¿Quién gana en el Poli?

Perplejidad: esa es la palabra que mejor describe el sentimiento generalizado ante el movimiento del IPN. Perplejidad por lo abrupto y lo multitudinario de su aparición; por la bruma que rodeaba y rodea todavía a sus exigencias, derivadas de una serie de modificaciones al reglamento que en general desconocíamos o no entendíamos; por la respuesta del secretario de Gobernación, que se arremangó (literalmente) para hablar de tú a tú con los manifestantes;  por el éxito del movimiento, que logró en pocos días que se cumplieran sus demandas, incluida la destitución de la directora Yoloxóchitl Bustamante, y desde luego por su civilizada persistencia. Proponemos, a continuación, una radiografía a vuelapluma de un movimiento con perdedores, pero, hasta hoy, sin ganadores evidentes.

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¿A poco?

Manuel Gil Antón

Profesor del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México.

Atareados con el tema de la Reforma Educativa y su aplicación, en lo que toca al nivel de la escuela básica, de repente surge –para quienes no estábamos cerca del proceso– una movilización muy singular: estudiantes del Poli toman las calles. Son muchos. Cierran planteles. Gritan que no quieren ser técnicos, sino ingenieros. Piden que renuncie la directora.

Nos enteramos, por su protesta, de que se han hecho modificaciones a la legislación del IPN y exigen que se deroguen. Llegan a Bucareli como tantas otras marchas. La tradición dice que estarán un rato, entrará una comisión para dejar el pliego petitorio y éste será recibido por un funcionario. Pero no: llega al templete el secretario de Gobernación, sí, en persona. Le piden que firme la lista de demandas y lo hace. Es más, les asegura que se pueden arreglar las cosas en media hora y reconoce el movimiento de los Guindas como una movilización que el gobierno respeta.

Advierto, en la cara de los dirigentes o voceros del movimiento en el templete, azoro y desconcierto: “Espérate, espérate –leo en sus rostros–: ¿cómo que hacemos una marcha inmensa y resulta que se va a arreglar todo en cuestión de minutos?” Así no se hacen las cosas. Con división de opiniones entre los marchistas, logran (apenas) que se acuerde un plazo para recibir respuesta, y quedan en verse el día 3 de octubre, en el mismo lugar y hora.

Ya sabemos, hoy, que se dio respuesta positiva a todo: la directora ha renunciado, los reglamentos y planes de estudio se dejan como estaban, la SEP colaborará para que los cuerpos colegiados de las escuelas, y el de todo el Instituto, organicen un proceso de consulta…

De nuevo, cierto asombro asoma: “Qué, ¿entonces ya nos vamos?” No. Los dirigentes postulan que la democracia indica la necesidad de revisar, en cada escuela, si se acepta o se rechaza la respuesta de las autoridades. Es notable que en momentos, cuando Chong anuncia respuestas al pliego, inician aplausos que algunos de los dirigentes o voceros procuran (y logran, apenas) impedir haciendo movimientos con los brazos. “Imagínate (imagino que pasa por su mente): hacemos nosotros un movimiento, es nuestra oportunidad de ganar, y resulta que sale triunfante, y con ovaciones, el que manda en el Palacio de Covián. Chale. De ninguna manera”.

El HUELUM final es antecedido por dos discursos en los que se advierte al secretario que, luego de meditarlo, ya le mandarán decir si están de acuerdo en que todas sus peticiones se hayan resuelto. Hay desconcierto, pues Gobernación expresa, por voz de su titular, que el movimiento del Poli es un ejemplo de cómo se lleva a cabo una protesta legítima. No es trivial que uno de los estudiantes señale que el fin de semana cada escuela estudiará las respuestas y, debidamente “asesorados”, determinarán lo que procede.

Hay incertidumbre que deriva de no creer en la certidumbre de lo concedido: así no es este negocio. Algo está raro. ¿O será que así va a ser?

Muy interesante, para quien esto escribe, resulta la incredulidad de los dirigentes ante el éxito obtenido, si se mide en la respuesta a todas las peticiones. Se rompe el esquema. Hay dudas por la celeridad y la presencia del secretario en persona, sin saco, en todo esto. ¿Qué dirán los asesores? ¿Ganará la lógica de reconocer lo obtenido –sea lo que sea que se opine sobre todo esto– o la certeza de que, por la forma de ser tratado el asunto, hay algo que no se alcanza a ver y es mejor rechazar todo o algo de lo ofrecido?

“¿Y si le metemos otros puntos de una vez? ¿Cómo hacerle para que el triunfo sea nuestro y no de Chong? ¿Renunció la directora porque nos movilizamos nosotros, o porque Peña le dijo a Chong, que le dijera a Chuayffet, que le avisara a la Dra. Bustamante que ya no tenía trabajo?”

Recuerdo, casi con el tono de voz del secretario incluido, estas palabras del 1 de octubre: “Lo primero que quiero decir, lo primero que quiero que le quede claro ¡al país!, es que reconocemos la legitimidad de su movimiento.”

En el tintero quedan temas cruciales. Si se aprueban las cosas por los espacios legales, donde hay representación de estudiantes y profesores, no cuajan frente a la movilización (si estalla). Al parecer, esa representación no basta, o al menos no es suficiente si el cambio no es claro o no conviene… Por el otro lado, es imposible la consulta a cada uno y aparecen las asambleas, ese sistema que en términos de tomar acuerdos es sólo adecuado para maratonistas en serio: dos horas, al menos, para decidir cómo se integra la mesa de debates… ¿Cómo cambiar, si es necesario, consultando pero debatiendo opciones? Al final, ¿cómo se decide en nuestras instituciones? ¿Se decide, acaso, si se trata de temas de fondo? ¿Misterio o resignación?

Agenda pendiente hay, sin duda. Pero nunca ha sido más oportuno, y claro en su opacidad, el empleo de la maravillosa y muy mexicana expresión frente a lo sucedido: ¿A poco? ¿A poco te lo crees? ¿A poco no van a aceptar si les conceden todo? No sé usted, pero yo termino estas líneas sin poderlo evitar. ¿A poco no?

mgil@colmex.mx

@ManuelGilAnton