imaginarnos muchas cosas, pero no que era capaz de librarnos del trato con los taxistas. Hoy sabemos que hasta para eso puede servir un smartphone. Si tienes una tarjeta de crédito y un teléfono decoroso, basta con hacerte de una aplicación y cualquier día, en cualquier sitio y a cualquier hora pasará a buscarte un chofer con un auto en buenas condiciones, a menudo por una cantidad más baja que la del sitio del aeropuerto o el radiotaxi. El resultado: protestas masivas de taxistas, bloqueos de calles, incuso apaleamientos de conductores. ¿Puede interrumpirse un proceso como este? De ser así, ¿sería justo? ¿Y los derechos de los usuarios? ¿Qué papel deben jugar los gobiernos en dicho proceso?

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Un contrato entre particulares

Alejandro  Domínguez

Periodista y usuario de Uber.

Uber llegó a México como una gran alternativa de transporte, no a sustituir a los taxis. Sin embargo, esta buena idea, que soluciona muchos problemas, es segura y novedosa, está generando quejas, movilizaciones e incluso agresiones de los taxistas capitalinos.

Los servicios de transporte privado como Uber --repito: TRANSPORTE PRIVADO-- dan un servicio de chofer a precio justo y con autos en muy buenas condiciones, no requieren efectivo y se piden desde una aplicación del celular. Esta maravilla es una alternativa para salir a divertirse en las noches sin preocupaciones y sin tarifas exorbitantes. Permite que los padres de familia no se levanten a media noche para recoger a sus hijos en el antro o la fiesta, que no se gaste en sueldos de choferes, que no se desgasten los coches de la casa.

Esta maravilla está siendo comparada con los taxis. Sabemos que si bien hay muy buenos taxistas, éstos pueden ser abusivos, suelen traer los coches descuidados, sucios, y, si no son de sitio, pueden representar un riesgo. Pero, decíamos, un Uber no es un taxi ni busca remplazar a los taxis. La mayoría de la gente que usa este servicio no usaba antes taxis, y si desapareciera el servicio tampoco lo haría. La mayor parte de los que usan Uber tiene coche, pero en ocasiones le resulta más sencillo y seguro pedir el servicio que sacar su auto. En Uber, un grupo de amigas sí irían tranquilas al antro; en un taxi no. En Uber un papá dejaría a su hija ir a cenar con su novio; en un taxi no. En Uber se podría mandar a los niños a la escuela sin preocupaciones; en un taxi no. ¿Por qué en Uber sí y en taxi no? Porque envía la información del chofer en cuanto se solicita, permite compartir el recorrido con un amigo o familiar para que esté atento al trayecto, permite dividir la tarifa entre los que viajan y ofrece múltiples opciones de transporte, como autos compactos, ejecutivos o camionetas.

El que quiere tener un taxi se somete a condiciones rigurosas para brindar un servicio de transporte público. El que quiere tener un Uber cumple con requisitos de exigencia para celebrar un contrato entre particulares. El examen de control de confianza que se les hace a los choferes de Uber es exhaustivo: muchos lo reprueban. TODOS los choferes de Uber son sometidos a examen médico, toxicológico y psicométrico-psicológico, así como a una entrevista de trabajo. ¿Cuántos taxistas pasarían estas pruebas? No lo sé, pero en Uber quien maneja ya las pasó.

Uber es un buen servicio y un excelente negocio. De acuerdo con la empresa, tener un Uber de los más baratos (Uber X) que realice entre 12 y 14 viajes al día genera a la semana casi ocho mil pesos, unos 411 mil al año. No está mal, ¿no? De esa cantidad a Uber le corresponde entre el 20 y el 25% por el uso de su plataforma.

Esas cifras son las que molestan a los taxistas y con las cuales le brillan los ojos al gobierno capitalino. Parece que se le olvidan las afectaciones que este año han sufrido los automovilistas, como las modificaciones al Hoy No Circula, y cuando llega una buena opción de transporte la quiere "regularizar", o más bien: volver a fregarlos. ¿Acaso el gobierno capitalino se mete cuando una familia contrata a una persona como chofer? No lo hace, ni tiene facultades para hacerlo. Eso, repito, es Uber: un contrato entre particulares en el que el usuario requiere un chofer con auto y un chofer con auto se le brinda. La única diferencia es que Uber se contrata a través de una aplicación y garantiza que ese chofer dará un buen servicio.

El gobierno del Distrito Federal se está doblegando ante las protestas de las asociaciones de taxistas y las agresiones físicas contra los choferes de Uber. Le cuesta trabajo comprender que hay mercado para todos y que no todos los negocios en esta ciudad deben beneficiar económicamente a la autoridad. Los taxistas quejosos deben entender que Uber no busca quitarles clientes, que siguen y seguirán siendo necesarios. Estaría bien que en vez de quejarse mejoraran, para que los usen más personas y así las diversas opciones de transportarse en la ciudad nos beneficien a todos.