¿Qué debemos esperar de los nuevos canales?

Tras muchos, pero muchos dimes y diretes, sabemos quiénes serán las empresas responsables de aumentar la oferta de televisión abierta: Grupo Imagen y Grupo Radiocentro.  Pero, ¿qué significa esta noticia, en términos tangibles, para nosotros, los espectadores? ¿Mejorará la televisión? ¿Se llenarán nuestras pantallas de propuestas novedosas? ¿Mejorarán las condiciones de trabajo de quienes hacen la TV, se abrirán nuevos empleos, crecerá la industria? ¿O estamos, por el contrario, ante una licitación tardía, ante una apuesta por el pasado, en plena era de Internet, como sugiere lo escaso de la competencia por las nuevas señales?

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Una cortina de humo

Álvaro Cueva

Crítico de TV.

Soy el más pesimista con este asunto de los nuevos canales porque es algo que se debió de haber hecho hace 20 años, porque no le va a ofrecer contenidos distintos a la gente y porque sólo va a servir para que dos corporaciones más se enriquezcan.

Pero no se van a enriquecer porque vayan a hacer más y mejor televisión. Se van a enriquecer con el poder político que da, automáticamente, el hecho de tener una cadena nacional de televisión abierta.

Porque para lo único que sirve y va a servir la televisión abierta en el más cercano de los futuros va a ser para eso, presionar a los diferentes niveles de gobierno con el fin de tener más bancos, más hoteles, más dinero. Los contenidos ya no están y ya no van a estar en la televisión abierta: van a estar en los sistemas de distribución en línea y en lo poco que quede de la industria de la televisión de paga.

La televisión abierta a estas alturas del partido vive y sólo va a vivir por y para la estimulación, los escándalos, las estridencias. Es un asunto de biología elemental, de “rating”. Si el canal se vuelve más corriente, va a tener mayores números. Si va a tener mayores números, va a seducir a más anunciantes. Si va a seducir a más anunciantes, se va a volver más rico.

Entre eso y vender drogas la única diferencia es, insisto, el poder político. Porque como los canales de televisión abierta son los que más le llegan a las clases menos favorecidas, que son las más numerosas y las más ignorantes, son los que mejor se traducen en votos, en control de percepciones, en manipulación política y social.

Fui el primer periodista en publicarlo y lo sostengo: sacar nuevos canales en este momento histórico es una cortina de humo para tener tranquilos a los ingenuos que siguen pensando que vivimos en 1989 y que siguen teniendo fantasías justicieras con el tema de los monopolios.

Hoy nada de eso es así y si la idea era presionar a la industria para que se incrementara la calidad de los contenidos, el camino era otro. Tan sencillo como esto: ¿Dónde está la gran cadena de televisión pública nacional que Enrique Peña Nieto anunció el día que tomó posesión? En el remoto caso de que se comenzara a trabajar en ella hoy, ni siquiera estaría lista para salir al aire y competir contra Televisa y Azteca en 2018. ¡Nos engañaron!

Y no, no dudo que Grupo Imagen Multimedia o que Grupo Radiocentro vayan a sacar uno que otro excelente programa. Son gente de bien que cuenta con grandes talentos entre sus filas. Pero por más que se esfuercen, por las características intrínsecas de la industria de la televisión abierta nacional e internacional, después de un periodo de apantallamiento terminarán produciendo la misma basura que todo el mundo.

De hecho, así que dijera usted: cómo están haciendo contenidos diferentes en la actualidad, pues no, no están produciendo nada glorioso, nada que le meta un susto a nadie.

¿Con qué elementos podemos echar las campanas al vuelo y decir que van a cambiar la historia de la televisión de habla hispana cuando comiencen operaciones a gran escala?

¿Pero sabe qué es lo más triste? Que gracias a estos nuevos canales toda la televisión abierta mexicana se va a abaratar. Como el mismo dinero que hoy se reparte entre dos muy pronto se va a dividir entre cuatro, habrá menos dinero para cada televisora, habrá menos trabajo, peores sueldo y producciones cada vez más austeras.

¿Ahora entiende cuando le digo que soy el más pesimista con este asunto de los nuevos canales? Hasta no ver, no creer, pero esto me huele mal, muy mal. Me decepciona. ¿Y a usted?