¿Qué tan desamparados están nuestros niños?

Si quedaban dudas, quedaron disipadas tras las últimas noticias: es hora de reflexionar a profundidad sobre la situación de la infancia en México. Abundan las preguntas. ¿Las leyes protegen adecuadamente a los niños? ¿Se cumplen? ¿Qué tanto imperan la impunidad y la ineficiencia? ¿Hay infraestructura suficiente, coordinación entre las instituciones, proyectos educativos racionales, vigilancia por parte de las autoridades? Proponemos a continuación un mosaico de opiniones encontradas, cifras, propuestas, que, esperamos, traerá algunas certezas, pero sobre todo más preguntas.

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    1. Isabel  Crowley

      La información como prioridad

      Representante de UNICEF en México.
    2. Laura Vargas Carrillo

      Las leyes no bastan

      Titular del Sistema Nacional DIF.
    3. Juan Martín Pérez García

      Un Estado en deuda

      Director ejecutivo de REDIM.
    4. Ricardo Fletes Corona

      Lejos del amarillismo

      Autor de La infancia abandonada. 

Malos tiempos

Mara Robles

Secretaria de Educación del DF.

Las noticias más recientes hablan de malos tiempos para los niños. Ya sea en Gaza, en la frontera entre México y Estados Unidos o aun en albergues para menores, miles de niñas y niños son el blanco de agresiones militares, confinamientos, explotación laboral y sexual. La más reciente crisis migratoria ha revelado el carácter global del reto. Los niños huyen de Centroamérica, se exponen a la criminalidad organizada en México –tal como lo denunció la película La jaula de oro– y son confinados y deportados en Estados Unidos.

El desafío es trasnacional, pero en el gobierno de la Ciudad tomamos los retos que nos corresponden. La respuesta parte de un principio: una sociedad se define por el trato que le da a sus miembros más vulnerables: los ancianos, los discapacitados y, en primer lugar, los niños. En una economía como la nuestra, una enorme cantidad de madres y padres de familia se enfrentan a situaciones complejas para la crianza: pasan largas jornadas laborales fuera de casa, mucho tiempo en el transporte y sus ingresos resultan insuficientes para garantizar las condiciones adecuadas de bienestar, esparcimiento y nutrición a los menores. Esta realidad reclama una solidaridad social inmediata. Y corresponde a los gobiernos encabezar esas iniciativas sociales de protección y desarrollo de la infancia.

La columna vertebral de los esfuerzos en el DF ha sido la educación, tanto la formal como la complementaria. Aun cuando la gestión de las primarias y secundarias permanecen en la Secretaría de Educación Pública, nuestro gobierno ha asumido el compromiso de crear políticas para que los niños acudan a la escuela y tengan un mejor desempeño; por ejemplo, todos los uniformes y los útiles escolares son un derecho garantizado por la ley.

Para muestra, algunos números: cada año se entregan alrededor de dos millones y medio de vales para uniformes y más de un millón doscientos mil vales de útiles escolares. Más de 700 mil niños reciben desayunos escolares del DIF local y unos 120 mil están en el programa Niños Talento y Niños en Vulnerabilidad Social, que otorgan becas económicas mensuales.

Uno de los programas más importantes se llama Prepa Sí, con el que aspiramos a reducir el número de jóvenes que abandonan el bachillerato por desventajas económicas. Es un programa en el que se han invertido 1,650 millones de pesos para beneficiar a 192 mil becarios. Si bien la beca no es el único factor para retener a los jóvenes, sin ella el porcentaje de deserción sería mayor.

Esta administración sumó el programa SaludArte: las 100 primarias de más alta marginación en la capital se benefician de una jornada extendida, basada en educación nutricional, artística y activación física. A través de este programa combatimos la obesidad, fomentamos hábitos saludables y un entorno escolar libre de acoso y violencia.

Nos sumamos a la iniciativa de UNICEF llamada De 10 por la Infancia y somos el único gobierno que tiene previsto un mecanismo de seguimiento para garantizar su cumplimiento. En consonancia con la UNESCO, en la Secretaría de Educación del DF asumimos que el aprendizaje es un proceso que trasciende lo lectivo y se experimenta a lo largo de toda la vida. Nuestro reto es articular las políticas públicas de la ciudad no sólo como políticas sociales, ambientales o de infraestructura, sino como políticas públicas de aprendizaje continuo que nos formen como personas más felices y mejores ciudadanos. La UNESCO ha reconocido ese impulso y ha designado al Distrito Federal sede de la Segunda Conferencia de Ciudades del Aprendizaje, que se celebrará en 2015 y recibirá delegados de unas 150 ciudades del mundo.

Sin duda tenemos rezagos importantes. Somos el primer lugar nacional de obesidad y sobrepeso infantil. Nos interpelan los niños en situación de calle. En el terreno educativo, estamos conscientes de que ambos, gobierno local y federal, tenemos un camino por recorrer para mejorar la infraestructura escolar. Y si bien es cierto que prácticamente ningún niño se queda al margen de la educación básica, también es real que nuestros resultados en las pruebas internacionales han ido en descenso.

Las niñas y los niños son el desafío moral más serio de un gobierno. Se invierte en ellos por principio y no en espera de votos o de apoyo político. Son el tesoro de una nación y el “recurso natural” de una sociedad a dos o tres décadas. Lo más importante: hemos encontrado una respuesta extraordinaria de su parte.