¿Quién gana cuando gana el Verde?

Lo que el viento a Juárez: eso parecerían hacerle al PVEM las multas como las que acaba de propinarle el Tribunal Electoral, los videoescándalos como el protagonizado por uno de sus líderes históricos, la acumulación de firmas para exigir su desaparición y hasta los roces con la nota roja de algunos de esos mismos líderes. Porque los verdes, a pesar de todos los pesares, son eficaces: según algunas encuestas, en las próximas elecciones podrían alcanzar un número histórico de votos, quizá hasta un 10% del total. ¿Cuál es el secreto de su éxito? ¿Hay algo más allá de la publicidad y la repartición de regalos?

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Un problema de voluntad

María Santos Villarreal

Activista. Promotora de la recopilación de firmas para quitar el registro al PVEM.

El Partido Verde Ecologista de México tiene supuestamente como ideología base el impulso a la protección del medio ambiente y los recursos naturales y el combate a la violencia y a la corrupción. Ciertamente, esta es una estrategia que han utilizado, desde su fundación hasta la actualidad, para generar interés público en el partido, aunque su agenda política sea distinta y sus militantes no tengan ningún interés auténtico en la materia ambiental. Ni Greenpeace, ni Global Greens, ni el Partido Verde Europeo lo reconocen como un partido ecologista, sino todo lo contrario: lo critican por sus propuestas, como la pena de muerte a asesinos y secuestradores, y lo aíslan de sus redes internacionales por ser, más que un partido verdaderamente verde, un negocio familiar. Pero eso ya lo sabemos todos, así como sabemos también que tiene un historial, desde su primera participación en elecciones hasta ahora, de recibir recursos ilícitos, de violar la normatividad electoral, de burlarse de las instituciones, de realizar actos y proponer leyes que van contra su supuesta ideología base y por polémicas situaciones, presuntamente delictivas, de varios de sus militantes (sobre todo, del "Niño Verde").

Hoy en día, el Partido Verde es una agrupación criminal. No obstante, en esta etapa de campañas para las elecciones del 7 de junio del 2015, se ve posicionado en un nivel histórico: se pronostica, según encuestas de Parametria, que obtendrá el 10% de la votación nacional. ¿Cómo es que un partido ampliamente conocido por ser el "hermano chiquito" del PRI (que ha solapado a delincuentes como Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre y Luis Tapia Hernández, sobre todo desde que Enrique Peña Nieto asumió la presidencia en 2012) va tan alto en las encuestas? Esto no se debe a su liderazgo, ni a sus resultados, ni a sus propuestas, ni a sus "leyes aprobadas". Esto se debe única y exclusivamente a la indignante cantidad que gastan en propaganda ilegal.

Al día de hoy, el Partido Verde acumula 11 sanciones impuestas por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación consistentes en multas por más de 188 millones de pesos por diversos tipos de propaganda que han realizado aunque violen la normatividad electoral. Pero esto no les importa: parece ser que ganan más de lo que pierden con las multas, puesto que las multas las pagan con su financiamiento público como partido, no de sus bolsillos, y además se hacen publicidad y consiguen votos. Han cometido todo tipo de violaciones: uso de recursos ilegales (tanto públicos como privados) y de propaganda ilegal fija en tortillerías, bardas, revistas y panorámicos; transmisión de spots en cine (los conocidos "cineminutos") y televisión de manera ilegal por medio de sus legisladores; invasión de la privacidad de los ciudadanos mediante llamadas a la casa y el celular de los individuos sin haber autorizado éstos de ningún modo que se les diera sus datos; utilización de campañas (como "Ley aprobada", "Verde sí cumple", etcétera) en las que mienten totalmente a la ciudadanía; distribución de tarjetas con dinero o descuentos, lentes graduados y "kits escolares", entre muchas otras dádivas, así como utilización ilegal (y violatoria de los derechos humanos relativos a la protección de datos personales) de la información contenida en el padrón electoral para enviar todos sus "regalos" y, por sobre todo, desacato recalcitrante a las órdenes del Instituto Nacional Electoral e incumplimiento del pago de las once multas impuestas por el Tribunal.

¿Por qué no les han retirado el registro? ¿Qué tantas multas se necesitan para proceder con la sanción mayor? Esto debe ser un foco rojo en todo ciudadano para reflexionar en torno lo siguiente: ¿verdaderamente existe algún mérito del Partido Verde que vaya más allá de sus óbolos? Indudablemente, no. En la vida política mexicana, el Partido Verde Ecologista de México representa un problema real para el auténtico ejercicio democrático y es el símbolo idóneo del oportunismo, la ambición y la corrupción. ¿Por qué? Porque es un negocio familiar cuyo único fin es llegar al poder cueste lo que cueste y que se ha visto constantemente involucrado en situaciones de ilegalidad o delincuencia. El Verde es un obstáculo para la democracia porque no representa un verdadero cúmulo de ideales o intenciones: no representa nada, más que los intereses de la familia fundadora. El Partido Verde hace mucho daño a México también en materia electoral, al provocar una desventaja irreparable a la equidad entre todos los partidos políticos para la contienda en curso, y en materia ambiental, al provocar el sacrificio de miles de animales que antes vivían en los circos.

Por todo lo anterior, la única manera de deshacernos de este mal es extirpándolo desde la raíz: cancelando su registro como partido. Hay, por supuesto, obstáculos. Primero, sin duda, el inmenso poder político que tiene el partido, derivado, por supuesto, de su poder económico, pero sobre todo del respaldo y asesoramiento de su "hermano mayor", el PRI. Sumemos que nuestras autoridades electorales han sido muy blandas en sus órdenes y sus sanciones ante las reiteradas conductas ilegales del partido. El INE ordena que se retire la propaganda o que se dejen de entregar dádivas cada que se presenta una denuncia y determina que en efecto esto es violatorio de la normatividad electoral, mientras el Tribunal siempre concluye en que estas violaciones son merecedoras nada más que de multas. Una y otra vez. No hay iniciativa de nuestras autoridades electorales para observar las leyes y aplicar las sanciones correspondientes.

Sin embargo, se cuenta con el apoyo de la ciudadanía en general y de líderes, académicos, funcionarios públicos, periodistas y activistas debido a la indignación, el hartazgo y el fastidio ante la impunidad del Partido Verde. Sobre todo, la ley nos da la razón, al punto de que este 8 de abril el Tribunal calificó expresamente como graves las violaciones del Verde a las leyes electorales. En cuanto a si son sistemáticas, no parece hacer falta que se determine judicialmente, puesto con basta consultar un diccionario para saber que más de diez violaciones ya es algo sistemático. Entonces, ¿qué falta? Lo que falta es voluntad política.