¿Quién gana y quién pierde con Uber?

En lo que respecta a la tecnología, los legos podíamos imaginarnos muchas cosas, pero no que era capaz de librarnos del trato con los taxistas. Hoy sabemos que hasta para eso puede servir un smartphone. Si tienes una tarjeta de crédito y un teléfono decoroso, basta con hacerte de una aplicación y cualquier día, en cualquier sitio y a cualquier hora pasará a buscarte un chofer con un auto en buenas condiciones, a menudo por una cantidad más baja que la del sitio del aeropuerto o el radiotaxi. El resultado: protestas masivas de taxistas, bloqueos de calles, incuso apaleamientos de conductores. ¿Puede interrumpirse un proceso como este? De ser así, ¿sería justo? ¿Y los derechos de los usuarios? ¿Qué papel deben jugar los gobiernos en dicho proceso?

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Ideas y taxis destartalados

Rodrigo Adame

Lector de Milenio Digital. Mercadólogo digital y emprendedor tecnológico.

Sigo intentando entender el trasfondo del artículo de Andrés Lajous. Si bien Uber o Cabify son modelos que como cualquier otro tienen áreas de oportunidad y se pueden perfeccionar, los argumentos que plantea el autor son completamente absurdos. Si antes de haber desperdiciado su tiempo en escribir hubiera hecho un mínimo esfuerzo de investigación se hubiera dado cuenta de que:

1) Los modelos de Uber o Cabify operan en México con absoluta legalidad y el que no exista una regulación específica para el modelo no significa que esté incumpliendo o violando alguna ley. Por lo tanto, es grave y difamatorio otorgarles el calificativo de “piratas”.


2) Las tarifas, aun cuando se basan en acuerdos de servicio entre dos particulares, resultan mucho menos arbitrarias y abusivas que las de los taxistas. Además, tanto Uber como sus socios pagan impuestos y se lleva un control fiscal de sus operaciones.


3) Los contratos y acuerdos de trabajo se crean de manera independiente entre los diferentes dueños de los autos y sus conductores. Por lo tanto, hay choferes que pueden decidir prestar sus servicios sin estar bajo un esquema laboral tradicional (bajo un esquema de sociedad o comisiones, por ejemplo) mientras que hay otros que sí están contratados como trabajadores y cuentan con todos los derechos y prestaciones laborales.


4) Todas las unidades de Uber están obligadas a contar con un seguro de cobertura amplia que incluya la protección contra daños a terceros, así como para el chofer y TODOS los ocupantes.


5) Los filtros y candados de seguridad que tienen y ofrecen estas empresas ponen en ridículo a cualquier sistema de transporte público.

Lo más paradójico de este asunto es que si la oferta actual de taxis/ transporte público fuera medianamente competitiva y unos y otros dieran un servicio de calidad, estas empresas no tendrían la mínima posibilidad de competir, entrar a nuevos mercados, ganar una clientela asidua y seguir operando. Qué lástima que la forma de pensar del autor esté tan vieja y destartalada como muchos de los taxis que circulan por las calles.