¿Quién gana cuando gana el Verde?

Lo que el viento a Juárez: eso parecerían hacerle al PVEM las multas como las que acaba de propinarle el Tribunal Electoral, los videoescándalos como el protagonizado por uno de sus líderes históricos, la acumulación de firmas para exigir su desaparición y hasta los roces con la nota roja de algunos de esos mismos líderes. Porque los verdes, a pesar de todos los pesares, son eficaces: según algunas encuestas, en las próximas elecciones podrían alcanzar un número histórico de votos, quizá hasta un 10% del total. ¿Cuál es el secreto de su éxito? ¿Hay algo más allá de la publicidad y la repartición de regalos?

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El plan B y su registro

Martha Tagle

Consultora independiente. Ex diputada y senadora suplente por Movimiento Ciudadano.

En un sistema democrático, un partido político refrenda su registro en cada elección con un porcentaje de votos, que en el caso de México se estableció en la reciente reforma político-electoral en un mínimo del 3% del total de votos válidos en la elección para las diputaciones federales. Con dicha votación la ciudadanía avala que concuerda con las propuestas, plataforma o ideario de tal o cual partido, que la representará en los congresos. Recalco: en un sistema democrático. En México no es así, y en este largo camino de transición parece que cada vez nos apartamos más del ideal democrático. Reformas políticas van y vienen, refuerzan la partidocracia, simulan los derechos de la ciudadanía independiente, modernizan mecanismos de compra y coacción del voto, e insisten en volcarse en un sistema bipartidista, con añeja añoranza liberal-conservadora, a emulación de nuestros vecinos del norte.

El Partido Verde es un caso emblemático de nuestro poco democrático sistema. Desde 1991, cuando compitió por primera vez, hasta el 2000 que se alió al PAN, no contaba con suficientes votos para refrendar su registro entre elecciones. Nació como una empresa de la familia González Torres-Martínez, que como buenos empresarios farmacéuticos han sabido encontrar una oportunidad en ser dueños de una franquicia electoral que tiene a la cabeza al eterno legislador Emilio González Martínez, el "Niño Verde". A partir de 2000 y hasta la fecha, el PVEM ha ido en alianza con el PAN primero y con el PRI después, lo que le ha garantizado el porcentaje de votos para el registro y un poco más, oscilando entre el 6 y 7%. Esto lo llevó a ser la cuarta fuerza política en el país. Hasta 2006, obtuvo este privilegio mediante la donación de votos que se acordaban en el convenio de coalición. Ahora, desde la reforma de 2008, que modificó las coaliciones electorales para ya no traspasar votos entre partidos, el PVEM, como una exitosa empresa que vive del erario público, ha sabido franquiciar bien sus siglas, y optó por aliarse con otras poderosas empresas y rentarles curules. Es el caso de la tele-bancada, que ha encontrado en el Verde toda la disposición para ocupar espacios legislativos a cambio de estrategias publicitarias exitosas, con todo y actores del Canal de las Estrellas.

Desde siempre, el Verde sabe que puede violentar la ley, pues al fin y al cabo, en el peor de los casos, será acreedor de multas que pagará del erario público, y con dinero que le prestarán sus socios. El negocio es rentable. Sin embargo, en el proceso electoral de este año ha sobrepasado todo límite. Lleva 11 multas impuestas por los tribunales que representan más de 180 millones de pesos, que han llevado aparejados desacato a las sentencias y reincidencia, y que han sido calificadas como faltas graves por el propio Tribunal Electoral Federal.

En el colmo, algunas multas son por no usar materiales ecológicos y/o reciclables como marca la ley. Aunque es conocido a nivel internacional que el Partido Verde Ecologista de México no es un partido al que le interesen la ecología ni el medio ambiente, ya que incluso ha promovido la "pena de muerte", que va contra el ideario progresista de los derechos de tercera generación y medioambientales. Lo suyo, además de oportunismo, es cinismo.

En un sistema democrático, la ciudadanía podría quitar el registro al PVEM al no votar por sus siglas. En México no. Al PVEM se le permite violar la ley, de manera grave y sistemática, para que siga sobreviviendo en cada elección del "éxito" de sus campañas, de las dádivas que reparte, de las mentiras que cuenta, y todo por que ahora es el Plan B del PRI, ante el desgaste prematuro que sufre en su regreso a Los Pinos.

Sí procede cancelar el registro al PVEM, por que la ley así lo prevé para aquellos partidos, como el Verde, que violan de manera sistemática y grave la Constitución y las leyes electorales, que menosprecia el Estado de Derecho, que se burla de la ciudadanía. Está en manos del Instituto Nacional Electoral, de acuerdo a la ley, sancionar la conducta violatoria recurrente del PVEM, con la única sanción posible: que le quiten el registro. Sólo así se podrá ganar un poco de confianza y credibilidad en el sistema democrático.