¿Quién es responsable de la tragedia de Gaza?

Una obviedad: los conflictos armados son también, y de modo fundamental, conflictos de propaganda, un término viejo pero vigente. Es el caso de la tragedia que se vive en Gaza, a raíz de la cual se multiplican las ruedas de prensa marrulleras, los tuits que difunden el odio racial y religioso, las entrevistas con académicos más que dudosos, los blogs cargados de imprecisiones vendidas como realidades inmunes a la duda, las fotos trucadas, incluso las acusaciones contra comunidades enteras disfrazadas de columnas de opinión. Como siempre, en Tribuna Milenio apelamos a los hechos. Hechos como tienen que ser: encontrados, en disputa, contrastantes, sin domesticar, pero hechos que se miran y dialogan. Apelamos a la información, pues, que es el único antídoto posible para la propaganda. En medio de tantas certezas, estimados lectores, queremos llenarlos de dudas.

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Una historia basada en mentiras

Naief  Yehya

Autor de Guerra y propaganda.

Cuando esto se escribe han pasado cuatro semanas de guerra entre Israel y Gaza. Una frágil tregua ha permitido a los palestinos desenterrar a sus muertos de entre los escombros, conseguir alimentos y combustible, así como prepararse para lo que sea que venga bajo la brutal ocupación. Porque lo primero que se debe entender es que Gaza sigue ocupada; lo que hizo el gobierno de Ariel Sharon en 2005 fue retirar asentamientos ilegales y “separar” a la franja al convertirla en una auténtica prisión al aire libre.

La historia de la confrontación del verano de 2014 suele contarse a partir del secuestro y asesinato de tres adolescentes judíos en los territorios ocupados, el 12 de junio de 2014. El gobierno de Netanyahu culpó a Hamás y lanzó el amplio y brutal operativo militar Guardián de mi Hermano para rescatar a los jóvenes, durante el cual el ejército asesinó a cinco palestinos y arrestó a cientos más (incluyendo numerosos miembros de Hamas que habían sido liberados tras el intercambio de prisioneros por el soldado Gilat Shalit en 2011). La Autoridad Palestina (AP) colaboró con el gobierno israelí en esta campaña que hoy sabemos partía de dos engaños: muy pronto la policía y agencias de inteligencia supieron que los jóvenes secuestrados habían sido asesinados, pero optaron por ocultar esa información al público para mantener la esperanza y la urgencia vivas, y así poder actuar con extrema violencia y apoyo popular; también sabían que el secuestro no había sido autorizado ni ordenado por la cúpula de Hamas sino por una facción asociada, y sin embargo actuaron como si lo hubiera sido. Cuando aparecieron los cuerpos, tres israelíes decidieron secuestrar a un joven palestino al que golpearon y quemaron vivo.

El secuestro tuvo lugar diez días después de la formación de un nuevo gobierno palestino de unidad en el que Hamas se había visto obligado a ceder a las exigencias de la Autoridad Palestina, con lo cual la organización perdía efectivamente el control de Gaza que conquistó en las urnas en 2006. Hamas se encontraba en una posición extremadamente vulnerable, ya que había perdido a sus aliados en Egipto tras el golpe militar del general al Sisi en contra de la Hermandad Musulmana; en Siria debido a la guerra civil; en Qatar por presiones con sus vecinos de la península arábiga, y en Turquía por presiones internas. El régimen de Netanyahu se opuso a ese gobierno de unidad, que incluso los EE UU apoyaban, y estaba dispuesto a impedir que tal alianza tuviera lugar, ya que le resultaba más cómodo tener en Gaza a un enemigo fácilmente satanizable con el que no pensaba negociar.

La incursión Guardián de mi Hermano en los territorios palestinos provocó que facciones militantes ajenas a Hamas comenzaran a disparar cohetes y morteros hacia Israel nuevamente, rompiendo así el período de paz más largo desde 2003. Es importante recordar que Israel se comprometió a una serie de concesiones hacia Gaza tras el cese al fuego del 21 de noviembre de 2012: a cambio de la paz, cesaría sus ataques, incursiones y asesinatos extrajudiciales en el territorio, facilitaría el tránsito de gente y bienes y liberaría los fondos retenidos por aranceles cobrados que corresponden a las autoridades palestinas. Hamas cumplió con su parte sirviendo como policía de Israel al perseguir a quienes seguían lanzando cohetes y evitando actos hostiles, sin embargo Israel no cumplió con ninguna de sus promesas, siguió derribando casas para ampliar su zona de separación, limitando los movimientos de personas y bienes y disparando contra pescadores y campesinos.

Hamás vio una oportunidad de sobrevivir y restablecer su autoridad, por lo que llamó a una tercera intifada en forma de una campaña de lanzamiento de cohetes artesanales en contra de Israel con la ilusión de eventualmente obtener un nuevo cese al fuego para renegociar condiciones. El 7 de julio Israel comenzó su Operación Margen Protector, que consistió en un ataque por aire, tierra y mar con misiles, bombas de fragmentación, artillería, tanques, aviones F-16 y prácticamente todo el arsenal del cuarto ejército del mundo. Cualquier presunción de puntería y de ética suena absurda considerando que han matado a más de 1900 personas, 85% de ellas civiles y más de 400 niños. Israel y algunos medios occidentales han repetido la acusación de que las muertes se deben a que Hamas usa civiles como escudos humanos. Ese argumento carece del menor sustento y ha sido desmentido por Amnistía Internacional y otras organizaciones humanitarias.

Como señala Nathan Thrall, Hamas tenía que elegir entre una estrangulación lenta y una guerra que ofrecía la vaga posibilidad de aflojar el cerco. Contrariamente a lo que pregona la propaganda israelí, el Estado judío ha dejado hace décadas de correr cualquier tipo de riesgo vital. En cambio, Hamas peleaba por su vida. Hamas ha tenido una administración torpe, ineficiente y corrupta en Gaza, por no hablar de sus dogmas fundamentalistas y sus portavoces ridículos e incoherentes, pero bajo las condiciones del cerco israelí ningún gobierno puede ofrecer posibilidades reales para progresar o al menos subsistir con un mínimo de dignidad. Un triunfo militar de Hamas era inconcebible, sin embargo la organización apostó por romper el status quo, por sacudir a la AP de su cómoda posición de eternos negociadores que explotan la asistencia estadounidense y las esperanzas palestinas mientras viven privilegiados entre la zozobra de su pueblo. Probablemente no lograron ni siquiera esos objetivos y el costo humano ha sido y seguirá siendo inmenso. Tan sólo queda que la opinión mundial siga ejerciendo presión sobre el régimen israelí para abrir el cerco inhumano de Gaza.