¿Qué necesita nuestro deporte olímpico?

¿Se acuerdan? Pasaban los días y crecía la sensación de que sí, finalmente lograríamos irnos en blanco de unos Juegos Olímpicos. Hasta que llegó la medalla de Misael Rodríguez en el box y, como si algo se hubiera destapado, nuestros atletas volvieron a casa con cinco medallas, dos menos que en Londres pero dos por encima de nuestro promedio histórico. Y, no obstante, es ya inocultable la sensación de que hay algo estructuralmente disfuncional en el deporte mexicano de alto rendimiento, manifiesto en trajes parchados, intercambio de golpes entre directivos y atletas pidiendo lana en los camiones. Terminado Río, ¿qué sigue? Más allá de las muchas responsabilidades institucionales, ¿cómo fincamos un programa deportivo a la altura de la economía 14 del mundo?

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    1. Rafael Ocampo

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      Director de MILENIO TV. "La Afición".
    2. José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

      La reforma deportiva que ...

      Colaborador de “La Afición” y “As”.
    3. Miguel Boada Nájera

      A jugar en equipo, no hay ...

      Editor de "Más Afición" de "La Afición".
    4. Carlos Azar Manzur

      Y mañana el país resucita…

      Poeta y ensayista. Escribe de deportes para ...
    5. Jimena Álvarez

      Como en cualquier desamor

      Encargada de deportes en "Hora 21", en Foro TV.

Al gobierno no le importa el deporte

Luis Enrique Gutiérrez

Editor de Cierre de "La Afición".

Es una pena, por no decir que ya es una costumbre, que cada cuatro años aparezcan los cuestionamientos, críticas, observaciones, precisiones, demandas y demás, no solo hacia los deportistas mexicanos que participan en Juegos Olímpicos, sino hacia los organismos rectores de nuestro deporte, empezando por la Conade, el Comité Olímpico Mexicano, las federaciones, las asociaciones y gobiernos estatales.

Y también ya es costumbre, o así está en el script, que los directivos prometan que habrá más apoyo en el deporte, presuman que hay una buena cantidad de prospectos que vienen empujando fuerte, y tan tan. Ahí queda la cosa, la calentura de las críticas la disipa el tiempo y ya nadie se acuerda del deporte amateur hasta que se acerca la edición olímpica.

De ahí que aunque la delegación mexicana cerró brillantemente su participación en Río 2016, para totalizar cinco preseas (los de pantalón largo esperaban de tres a siete), las cosas no cambiarán en nuestro deporte. ¿Y saben por qué no? Porque al gobierno federal nunca le ha importado el deporte de alto rendimiento en nuestro país. O díganme por qué una nación de más de 120 millones de personas apenas contabiliza 67 preseas en su historia.

Porque los apoyos llegan a cuentagotas, porque apenas en los últimos años le han dado a nuestros deportistas recintos dignos para entrenar como el CNAR en la Ciudad de México, La Loma en San Luis Potosí, el CODE en Guadalajara y el CAR en Tijuana.

¿Qué hacer para cambiar estos resultados en México? La labor es titánica. Primero, que el gobierno le dé al deporte su importancia desde la educación básica, que la clase de educación física no se limite a poner a correr a los niños o a darles un balón para que se diviertan. Que desde los seis años los profesores detecten la cualidad del menor para practicar determinada disciplina, y que lo lleven de la mano con un proyecto bien fundamentado en toda su escolaridad.

Eso sentaría una gran base. Después viene el aspecto económico, muy importante para la concreción de planes de trabajo o proyectos. Es claro que en un país donde hay prioridades por resolver, como la pobreza, la educación, la seguridad, los servicios o la creación de empleos, el deporte pasa a segundo o tercer término. De ahí que para no dejarle toda la carga al gobierno sea importante que la iniciativa privada se interese en apoyar a los diamantes en bruto. ¿Cómo lo puede hacer? Ofreciéndoles becas, patrocinios e incentivos que ayuden al deportista a preocuparse únicamente por el alto rendimiento. Estos apoyos se traducirían en una beca económica, indumentaria y equipo de trabajo y sueldos para entrenadores, doctores, terapeutas, psicólogos, y todas las personas que son fundamentales en el éxito de los atletas.

Desde luego que para que la iniciativa privada detecte a los futuros talentos, es obligado que los medios de comunicación difundan y apoyen las competencias de los atletas, y al menos en nuestro país eso no pasa. El futbol sigue siendo el deporte más transmitido en la República Mexicana, olvidándose por completo del deporte amateur. Para la televisión abierta no importan los campeonatos mundiales, ni las copas del mundo. Esa es una realidad. Solo los Juegos Olímpicos, aunque esta vez, ni eso.

De igual manera, hay que limpiar la corrupción de la federaciones, y esa será una tarea titánica, pues éstas son asociaciones civiles y en ello se escudan para no ofrecer cuentas a la Conade. Éste, el de la no rendición de cuentas de los recursos que otorga el gobierno federal, es uno de los conflictos sin resolver que mantienen encendida la grilla en nuestro deporte.

Y es que sin ser partidario de algún bando, pues en ambos hay gente honesta, pero también otra con mucha cola que le pisen, hay federaciones que viven del erario y no destinan como deberían el recurso hacia los deportistas. Y ni se diga de los federativos "dinosaurios", como Ricardo Contreras en boxeo o Alonso Pérez en beisbol, quienes llevan más de dos décadas como presidentes.

El dinero que les llega debe ser exclusivamente para la preparación de los deportistas, la cual debe estar fundamentado en un proyecto bien definido de trabajo que incluya campamentos, concentraciones y competencias. Se oye fácil, pero muy pocos lo hacen como debe ser, y es que la corrupción es otra de las mayores lacras que han frenado el desarrollo de nuestro país en todos los ámbitos.

Una educación física de calidad en los niños, participación de la iniciativa privada, que los medios difundan el deporte amateur y proyectos sostenidos de trabajo en las federaciones, donde además se debe cortar de tajo con los dirigentes corruptos: los pasos para que México destaque en el alto rendimiento. Al tiempo.