¿Qué muere cuando matamos a un perro?

Los envenenamientos en la colonia Condesa son un acto deleznable, y punto. Sin embargo, nos recuerdan que la ciudad de México y en general el país, con sus más de 20 millones de perros, tienen que emprender ya una reflexión seria, profunda, hasta las raíces, sobre las mascotas o “animales de compañía”. Y es que hace mucho ya que, como dice una colaboradora de esta Tribuna, los perros nos interpelan. Son, sí, un grave problema de salud pública. También, un síntoma elocuente de nuestra disfuncionalidad para la convivencia, como sabe cualquiera que sufra los ladridos permanentes en la casa de al lado o las calles sembradas de excremento. Pero son también un espejo: nos hablan de nuestros estándares éticos, de nuestras prioridades sociales, de nuestros afectos. Aquí, nuestra humilde aportación a ese debate.

REGRESAR
    1. Jose Castillo

      No todos somos Rufus

      Arquitecto y urbanista.
    2. Laura Barrera

      La ciudad y los perros

      Periodista y productora de radio y TV. Conduce ...
    3. Rosaura Martínez

      Ni animales ni humanos

      Filósofa por la UNAM.
    4. Alejandro Herrera Ibáñez

      La ciudad compartida

      Filósofo, especialista en Ética Ambiental y ...
    5. Roberto Romahn Diez

      Una posible solución

      Consultor de la Fundación Parques de México.

No estamos solos

Dulce Ramírez

Directora de Igualdad Animal México.

La muerte por envenenamiento supone para la víctima momentos de agonizante sufrimiento. ¿Realmente creemos que la justificación para que esto siga ocurriendo es la irresponsabilidad de quienes tienen perros?

Decía Paul Farmer que la idea de que algunas vidas importan menos que otras es la raíz de todo lo que está mal en este mundo. Frente a esta idea está emergiendo una cultura en todo el mundo donde la solidaridad y la convivencia se imponen a la violencia y al maltrato animal. Pero no es un camino fácil y si no trabajamos por ello tampoco será muy próximo.

En los últimos días hemos conocido la terrible noticia de que, en parques de la Condesa, "alguien" o "algunos" han envenado a más de 10 perros. ¿Algún vecino molesto porque quienes pasean a los perros no levantan las heces? ¿Alguien a quien le divierte ocasionar sufrimiento o que no buscaba envenenar perros sino otros animales como aves, roedores? ¿O tal vez alguien a quien no le gustan los niños?

Quienes hemos decido compartir la vida con un perro debemos asumir la responsabilidad de una serie de acciones muy sencillas que permitan una convivencia pacífica, como levantar las heces fecales, usar correa, tener al día la cartilla de vacunación (en algún caso se considerará la esterilización), etc. Quienes no deciden compartir su vida con perros o gatos tendrán la responsabilidad de respetar su vida y reconocer que compartimos este planeta con otros animales que desean vivir y ser felices como cualquiera de nosotros, evitando participar de aquello que les cause daño. Debemos lograr socializar estas dos cuestiones desde la educación y políticas públicas. Tener poder sobre otros no nos da el derecho de tomar sus vidas. Vemos a los demás animales tan ajenos a nosotros, tan inferiores, que nos molesta que habiten este mundo que reclamamos como nuestro.

Los humanos cohabitamos este mundo con otros animales que, como nosotros, tienen la capacidad de sufrir y disfrutar. Este mundo es tan nuestro como de ellos.

Necesitamos generar cambios sociales. Hoy en día, países como Alemania no prohíben la entrada a perros en restaurantes, transporte público, estaciones de tren, centros comerciales, supermercados y por supuesto menos a los parques. ¿La regla? asumir la responsabilidad de tener a tu cuidado un perro.

Que nos gusten o no los animales es irrelevante a la hora de respetar su vida y sus intereses. No nos deben "gustar" los animales para indignarnos y denunciar que sean maltratados, explotados, dañados, etc. Debemos ampliar nuestro marco de indignación y fijar una postura de oposición ante cualquier violencia cometida contra ellos. Oponerse a la violencia sin importar la especie a la que pertenezca la víctima.

Frente al individualismo y el egoísmo, podemos construir un mundo donde la solidaridad y la convivencia pacífica con los animales sean la base de nuestra existencia.

dulcer@igualdadanimal.mx