¿Qué tan racistas somos los mexicanos?

La inquietud que nos ronda a muchos desde hace unos días es hasta qué punto los insultos racistas de Carlos Treviño son un síntoma o una excepción. Hay muchas preguntas derivadas de ese parlamento bochornoso. ¿Es México otro país racista que se ha negado a encarar su patología, o el racismo es, en el peor de los casos, una disfunción menor de nuestra sociedad? ¿Somos racistas o clasistas? ¿Son separables el clasismo y el racismo, o más bien se parecen a las dos cabezas del dragón? ¿Qué tan arraigados en la historia antigua están nuestros prejuicios?

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Un racismo consciente

Rosario Aguilar

Autora de “Los tonos de los retos democráticos: color de piel y raza en México”. Catedrática del CIDE.

La discriminación racial en México parecía ser un fenómeno ausente. Después de todo, si la mayoría de los mexicanos pertenecemos al mismo “grupo racial”: el mestizo, no había manera de ser racista. En realidad, el racismo nos ha acompañado a lo largo de nuestra historia, y en la actualidad varios estudios de opinión muestran que somos más conscientes de ello. Hablar de racismo en México es hablar de la discriminación basada en nuestra apariencia racial independientemente de si nos consideramos mestizos o no.

El concepto de raza en sí no es natural; más bien es social. La idea de la existencia de distintas razas surge en el siglo XV como consecuencia del expansionismo europeo en África y América. Al conquistar nuevas tierras, los europeos instituyeron un sistema jerárquico ligando diferencias biológicas y de comportamiento que justificaban mantener el control y la supremacía sobre los grupos que consideraban inferiores al suyo. Ahora existe una amplia evidencia biológica de que no hay una conexión clara entre la genética y los grupos raciales establecidos. En otras palabras, hay más variación genética entre miembros de un grupo racial (p.ej. los africanos) que entre miembros de los que se consideran varios grupos raciales (p.ej. europeos nórdicos y africanos). Estos estudios demuestran, pues, que el concepto de raza es una categoría social, no biológica. Así, argumentar que un grupo de personas comparte ciertas características, ya sean positivas o negativas, por ser miembros de un grupo racial es un error, un estereotipo. Los estereotipos son generalizaciones erróneas que usamos al evaluar a una persona o un grupo de personas. Por ejemplo, si en algún lugar leímos que las personas indígenas eran flojas y entrevistamos para un trabajo a una persona de ese origen, al usar el estereotipo la descartaremos porque, sin evidencia empírica, asumiremos que es una persona floja.

Los estereotipos asociados a la apariencia racial se producen y perpetúan de distintas maneras:

En primer término, a través del lenguaje y las interacciones sociales. El lenguaje que usamos en nuestra vida diaria y consideramos aceptable es rico en términos relacionados a nuestra apariencia racial. Por lo general, cuando queremos insultar a alguien lo llamamos “indio”, “negro” o “naco” (el “naco” ideal suele percibirse como una persona de tez oscura y rasgos indígenas); mientras que llamar a alguien “güera/o” le confiere un cierto estatus social. La permisividad con la que contamos para usar términos raciales como insultos en nuestra sociedad explica, en parte, el que Carlos Treviño haya considerado aceptable publicar en redes sociales la referencia que hizo de Ronaldhino como un simio.

En segundo término está el efecto de los medios de comunicación. Los medios promueven una idea de lo que es la belleza que poco tiene que ver con nuestra apariencia racial. Sólo es necesario evaluar la apariencia racial de los presentadores de los programas televisivos, de los modelos en los comerciales, de los actores en televisión, etcétera, para darnos cuenta de que, en su mayoría, son personas de color de piel morena clara o blanca.

Una buena noticia es que los ciudadanos mostramos estar conscientes de que existe discriminación racial en nuestro país. En el estudio de opinión realizado como parte del Informe país sobre la calidad de la ciudadanía en México a cargo del INE en 2013, en el que colaboré con otros académicos, hicimos preguntas a los ciudadanos sobre los factores que ellos percibían como importantes al momento de discriminar en México (www.ine.mx/archivos2/portal/DECEYEC/EducacionCivica/informePais/). Asimismo, les preguntamos si habían experimentado algún tipo de discriminación. Los resultados muestran que una mayoría de la población piensa que existe discriminación basada en el color de la piel de las personas (75%), mientras que una minoría dice haber sufrido en carne propia tal discriminación (11%). Este porcentaje podrá parecer bajo. Sin embargo, este tipo de preguntas tienden a subestimar el nivel de actos discriminatorios sufridos por los encuestados, ya que éstos pueden no reportar esos actos al sentirse avergonzados por haberlos sufrido.

El estudio incluyó una medición del color de piel de los encuestados. Si bien no hay relación entre el hecho de percibir que existe discriminación con base en el color de piel en México y el tono de piel del encuestado, sí encontramos una alta relación entre reportar haber sido víctima de un acto discriminatorio y el tono de piel. Las personas de tono de piel más oscuro tienden a reportar que sufrieron discriminación por su tono de piel 30% más veces que las personas de tonos de piel más claro.

Los estudios de opinión del Barómetro de las Américas (http://www.vanderbilt.edu/lapop-espanol/index.php) han incluido desde 2010 la medida del tono de piel usada en el estudio del INE. Esta medida fue diseñada por un académico de la Universidad de Princeton, Edward Telles, quien se enfoca al estudio de grupos raciales y étnicos en Latinoamérica (https://perla.princeton.edu/). En 2010 el Barómetro de las Américas preguntó a los encuestados si habían sufrido un acto de discriminación con base en su tono de piel y si habían sido testigos de tal acto discriminatorio en contra de otra persona. En México, el 14% dijo haber sufrido un acto de discriminación basado en su color de piel, pero un 54% reportó haber presenciado un acto discriminatorio contra alguien más por ese motivo.

Ese mismo estudio demuestra que, independientemente del nivel educativo, sexo y edad de la persona, el ingreso de una persona de piel oscura es menos de la mitad del ingreso de una persona de tez clara. Este dato demuestra las consecuencias económicas de la discriminación en nuestro país.

En México nuestra apariencia racial importa: los estereotipos asociados a personas de apariencia más europea y más indígena son perpetuados dentro de nuestras familias, círculos sociales y por los medios de comunicación. Si la buena noticia es que somos más conscientes de que este fenómeno se da en nuestro país, también es cierto que nos falta concientizarnos de las consecuencias negativas de dicha discriminación y luchar por acabar con ellas dentro de nuestra sociedad. Como individuos podemos comenzar a ser más conscientes sobre los estereotipos y el lenguaje que usamos al interactuar con personas de distintas apariencias raciales.