¿Qué tenemos que leer antes de la cuarta de Millenium?

Setenta y cinco millones de ejemplares y cuatro películas después, vuelven Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist, los protagonistas de la saga Millenium, de la mano de un tal David Lagercrantz, que habrá cobrado un buen cheque por enfrentar la bronca de cumplirle a los fans de Stieg Larsson. En Tribuna somos enjundiosos promotores de la lectura libre y sin culpas, así que no vamos a decirles que no pierdan su tiempo con la cuarta parte de una serie que ya se notaba muy gastada en la tercera, o que es imposible que no se pierda el encanto que inyectaba Larsson a los personajes. Pero de aquí al 27 de agosto, cuando se publica Lo que no te mata te hace más fuerte, hay tiempo de hacer unas cuantas lecturas preparatorias, casi diríamos obligadas. Los dejamos con ellas, a la espera de sus sugerencias.

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Extrañando a Vázquez Montalbán

Carlos Puig

Periodista. Su tesis de licenciatura fue sobre novela negra hispanoamericana.  

Primero una confesión: leí casi de corrido las novelas de la serie Millenium, después vi las tres películas suecas y fui al estreno de la película estadounidense. Leeré tan pronto y la tenga en la mano el extraño experimento que será la cuarta novela.

Dicho lo cual: sigo extrañando a Pepe Carvalho.

Para aquellos que por su edad sufren los designios de una industria editorial que solo piensa en novedades, aprovecho este texto para hacer una recomendación que agradecerán.

En 1972, Manuel Vázquez Montalbán publicó la primera de una serie policiaca y acompañado, entre otros, de Taibo II en México y de Osvaldo Soriano en Argentina, detonó la novela negra hispanoamericana.

Yo maté a Kennedy presentó a uno de los personajes más entrañables de la literatura en español de la última parte del siglo pasado. Bordado como el Marlowe de Chandler, rodeado de personajes inolvidables como Charo, Biscuter, Fuster o Bromuro, de origen gallego, amante de su Barcelona, las historias de Carvalho son la mirada de la desilusión frente a la modernidad. El detective es un culto que quema un libro cada noche –"sobre todo los trascendentales"–, un galán que se masturba después de hacer el amor, un comelón que odia la comida rápida; un romántico incapaz de establecer compromisos.

En lo político, Carvalho, ese escéptico, debe haber sido un alter ego incómodo para Vázquez Montalbán, quien en su vida de intelectual fue hasta el último día un comunista europeo irredento; déjame que sea yo quien apague la luz, le dijo alguna vez a su amigo Josep Ramoneda, y eso lo hizo acercarse a movimientos como el zapatismo y establecer una relación incómoda con Fidel Castro.

Aun así, el escritor fue, como su personaje más famoso, un pesimista profesional frente al devenir de la política.

Dice Carvalho de los poderosos en La soledad del manager: ""Creas la sensación de que el poder no controla la situación y de que el sistema político no sirve para garantizar el orden... Casi siempre en favor del propio poder, que así obtiene coartadas y cheques en blanco para hacer lo que le pasa por los cojones y como le pasa por los cojones".

Las novelas de Carvalho son la crónica literaria de la transición española, sí, pero también del nuevo mundo que se fue construyendo desde los 80, el de la pretendida homogeneidad donde la productividad, la tecnología y la eficiencia son nuevos dioses. Esa búsqueda por las consecuencias del mundo globalizado habían lanzado a Carvalho a una vuelta alrededor del planeta cuyas dos primeras entregas: Rumbo a Kabul y En las Antípodas, se vieron truncadas por la muerte del escritor en un aeropuerto de Bangkok a los 64 años.

Como le dijo alguna vez a César Güemes: "La poética del neocapitalismo es la novela policiaca". Pienso, después de leer Millenium, que Stieg Larsson hubiera firmado esa frase.

Vázquez Montalbán decidió contar y criticar el mundo a través de Carvalho. En los personajes de sus páginas están siempre los que nos rodean en los periódicos. Como advirtió desde Asesinato en el Comité Central, "Ante la previsible y perversa intención de identificar los personajes de esta novela con personajes reales, el autor declara que se ha limitado a utilizar arquetipos, aunque reconoce que a veces los personajes reales nos comportamos como arquetipos".

Así son las novelas de Carvalho.

Termino con una recomendación y un apunte.

Sin Carvalho, Vázquez Montalbán escribió una de sus más notables novelas, una joya del thriller negro, basada en el caso de Jesús Galíndez, representante del gobierno vasco en el exilio ante el gobierno estadounidense en los años 50 asesinado por la dictadura dominicana.

Algo, y no es bueno, dice de nuestra industria editorial, de nuestras librerías, que los libros de Vázquez Montalbán –uno de los autores más premiados y vendidos de nuestra lengua en los últimos 30 años– sean prácticamente imposibles de encontrar en México.

Yo los tengo todos –no los presto–, incluido uno con su firma que dice: "Para Carlos, para su tesis".

Gracias Manolo. Hoy se te extraña. Y espero que nadie, nunca, quiera escribir una novela de Carvalho.